TOUR DE CINE FRANCÉS EN LEÓN: ACCIDENTES

by

No siempre son evitables aunque uno pone las condiciones para que sean más probables. Cambian el curso de la vida quizá para siempre y trastocan cualquier planeación que se tuviera, así como formas y costumbres largamente cultivadas. Suelen ser dolorosos y trágicos pero a largo plazo pueden significar la mejor oportunidad para convertirse en una mejor persona o bien, según cómo se enfrenten, arruinarnos la existencia hasta el fin de los tiempos. Un par de películas que forman parte del siempre bienvenido Tour de Cine Francés, ahora en su 16ª edición, cuyas tramas se detonan a partir, justamente, de sendos accidentes.

METAL Y HUESO
Adaptada de los relatos Rust and Bone de Craig Davidson, a la que el guion del propio realizador y de Thomas Bidegain le propone modificaciones argumentales y de personajes, y dirigida con el brío acostumbrado por el parisino Jacques Audiard (Mira a los hombres caer, 94; Un héroe muy discreto, 96; El latido de mi corazón, 05; Un profeta, 09), Metal y hueso (De rouille et d’os, Francia, 12) es una emotiva mirada que busca anteponer el realismo al esquematismo sentimental, sobre dos seres extraviados que en circunstancias particulares se encuentran para soportar transiciones dolorosas, al fin convertidas en afectos que van más allá de la conveniencia inmediata, un poco como sucedía en Lee mis labios (01Ella es una entrenadora de orcas que pierde las piernas en un accidente (Marion Cotillard, arriesgada) y él es un tipo simple de reducida afectividad que se va ganando la vida como puede (Matthias Schoenaerts), entre chambas ocasionales y peleas clandestinas. En compañía de su hijo pequeño (Armand Verdure), llega a casa de su hermana y su cuñado para conseguir trabajo como guardia de seguridad en un antro. El trazo contrastante de los personajes elude el reduccionismo de plantear que los polos opuestos se atraen: más bien la clave está en la forma en la que se van transformando mutuamente y creciendo emocionalmente.).Metal y hueso
Las secuencias de franco dramatismo como el hecho de descubrirse lisiada, el rencuentro con la orca, la mirada a ras de piso de las piernas metálicas o la angustia vivida en el hielo, le brindan al relato la fuerza necesaria para sostenerlo desde una perspectiva emotiva, mientras que la forma de ir construyendo la relación entre los personajes, consigue plantearse cercana y creíble: de cómo la satisfacción inmediata de necesidades sin compromisos prefijados –salir al mar, el sexo, hacerse compañía- se va convirtiendo en una red de sentimientos que ni siquiera ellos mismos acaban de entender.
Además, se integran ciertos apuntes sociales como los referidos al mundo laboral y la lucha entre patrones y trabajadores; la importancia de la seguridad social y la fuerte inversión que ésta requiere; las dificultades para incorporarse a la sociedad con una discapacidad y la integración de una comunidad interracial al norte de Francia donde varios submundos y estratos conviven, mientras la gente va resolviendo sus pequeños o grandes problemas del día a día con sus recursos y lógicas de acción.
El manejo de la ralentización en escenas de aparente calma, así como el expresivo uso de la elipsis –la secuencia de la carretera, por ejemplo- y el score de Alexandre Desplat, ya dominando el espacio fílmico en su componente musical, envuelven un relato que nos invita a visitar estados de ánimo diversos, ya sea brindados por la vivencia infantil o por los procesos de recuperación y enamoramiento, acaso adquiriendo una conciencia sobre la importancia de pensar en los demás como seres que requieren de ti, más allá de la disposición a ayudar o actuar sin pensar en las consecuencias: las piernas perdidas o las manos destrozadas se convierten en simbólicas rutas hacia nuevas formas de entender el mundo.

TRES MUNDOS

Un joven a punto de casarse recibe la noticia de que será el encargado de la agencia automotriz de su suegro. Sale de fiesta con compañeros de la chamba y atropella a un hombre que muere poco después; su esposa, una joven inmigrante de Moldavia, queda desolada, mientras que el conductor huye pero es asaltado por un fuerte remordimiento. Una estudiante de medicina atestigua el accidente y se ve envuelta en todo el conflicto posterior. Un conflicto, por cierto, en el que chocan estos tres mundos que cohabitan en Francia y que se mueven por la culpa, la codicia, el poder y el rencor étnico y de clase social.
Dirigida por Catherine Corsini (Poker, 87; Partir, 09), Tres mundos (Trois mondes, Francia, 12) plantea con certeza las reacciones de los personajes aunque, como suele suceder con este tipo de filmes que buscan entreverar historias, por momentos ciertas situaciones parecen un cuanto tanto forzadas y las resoluciones no siempre parecerían las más probables. De cualquier manera, el efectivo trabajo actoral, así como la funcional puesta en escena, permite que la historia avance y nosotros vayamos junto a ella, compartiendo y tomando partido por alguno de los personajes. Un accidente que puede hacerte perderlo todo: queda el dilema si conservar el estatus alcanzado o la moral intacta.

Anuncios

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: