ROBERT PLANT: ENTRE EL METAL Y EL BLUES HAY SOLO UNA VOZ

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De pronto, se convirtió en uno de los frontman más influyente de la escena del rock, cuando Led Zeppelin era uno de los grupos distintivos de los ambientes pesados y de más allá. En 1968, el ojo y colmillo de Jimmy Page y John Paul Jones detectaron en este joven a todo un diamante en bruto, gracias a su agresivamente sensual voz y su enorme amplitud de registro, además de una imagen sólida y una notable capacidad para jugar con las elaboradas armonías entre bluseras y metaleras que se deslizaban junto a las letras de las canciones, también acompañadas por la frenética batería de John Bonham, amigo recomendado justamente por Robert Plant para completar uno de los cuartetos más trascendentes de la historia roquera.
Blusero de corazón, nació en 1948 en West Bromwich, Staffordshire. Después de cantar en varios grupos como The Crawling King Snake Blues Band, Black Snake Moan y The Delta Blues Band, fue reclutado para llevar la voz cantante de Led Zeppelin durante sus impagables nueve álbumes; después de la muerte de su amigo Bonham y de la desintegración del grupo, Plant inició su carrera solista con Pictures at Eleven (82), todavía con un sonido demasiado influenciado por su gigantesco grupo predecesor pero en el que demostraba que sí podía solo, aunque bien acompañado, como en Principle of Moments (83), en el que participó Phil Collins y que de alguna manera confirmaba que había vida después de Zeppelin.
En busca de las raíces del rock, formó parte del súper grupo The Honeydrippers para grabar un disco en 1984, pronto regresando a la moda ochentera a través de Shaken ‘n’ Stirred (85), con notoria presencia de teclados y batería enchufada muy new wave. Now & Zen (88) implicó otra vuelta de tuerca al pasado zeppeliano, reforzado por Manic Nirvana (90), disco con el que inauguraba una década dispareja para su trayectoria, continuada con Fate of Nations (93) y su portada premonitoria del planeta derritiéndose delante de un enardecido sol, mientras dos niños y un osito de peluche contemplan el macabro espectáculo. Conciencia social y melodías evocativas llenan esta obra de indudable cercanía.
Después de formar parte del proyecto conocido como No Quartet en 1994, del cual se desprendió un disco firmado junto a Jimmy Page, grabó con su viejo cómplice, Charlie Jones y Michael Lee Walking into Clarkside (98), lo más cercano a una nueva producción de Led Zeppelin, aunque las ausencias de John Paul Jones por problemas personales con Plant y por supuesto de Bonham, terminaron pesando más de lo esperado. El nuevo milenio fue saludado con Dreamland (01), producido junto a la banda Strange Sensation y conformado por covers que parecían indicar un momento de búsqueda para encontrar la nueva ruta a seguir; mientras tanto, el bien seleccionado recopilatorio Sixty Six to Timbuktu (03), calmaba la sala de espera.
Junto a la misma banda con la que grabó su anterior disco en estudio, Plant regresó al hard rock con tintes progresivos en el consistente Mighty Rearranger (05), al que le siguió Nine Lives (06), caja integrada por todos los discos remasterizados más las consabidas sorpresas: se trata de un regalo con todo y envoltura para los fans de este músico que, como como cabría esperar, se ha convertido en todo un sobreviviente no solo de los excesos, sino de los cambios de modas, tendencias y caprichos del mercado.
Y como hay que renovarse para no morir, ahí está el botón de muestra: junto a la connotada cantante de bluegrass Alison Krauss perpetró el soberbio Raising Sand (07), lleno de sabor a raíces bluseras y en el que Plant encontró su nuevo lugar en el escenario musical, un sitio lleno de sensibilidad primigenia y pausada emoción, sin perder la vibrante esencia de su fuerza vocal y compositiva. Se trató de uno de los mejores discos de aquel año que mostraban la importancia de reinventarse y no morir en el intento.
Y como para confirmar su sitio en el mundo de los sonidos, reorganizó la vieja Band of Joy formada en primera instancia durante 1966 y, ya entrados gastos, grabó el ecléctico Band of Joy (10), cual tapiz salpicado de múltiples estilos sonoros que se ciñen a la sensibilidad vocal y a una idea-rectora en términos de estructura musical que le permite contar con una reconocible cohesión, resultando toda una delicia para el escucha en general, fans irredentos de Led Zeppelin incluidos y ortodoxos de las músicas de raíz.
Este lunes en la Ciudad de México, Robert Plant. ¿Alguna mejor forma de empezar la semana, a pesar de la distancia?

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