FESTIVALES DE ROCK

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Ya tienen una larga historia: se volvieron célebres en los años sesenta, sobre todo a partir del Monterey Pop en 1967, cuando había que dejar clara la declaración de principios (Woodstock) o en el momento en el que la conciencia social aparecía para apoyar causas nobles (Bangladesh). A partir de ahí, han ido y venido propuestas que navegan entre la comercialización, el despliegue artístico, la manifestación cultural, la filantropía sincera o impostada y el mantenimiento de tradiciones musicales en pos de volverse ritual.
Más allá de gustos, el Festival Vive Latino y el Corona Capital se han constituido como las dos celebraciones masivas dentro del ámbito del rock más importantes en nuestro País; por cartel y aunque el primero tiene un enfoque más determinado, el segundo resulta ser el más atractivo y cada vez parece nutrirse más y mejor. Su aspiración parece ser ubicarse entre los principales del mundo: Coachella, Glastonbury, Fuji, Lollapalooza, All Tomorrows Parties, Roskilde y el Primavera Sound, por mencionar algunos.
Ante la disminución en la venta de discos y el hábito cada vez menos frecuente de escucharlos completos (ahora más bien se bajan y oyen canciones, no álbumes), la importancia de los Festivales ha crecido justo porque responden a esta lógica: no un largo concierto de un grupo, sino muchos “conciertitos” de sendas bandas, que parecen cubrir un amplio espectro tanto estilístico como de trayectoria. Además, la relevancia de la música en vivo, paradójicamente, vuelve a crecer en plenos tiempos de digitalización extrema.
En un mismo espacio, con 15 horas de diferencia o a lo largo de un par de días, se pueden escuchar a las agrupaciones emergentes favoritas de espíritus juveniles, junto a las consagradas que parecen ya estar más allá del primer hervor, mientras el convivio va subiendo de intensidad (o disminuyendo, según el caso) y la socialización va siendo más importante que la música en sí misma, que en ocasiones puede quedar como un trasfondo de lujo para que la fiesta siga avanzando inexorablemente: entre wannabes y escuchas exigentes, los músicos ponen a prueba su capacidad de involucramiento con el respetable (es un decir).

CORONA CAPITAL: EL ROCK COMO FIESTA
Revisemos algunos de los participantes extranjeros que nos harán los honores durante el 13 y 14 de octubre, empezando por el dueto The Black Keys, quienes aparecen como cabezas del cartel con toda razón: su más reciente álbum, El Camino (11), se constituyó como una de las mayores crestas del año, con todo y ese afilado blues barnizado de consistentes capas roqueras. Alabama Shakes, con notoria influencia de los de Ohio, se acaba de presentar en sociedad con el efusivo Boys & Girls (12), mientras que The Kills, con la misma base blusera pero cargándose más al punk, viene a compartir The Last Goodbye (12), terrenos también revisitados por Black Lips como se deja escuchar en Arabian Mountain (11).
Desde las praderas americanas, Iron & Wine pondrá en la mesa el espléndido Kiss Each Other Clean (11), entroncando con el laberíntico country rock de My Morning Jacket y su Circuital (11) y con el folk crepuscular de M. Ward desparramado en A Wasteland Companion (12). Habrá que darle la bienvenida a Cat Power quien regresó irradiando luz con el redondo Sun (12), al tiempo que las hermanas canadienses Tegan and Sara nos acompañarán con el melódico Get Alone (11); Florence + The Machine pondrá su energía pop con el exhaustivo Ceremonials (11) y Dum Dum Girls nos ofrecerá un aroma de ensoñación retro en Only on Dreams (11).
Comandados por un set del patriarca DJ Shadow y la presentación del LCD Soundsystem James Murphy, desfilarán por el escenario las propuestas de tres duetos: Death in Vegas con su toque sicodélico expresado en Trans-Love Energies (11); Basement Jaxx con su batalla en tonalidades house escenificada en Basement Jaxx vs. Metropole Orkest (11) y los irónicos de Modeselektor a través de Modeselektor Prodly Presents Modeselction, Vol. 2 (12). Sleigh Bells viene a presentarnos Reign of Terror (12), continuando su fiesta desordenada de adolescencia manifiesta y premeditada distorsión, con ciertos apuntes pop de ensoñación, para continuar con Neon Indian y su Era extraña (11), así como con el hip-hop alternativo de Shabazz Palace desparramado en el sólido Black Up (11).
Manteniendo notable consistencia en los senderos del rock afilado y alternativo, The Walkmen nos visitan para desplegar Heaven (12) y Snow Patrol viene en plan anunciatorio con Fallen Empires (11); con esencias nórdicas enclavadas en el pop, The Raveonettes comparten Observator (12), The Hives le pone vitaminas a Lex Hives (12) y Miike Snow nos pone de buenas con Happy To You (12). Desde Nueva York, Here We Go Magic presenta A Different Ship (12) a partir de su intrincado pop, también redimensionado por los sutiles The Drums en Portamento (11); The Big Pink en Future This (12), ya mostrando de lo que son capaces; The Maccabees con Given to the Wild (12), enclavado en la estética indie y por The Vaccines que traen bajo el brazo Come of Age (12), su segunda entrega.
La cuota de experiencia para deleite de los asistentes más creciditos, la pondrán Suede y New Order.

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