DISCOS 2012

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No están todos los que son, pero sí son todos los que están.

EN SOLITARIO
 Blunderbuss de Jack White: figura capital del rock postmilenario, firma su primera obra bajo su nombre para convertirla en un clásico instantáneo, con una guitarra de versatilidad absorbente y el amor vuelto una arena de lucha sin límite de tiempo. Para muchos, el disco del año.
 Blues Funeral de Mark Lanegan Band: el ex vocal de Screaming Trees continúa con su notable trayectoria solista, tal como se deja escuchar en esta elaborada producción donde la voz profunda parece sobrevivir a una precisa instrumentación, de texturas absorbentes.
 Silver Age de Bob Mould: la guitarra marca la ruta melódica y firmemente sin descanso, como dictan los cánones; el rock del hombre fuerte de Hüsker Dü y Sugar no conoce fecha de caducidad, cual festejo de plata en formato clásico de power trío.
 Banks de Paul Banks: lejos de los reflectores de Interpol, el de la voz de barítono entrega una obra diferenciada como para reafirmar cuestiones identitarias y, de paso, compartir esperanzas y angustias que más vale expresar a título personal.
 Clear Heart Full Eyes de Craig Finn: con su acostumbrada habilidad narrativa, el vocalista de The Hold Steady nativo de Minnesota, se toma su tiempo para confiarnos algunas historias en tono country, que igual remiten a sus terruños que a otras latitudes.
 Dr Dee de Damon Albarn: entre tanto ruido mediático por la reunión de Blur, apareció este acoplado con el sello de la casa, volteando a ver la tradición del mejor rock inglés con intenciones arty.
 A + E de Graham Coxon: justamente el guitarrista de Blur le mete a los riffs con la esperada convicción en éste su octavo álbum solista; entre que son peras y manzanas, el ruido debe maliciosamente continuar.
 Sunken Condos de Donald Fagen: la mitad de Steely Dan regresa no solo con el talento acostumbrado sino con un alma renovada que se expresa en canciones sensibles aptas para oídos capaces de reconocer el añejamiento como una forma de mantener la calidad.
 Sudden Fiction de Dan Michaelson: instrumentación austera y precisa que se despliega de manera pausada para sostener una vocal firme y en apariencia serena del cantante de The Coastguards, como para escucharse a media luz y con el corazón triste.
 Mid Air de Paul Buchanan: el escocés mejor conocido como el líder de Blue Nile se aventura con calma y vocales susurrantes que se desgranan junto a un piano que parece también contar historias a medio camino entre la tierra y el cielo.
 Simon Felice de Simon Felice: el baterista de The Felice Brothers es un sobreviviente a la tragedia y ésta es su forma de reflejar la inevitable dualidad que tiene la existencia humana, entre el optimismo y el dolor que le puede dar sentido al primero.

DÚOS MIXTOS
 Observator de The Raveonettes: visitando parajes oscuros, la pareja danesa despliega guitarras de resonancia magnética entreveradas con pianos melódicamente enigmáticos y voces saliendo de un fantasmal subsuelo.
 Bloom de Beach House: como para seguir instalado en un mundo que se despierta de noche para encontrar la luminosidad en un pop de ensueño, melódicamente adherente y con la sensibilidad necesaria para que nos sintamos, en efecto, como en un estado onírico.
 The Only Place de Best Coast: en su segunda propuesta, el dueto californiano optó por enclavarse en un pop reconocible más pronto que tarde, puliendo la producción y enfatizando el cuidado en la melodía; diferente a su sorprendente predecesor pero disfrutable en similar proporción.
 Folila de Amadou and Mariam: el matrimonio invidente de Malí amplía horizontes e invitados, ahondado en multiplicidad de géneros pero conservando la encomienda de seguir mostrándonos el mundo a todo color, en todo su esplendor.
 Reign of Terror de Sleigh Bells: el ánimo no se detiene y el dueto formado en Nueva York sigue derrochando energía adolescente que no permite descanso, incluso cuando se supone que llegan los momentos de cierto reposo.
 Love This Giant de David Byrne & St. Vincent: el incansable explorador sonoro, pieza clave del rock, ahora se reúne con una de las principales cantautoras para establecer sinergias compositivas y regalarnos un sorpresivo presente de autoría igualmente inesperada.
 Lucifer de Peaking Lights: con el nacimiento de su hijo como inspiración e integrando su voz, esta pareja grabó su tercer álbum ampliando su ya de por sí rica fórmula, en la que igual cabe el krautrock que el dub sobre una base pop aderezada con sicodelia.

HIJOS DE LA PSICODELIA Y DEMÁS HIPNOTISMOS
 Centipede Hz de Animal Collective: collage polirrítmico con fuerte carga lúdica y tono escapista de este grupo capital del pop contemporáneo, mostrando una vez más que la creatividad consiste en poner a prueba de moldes, incluyendo los propios.
 Mature Themes de Ariel Pink´s Haunted Graffiti: un mundo onírico con inesperadas interrupciones, profecías a punto de cumplirse y una baja fidelidad que se convierte en una inquietante revoltura de colores y sonidos.
 Lonerism de Tame Impala: la segunda entrega de los australianos confirma que lo suyo es llevarnos de paseo por el cosmos, cargados de magia y muy buena vibra, como para que nuestras mentes visiten lugares que nunca imaginamos podían existir.
 Here de Edward Sharpe and the Magnetic Zeros: delicioso sabor sesentero con pop de tonalidades cercanas al arcoíris, descansando sobre aguas templadas bien iluminadas por un sol recargado de paz y amor.
 Twins de Ty Segall: muy prolífico en el año, el joven de San Francisco entregó este disco como elucubrado en la cochera, salpicado con algunos lances de un pop hiperactivo y su reconocible estilo de baja fidelidad. También valen la pena Hair, firmado como Ty Segall & White Fence y Slaughterhouse de Ty Segall Band, con aromatizaciones psicodélicas.
 Fear Fun de Father John Misty: Josh Tillman, ahora baterista de los Fleet Foxes, se crea una personalidad que nos invita a un viaje de hedonismo puro, recorriendo estilos musicales que nos recuerdan la aun existencia de los años sesenta.

DE NOMBRES CONSOLIDADOS
 Away From the World de Dave Matthews Band: el sudafricano y su banda están de regreso, no obstante la dolorosa pérdida, en muy buena forma, combinando cuerdas de diversa estirpe con metales preciosos y los consabidos pasajes melódicos, sello de la casa.
 Port of Morrow de The Shins: como un volver a empezar, James Mercer buscó nuevos cómplices para seguir iluminando la escena indie con su pop luminoso, conocedor de la importancia de ver al mañana como la eterna posibilidad de cambio.
 Love at the Bottom of the Sea de The Magnetic Fields: Stephin Merrit y compañía vuelven a los teclados para expresar que el amor, por si quedara duda, puede sobrevivir incluso en las condiciones más adversas, que quizá sean su mejor ambiente para fortalecerse.
 WIXIW de Liars: en su sexta manifestación, el trío angelino sigue sorprendiendo y reinventándose a través de un dominio de la experimentación no como pose, sino como forma de plantear su arquitectura sonora, ahora sostenida por una electrónica inquietante.
 The Something Rain de Tindersticks: el noveno álbum de los ingleses persiste en desarrollarse a media luz, con una romántica y oscura vocal que se inserta en una instrumentación tan austera como cautivante; la lluvia inunda el cabaret de secretos inconfesables, cantados a coro.
 Always de Xiu Xiu: después de diez años de cantarle odas al drama humano como forma de inspiración, los de San José graban este álbum con dedicatoria a los fans, siempre compartiendo penas y angustias trastocadas en canciones ahora vitales guiadas por el sintetizador.
 Sweet Heart, Sweet Light de Spiritualized: la banda de Jason Pierce insiste con razón en estructurar sus canciones con base en reiteraciones hipnóticas que, ya entrados en gastos, nos pueden llegar a endulzar el corazón y encandilarnos sin problema.
 Heaven de The Walkmen: otros que cumplen diez años en un momento inmejorable, con canciones de rock cada vez mejor afiladas, como las que se desprenden de esta obra que mira con optimismo a un cielo que amplía horizontes y dibuja promesas accesibles.
 Runner de The Sea and Cake: los de Chicago no hacen mucho ruido pero saben confeccionar melodías pop que se quedan en el paladar, gracias al elusivo uso de los teclados como se confirma en este disco, cual corredor de medio fondo que detecta cuándo acelerar y cuándo pausar.
 Swing Lo Magellan de Dirty Projectors: el sucio proyector de David Longstreth parece apostar por brindarnos imágenes más nítidas, sin perder la orientación marcada por el pop experimental en el que tanto ha insistido con originales resultados.

EN VÍAS DE CONSOLIDACIÓN
 Celebration Rock de Japandroids: es en efecto todo un festejo de las posibilidades energéticas del rock propuestas por este dueto de Vancouver, entre una batería incansable, una guitarra de riffs incandescentes y vocales cargadas de adrenalina para recordar que la juventud nos pertenece.
 Babel de Mumford & Sons: folk de intensidad creciente y convincente pasión expresada en una tendencia a la épica rural asequible desde ya, como para dejar de esperar sin esperanza y aprender a amar los cielos bajo los que nos movemos, junto a la mirada de Paul Simon.
 Shields de Grizzly Bear: los de Brooklyn se vuelven a mover entre la estructura compleja y la referencia pronta, manteniendo un sorprendente equilibrio que los convierte en una de las promesas del rock, ya en pleno camino de realidad. Y Paul Simon sigue observando.
 Given to the Wild de The Maccabees: en su tercera acometida, los activos surlondinenses se instalan en la estética indie pero con una denominación de origen que se nota desde los primeros acordes.
 Confess de Twin Shadow: compuesto a partir de un accidente en motocicleta, el originario de República Dominicana mantiene su aliento ochentero para sobrevivir a los tiempos que corren.
 Plumb de Field Music: los hermanos Lewis de Sunderland saben que una sutil mezcla entre el progresivo y el funk puede dar como resultado, sin abusar, una muy saludable andanada sonora para oídos abiertos y personas con historias compartidas.
 Coexist de The XX: existe una resonancia magnética en este segundo álbum de estética pausada, jugando con los espacios entre las notas y produciendo una ambientación de calma solo aparente, para bailar con pasos invisibles.

MÚSICAS NEGRAS
 Black Radio de Robert Glasper Experiment: delicioso recorrido por múltiples géneros –Soul, R&B, Jazz, Hip-Hop- a través de versiones, incluyendo a Nirvana y David Bowie, y canciones propias, con reconocidos invitados que disfrutan la reunión.
 Channel Orange de Frank Ocean: celebrado segundo opus lleno de inventiva, navegando entre el soul y el R&B, con oleaje hipopero y referencias múltiples que parecen irse redescubriendo en cada escucha, como para extraviarse en un mar sonoro de inesperados contrastes.
 Faitfhul Man de Lee Fields and The Expressions: una vocal poderosa proveniente de Carolina del Norte en clave de soul, se eleva para cantarle al sufrimiento y demás condiciones de la vida, siempre soportada por una sólida instrumentación.
 Good kid, m.A.A.d city de Kendrick Lamar: poesía al filo de la banqueta sobre el duro proceso de crecer que se estrella con una realidad de imposible aprehensión, rimada con un verbo imparable cortesía del oriundo de Compton, donde la vida puede no valer nada y la justicia mucho.
 R.A.P. Music de Killer Mike: el miembro del colectivo Southern Rap comparte arengas políticas de ayer que inciden en el presente, sin dejar de mantener un cierto humor para sonreír nerviosamente, con la ayuda de El-P.
 Cancer4Cure de El-P: precisamente el de Brooklyn despliega su habitual poderío paranoico en esta obra de tonalidades cavernosas densamente pobladas, hablando del hip-hop a través de sus mismas estrategias sonoras, complementadas con incisivas estructuras electrónicas
 The Money Store de Death Grips: rap furioso con tintes experimentales de industrialismo agresivo, para ponerle los pelos de punta a propios y extraños; si el fin del mundo hubiera llegado, nada mal aderezarlo con estos sonidos, justo en plena explosión.
 Father Creeper de Spoek Mathambo: el músico sudafricano imbrica tapices electrónicos con destellos funkies, hipoperos y lo que se vaya presentando con una naturalidad poco común y sin dejar la protesta de lado, como para que el fuego siga sacando humo negro.

EXPERIENCIA A GRANEL
 Tempest de Bob Dylan: con título shakespereano, el viejo de Duluth vuelve a levantar tormentas como si el tiempo fuera su mejor aliado. Hay talentos que no caducan ni se agotan, el suyo es de ésos. 35 discos y grabando.
 Wrecking Ball de Bruce Springsteen: energía política para romper los edificios de la injusticia, cortesía del working man hero que ha convertido al nuevo milenio en ideal arena discursiva, con poderosa instrumentación cual bola de derrumbe.
 Old Ideas de Leonard Cohen: el canadiense se hace acompañar de cuerdas elocuentes y coros femeninos para desgranar con su rotunda voz una poética de ideas viejas siempre vigentes. El amor tiende a la oscuridad.
 Psychedelic Pill de Neil Young and Crazy Horse: exhaustivo álbum doble, con todo y un corte de cerca de treinta minutos, en el que se saldan cuentas con las grandes influencias y el folk se trastoca con intensidades a prueba de cansancio.
 Sonik Kicks de Paul Weller: para continuar con esta brillante etapa, su undécimo álbum visita varios géneros –pop, punk, folk, dub- como sansón a las patadas. Música británica en estado puro.
 Bisch Bosch de Scott Walker: el misterioso cantante que aparece y desaparece, completa en tono más feliz de lo habitual la trilogía iniciada en 1995. Percusivo, orquestal y exigente en letras y armonías, como para no quitarle la oreja de encima.
 Locked Down de Dr. John: con especial dedicatoria a Nueva Orleans, ciudad sobreviviente de la tardía colaboración gubernamental, y con ayuda de Dan Auerbach, el setentero cantante le mete con la fe acostumbrada a la rítmica versátil.
 Rebirth de Jimmy Cliff: desde Jamaica y a manera de renacimiento musical, el hombre que apareció antes que Bob Marley nos regala una muestra de que en el mar el reggae, el ska y el soul son más sabrosos.
 The Bravest Man in the Universe de Bobby Womack: el veterano soulero ha firmado uno de sus mejores álbumes, incorporando elementos electrónicos, apoyado por Damon Albarn, y manteniendo su bravura y sensibilidad en la vocal, llena de alma.
 Born To Sing: No Plan B de Van Morrison: en efecto, la vocación puede ser tan fuerte que no permite que haya otras opciones de vida, tal como el de Belfast lo sigue demostrando, ahora con esta obra policromática que se instala pronto en el recuerdo.

DEBUTS
 Django Django de Django Django: una de las mayores sorpresas del año cortesía del grupo originario de Edimburgo, en el que igual cabe un incisivo uso de teclados que parajes progresivos, rítmica tribal que pop adulterado, sonidos arabescos que ecos africanos.
 Toy de Toy: los de Londres toman un aliento cósmico para meterle espesura a su propuesta, saltando de la psicodelia al krautrock y de ahí a un pop ruidoso de saturación constante, aún en los momentos de mayor cadencia.
 Boys & Girls de Alabama Shakes: al frente la poderosa presencia de Brittany Howard y detrás una banda que sostiene una vibra cargada de alma sureña, cual recorrido por las eternas preocupaciones de las personas acá entonadas con el poder de las raíces.
 Jake Bug de Jake Bug: con evidente sabor dylaniano, el joven de Nottingham demuestra entender muy pronto que de las bases del folk se puede desprender una propuesta actual con ecos sesenteros.
 My Head is an Animal de Of Monsters and Men: este sexteto islandés derrite el hielo al estilo de Arcade Fire, con un pop de ritmos vitamínicos y mucha convicción en sus canciones, entonadas con la necesaria inocencia para sumarse a sus acordes.
 An Awesome Wave de Alt-J: conocidos de la Universidad de Leeds y con pretensiones artísticas, estos jóvenes toman al folk como su materia prima y le injertan ADN electrónico pero en miniatura, dando como resultado una por momentos inquietante criatura.

REGRESOS
 Life is People de Bill Fay: una celebración por el retorno de uno de los músicos que más se extrañaban, no obstante que siempre se mantuvo por debajo del radar mediático. La emotividad y belleza de este álbum provienen de una sabiduría que encuentra en la gente a la vida misma.
 One Day I´m Going To Soar de Dexys: más de 25 años de problemas parecen, por el momento, superados por parte de Kevin Rowland, aquí manteniendo talento y humor como en las mejores épocas de los Dexy’s Midnight Runners.
 La Futura de ZZ Top: con la ayuda de otro barbado, Rick Rubin, el trío de rock texano en constante ebullición, está de regreso para seguir poniendo sus barbas a remojar, con el desenfado acostumbrado y la energía renovada.
 This Is PiL de Public Image LTD: quince años transcurrieron para que John Lydon volviera a las andadas, ahora con espíritu renovado recurriendo a diversidad de géneros como para presnetarnos, una vez más, a su banda.
 That´s Why God Made The Radio de The Beach Boys: 20 años para que estuvieran juntos y regresaran en tono agradecido, como limando asperezas y aún con ganas de componer; como se puede advertir en este álbum de pop sesentero con el sello de la casa.
 Oceania de Smashing Pumpkins: después de varios años extraviado en intentos poco afortunados, por fin Billy Corgan, héroe indie de los noventa, vuelve a conectar con esa mezcla de fragilidad y poderío guitarrero como si de un continente en ciernes se tratara.
 Not Your Kind of People de Garbage: siete años en silencio y la banda vuelve como si hubieran dejado de tocar hoy en la mañana, con una enfática Shirley Manson y la precisión acostumbrada de Butch Vig, tanto en la batería como en la producción para el consecuente despliegue de guitarras y teclados.
 King Animal de Soundgarden: mejor acompañados que solos, sobre todo para continuar lo que se quedó pendiente a mediados de los noventa; fiereza recobrada, precisión y mucha convicción en que aún quedan guitarrazos que asestarle a las orejas de los fans.
 Anastasis de Dead Can Dance: los ecos místicos en penumbra vuelven después de lances en solitario y búsquedas alternas; el dueto está de regreso para demostrar que había cuentas pendientes por saldar. Como una resurrección inesperada.

SENSIBILIDAD EN CLAVE FEMENINA
 Banga de Patti Smith: la gran poetisa del rock ha vuelto a la música después de un activismo sorprendente y lo hace en plan reflexivo a través de éste, su undécimo disco; temáticas múltiples narradas sobre una base musical de rockpop, cortesía de viejos conocidos.
 Slipstream de Bonnie Raitt: la vivencia convertida en experiencia musical y el talento para la escritura vuelven a presentarse en esta producción, llena de canciones que nos llevan a parajes llenos de alma en tonos country, como para disfrutar el otoño de la existencia.
 Charmer de Aime Mann: la exvocalista de Til Tuesday continúa con su notable trayectoria solista, explorando sentimientos contradictorios y destilando capacidad melódica y armónica, con esos ecos de pop setentero que parecen pertenecerle.
 The Idler Wilder is Wiser Than teh Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do de Fionna Apple: tan grande como su título, este álbum tardó en llegar pero la espera valió cada minuto; sensibilidad, energía y brillantez en composiciones y letras.
 Sun de Cat Power: luminoso sin dejar de ser realista, Chan Marshall entiende que el equilibrio es la base para la comprensión; lances electrónicos en estructuras acústicas, melancolía y festejo, intimismo y apertura. Como el sol incandescente que también tiene manchas oscuras.
 What We Saw from the Cheap Seats de Regina Spektor: con los acostumbrados juegos vocales y con estructuras musicales que se sostienen en el piano, el sexto álbum de la rusamericana pinta de colores un mundo que de tan real, parece solo imaginario aunque se vea desde gayola.
 Master of My Make-Believe de Santigold: con una sazón particular que le da un sabor dub al pop adornado de beats electrónicos que sale de sus entrañas, Santi White, la mitad de este dueto, despliega toda la amplitud que requiere un álbum tan diverso e impredecible como éste.
 The Haunted Man de Bat for Lashes: hay desnudez que confronta y hay cuidado en la elaboración de las evocativas melodías; estamos frente a Natasha Khan, que sabe cómo expresarse a través de canciones redondas con un piano como detonante de sentimientos múltiples.
 Tramp de Sharon van Etten: explorando la vertiente de un folk con tintes urbanos, la nacida en Nueva Jersey ofrece letras sensibles y cercanas, entonadas a partir de una voz que combina la necesaria tristeza con la suficiente fuerza para envolvernos en su narrativa.
 Cyrk de Cate Le Bon: desde Gales nos llega un delicioso contraste entre letras que tienden más a la oscuridad con instrumentaciones optimistas y francas, por momentos pausadas y con un discreto toque sesentero.
 Ekstasis de Julia Holter: en su segunda entrega, la compositora angelina nos conduce por mundos más allá de lo tangible, a través de teclados misteriosos y cuerdas que parecieran mecernos nerviosamente para invitarnos a quedarnos aquí para siempre.
 Nootropics de Lower Dens: se trata de uno de los proyectos de la cantante y compositora Jana Hunter, en cuyo segundo lance con esta agrupación asentada en Baltimore incorpora más elementos electrónicos pero como pasados por un humo absorbente.
 Young Man in America de Anais Mitchell: moviéndose en los campos del folk alternativo, la de Vermont entrega quizá su disco más completo, integrado por canciones cuyas letras muestran cada vez más filo y las composiciones encuentran siempre belleza melódica.
 Devotion de Jessie Ware: hay mucho de cadencia en este disco cuyas canciones están trabajadas como piezas de fina orfebrería, con exquisitos toques de neo-soul y una particular elegancia de contundente flexibilidad.
 Voyageur de Kathleen Edwards: una irresistible invitación para viajar por los hermosos campos del folkpop, guiados por la voz de la originaria de Ottawa que visita sentimientos encontrados con pizcas de rock nutritivo.
 Perfectly Imperfectly de Elle Varner: mostrando una madurez poco frecuente para quien produce su primera obra, esta joven cantante de R&B no es una promesa, sino una versátil realidad.
 Born To Die de Lana Del Rey: la nueva aspirante al trono pop presenta una colección de canciones encendidas, con agudo sentido melódico e incorporando sonidos electrónicos muy a tono con los tiempos que corren.
 Freedom of Speech de Speech Debelle: la británica levanta literalmente la mano para pedir la palabra y tejer sus elaboradas rimas siempre impulsadas por energéticos beats.

INTENSIDADES DIVERSAS
 Valtari de Sigur Rós: los islandeses regresan con un sexto álbum de una intimidad angustiante, colocando otra vez un velo de tristeza alrededor de la música y olvidando que el sol, aunque sea en su tierra, puede asomarse de vez en vez.
 The Seer de Swans: álbum doble, 11 canciones, más de dos horas por atmósferas trepidantes, oscuras e impredecibles; la reiteración como base para la magnificencia que conduce a extrañas épicas de postrock que juega con la electrónica y pasajes acústicos. Inagotable.
 Open Your Heart de The Men: como para abrir el corazón a punta de guitarra, con discretos respiros acústicos que sirven como para volver a la catarata de intensidades sonoras; los hombres de Brooklyn amplían el menú para instalarse en la vertiente veloz del postpunk.
 On the Impossible Past de The Menzingers: los de Pennsylvania acometen en su tercer disco con un punk que sabe voltear a los orígenes y aderezarlo con innovaciones dentro del contexto de acción, justo para darle una posibilidad al pasado.
 Harmonicraft de Torche: navegando entre la fuerza del metal y la armonía del pop, los de Miami crean atmósferas de vigorosa estructura a través de las cuales se despliega poderío y detalle por partes iguales.
 OFF! de OFF!: el reciente proyecto del experimentado Keith Morris, habitual de los terrenos del hardcore, transcurre sin pedir ni dar cuartel, con la fiereza que el caso amerita y que en efecto funciona como una caja tóxica. Para sacar cero en conducta.
 Attack on Memory de Cloud Nothings: el inicio apunta a un dejo de pesadez ralentizada que pronto da rienda suelta a la velocidad como forma de expresar la urgencia, tal como lo hacían los viejos punks que siguen influyendo desde el más acá.
 777: Cosmosophy de Blut Aus Nord: el fin de la trilogía propuesta por estos franceses que se sumergen en el Black Metal con una intención de corte experimental donde cabe la música industrial y el gótico. El cielo anuncia tormenta y nosotros no estamos del todo preparados.
 Oro: Opus Alter de UFOmammut: intensos gritos lejanos rivalizan con maciza base rítmica y entradas guitarreras que apuestan por trastocar sistemas nerviosos; como un viaje en busca de oro interplanetario a través de un cosmos espeso e inhóspito.

ENTRE EL ESTADIO, LA PISTA DE BAILE Y LA SALA DE LA CASA
 Elysium de Pet Shop Boys: el legendario dueto postmoderno del synthpop continúa mostrando el camino después de todos estos años; ironía en tonos melódicos, sabiduría en texturas coloridas.
 Clockwork Angels de Rush: el trío canadiense no se cansa y sigue dándole con todo, como si se de unos jóvenes con mucho por demostrar se tratara, tal como narran en este álbum conceptual, sello de la casa.
 The 2nd Law de Muse: ya no están para fallarle a nadie y con su reciente entrega demuestran que la presión mediática les viene bien; un disco con la necesaria épica para las multitudes pero con los suficientes detalles para detenerse en su escucha, además de corearlo por todo lo alto.
 Battle Born de The Killers: están de regreso descaradamente épicos, como para abarrotar estadios con carisma y lances que, si uno se deja, pueden contagiarnos de ese espíritu animoso, como para contar todo lo que pase en Las Vegas.
 The Temper Trap de The Temper Trap: pop aderezado de épica que combina guitarra y teclados como indican los cánones para levantar de los asientos al respetable y buscar la emoción sincera y la identificación inmediata.
 Brighter de WhoMadeWho: electrónica danesa que vincula el movimiento con la melodía, la letra cuidada con la instrumentación cercana, calentando la posible frialdad de la digitalización extrema.
 In Our Heads de Hot Chip: en su quinto lance, ya se muestran plenos dominadores de las lógicas pop con tintes bailables; para escucharse sentado o de pie, quieto o en movimiento, de fondo o como centro de atención principal; de todas formas, estará en tu cabeza.
 Some Nights de Fun: para confirmar que la juventud es más una consigna que una etapa vital, qué tal un poco de pop efervescente, inevitablemente pegajoso y, en ciertos momentos, reparador.
 Synthetica de Metric: un poco de new wave y pop sintético dirigido a las multitudes que aún conservan cierta elegancia y sofisticación; imaginería melódica y rítmica para movernos métricamente.

AMERICANA, COUNTRY, ROCK Y DEMÁS
 Mr. M de Lambchop: en honor a su colega y amigo Vic Chesnut, el grupo comandado por Kurt Wagner entrega esta obra que lo confirma como uno de los principales en el terreno del country alternativo.
 3 Pears de Dwight Yoakam: tras una prolongada ausencia, uno de los hombres fuertes del country tradicional vuelve en plan grande, incorporando florituras cercanas al pop pero conservando una esencia que parece expandirse más allá del rodeo.
 Break it Yourself de Andrew Bird: el silbador más simpático de la comarca vuelve a perpetrar un disco cargado de momentos evocativos, ya sea para ponerse a mirar el horizonte o para festejar una puesta de sol sin urbanismo que la interrumpa. Rompedor.
 Words and Music By Saint Etienne de Saint Etienne: pop inteligente que no evade la sensibilidad con una firma clara, tal como indica el título de este disco que marca el regreso de la banda tras seis años de silencio.
 Standing at the Sky´s Edge de Richard Hawley: bebiendo del rock en su estado puro, con una guitarra robusta al frente, el de Sheffield le pone corazón y vitalidad a las canciones que integran esta obra de continuidad absoluta.
 Animal Joy de Shearwater: sólida vocal, sección rítmica elusiva con todo y piano insistente y mucha convicción en las piezas; como para levantar el ánimo aún en tiempos difíciles, listo para el regocijo primigenio.
 Local Business de Titus Andronicus: hay mucha algarabía y talento, entre punk clásico, rock sesentero y animosidad como para inundar el mundo de art rock hecho en casa, justo cuando las transnacionales absorben los negocios locales.
 Life Somewhere Else de Isidore: la dupla Steve Kilbey (The Church) y Jeffrey Cain (Remy Zero) lanzan su segunda colaboración en tonos evocativos, como para buscar vida en cualquier punto del espacio.
 Maraqopa de Damien Jurado: el trovador de Seattle sigue haciendo maravillas a partir de revisar el folk desde diversas perspectivas, tal como sucede en este álbum poderoso y colorido que nos lleva por estados de ánimo impredecibles.

ELECTRÓNICA Y UNDERGROUND

 Until The Quiet Comes de Flying Lotus: en el título lleva la advertencia de lo que no sucederá con la escucha de este álbum que transita experimentalmente por géneros varios, cual viajero en el tiempo.
 R.I.P de Actress: Darren Cuningham moldea los sonidos para construir intensas abstracciones de las que uno no puede salvarse, con un fondo rítmico que funciona para mantenerse alerta en las atmósferas a los que uno es llevado sin remedio.
 America de Dan Deacon: acompañado de orquesta y buscando amplitud sonora, muestra crecimiento y espíritu abierto, con las lógicas informáticas al servicio de la búsqueda de experiencias auditivas con tomas tan abiertas como detalladas.
 Quarantine de Laurel Halo: convertida ya en una de las figuras predominantes de la música electrónica, aquí convierte las tonalidades digitales en beats que cobran vida propia, como una marea que no deja de crecer.
 Visions de Grimes: Claire Boucher combina una electrónica de cierta oscuridad con ciertos lances enclavados en un pop inquietante, con vocales que parecen sobrevivir apenas a la jungla rítmica de atractiva variedad.
 Audience of One de Oren Ambarchi: el prolífico australiano parece nunca detenerse en su trayecto avant-garde; acá nos manda un mensaje que parece personalizado, aunque por momentos pudiera invadir una sensación de soledad.
 Angels of Drakness, Demons of Light Vol. 2 de Earth: igual de ponderosa que su antecesor, esta segunda parte nos vuelve a remitir a dualidades extremas que no siempre son distinguibles a primera vista.

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