SOCIEDADES PARODIADAS

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Entre broma y broma, la realidad puede transparentarse para verle sus costuras absurdas, abusivas e irracionales. Comedias que funcionan a medias, dado que sus blancos son por momentos evidentes y sus trazos demasiado gruesos, pero que consiguen lanzar algunos dardos efectivos para burlarse de usos y costumbres tanto de la sociedad de consumo y del espectáculo, como de los totalitarismos políticos y religiosos. Un consistente drama de pilón que muestra el potencial peligro de las sectas.

SOCIEDAD DICTATORIAL
Dirigida por Larry Charles, responsable del provocador documental ¡Reli…¿qué?! (08) y ahora en el campo de la ficción, a diferencia de sus híbridos Borat (06) y Brüno (09), El dictador (EU, 12) es una irregular sátira que se avienta contra las dictaduras unipersonales, tan frecuentes en los países del norte de África, y contra los gobiernos dizque democratizadores de occidente que no se quedan muy atrás cuando de abusos se trata, sobre todo cuando los intereses comerciales están en juego, empleando pretextos ideológicos como fachada para el control.
Una vez más Sacha Baron Cohen coescribe e interpreta al protagónico, un dictador de un país del norte de África que se ve suplantado en Estados Unidos por un manipulable doble y tiene que sobrevivir como un inmigrante cualquiera en Nueva York, después de tener un poder inimaginable. Ben Kingsley es el traidor y Anna Faris la posible mujer de sus sueños: ambos, entendiendo el contexto, se dan vuelo con una bienvenida sobreactuación.
La premisa alcanza para regalarnos algunas viñetas de ese humor tan característico de esta dupla, entre la incorrección política más absoluta –no hay derecho humano que se salve- y la develación de ciertas realidades –el discurso ante la asamblea- que permiten hacer llevadera una historia que en términos argumentales parece más bien divagar sin mucho rumbo y sin una secuenciación que permita mantener el interés sobre la historia en sí misma.

SOCIEDAD ESTULTA
Dirigida en tono derivativo por Mike Judge, quien mostró su irreverencia con sus personajes Beavis and Butt Head y El rey de la colina, La Idiocracia (Idiocracy, EU, 06), parte de una premisa original que no se aprovecha del todo: un tipo común (Luke Wilson) y una prostituta (Maya Rudolph) del presente son congelados para un experimento; despiertan 500 años después en una sociedad dominada por la estupidez, en la que las máquinas se encargan de todo y la basura está en todas partes, como sucedía en la obra maestra Wall-E (Stanton, 08). Los ridículos espectáculos masivos, la televisión de realidad, empresarios engañabobos y la absurda impartición de justicia son apenas algunos de los rasgos de esta sociedad (la de la película).
La gente deambula sin mayor oficio ni beneficio y los recién llegados, como cabría esperar, se convierten en los más inteligentes del planeta, después de pasar algunas dificultades. Con narración en off, la idea de plantear un retroceso en el desarrollo evolutivo del ser humano, a diferencia de otras propuestas futuristas, se podría prestar a un humor más fino e inteligente: paradójicamente, la cinta no consigue trascender este planteamiento de base y se queda como un intento por satirizar a una humanidad cada vez menos inteligente, por decirlo de manera amable.

SOCIEDAD DOGMÁTICA
El problema de las sectas no es que crean en lo que crean, sino que consideren ser los únicos poseedores de la verdad, revelada solo a ellos y a nadie más, y que sus prácticas estén por encima de los derechos humanos. En Martha Marcy May Marlene (EU, 11), se describe el proceso de descomposición mental de una joven que ingresa a una secta, su escapatoria y su posterior dificultad para congeniar la realidad con la fantasía, ya viviendo en la casa de su hermana y su esposo.
Dirigida por Sean Durkin en clave de thriller psicológico y narrada en dos tiempos con certeros flashbacks que muestran episodios de la vida en la manipuladora comuna, la cinta busca más introducirse en la psiqué escindida de la protagonista que en el morbo de los sucesos shockeantes. Notables interpretaciones de la joven Elizabeth Olsen y de John Hawkes, como el siniestro líder del clan, abusador sexual, machista, manipulador y criminal, independientemente de los rollos motivadores que se avienta.
En otro registro, Locura en el paraíso (Wanderlust, EU, 12) coloca a una pareja citadina conviviendo con una comuna hippie y si bien se alcanzan algunos momentos simpáticos no todas las caricaturizaciones funcionan del todo; el asunto se vuelve un poco previsible y aunque cierra tratando de recuperar a todos los personajes, varios quedan en el limbo, como si la edición cortara ciertas posibilidades de desarrollo argumental o situaciones de mayor contraste entre ambos mundos.
Por su parte, Pare de pecar (Salvation Boulevard, EU, 12), arranca con un interesante plantemiento que contrapone la fe con la razón a través de sendos personajes –un pensador agnóstico y un pastor- y que ahonda en los dogmatismos de los nuevos creyentes en tono de humor negro. Dirigida por George Ratliff con reparto de lujo, la cinta termina por desparramarse entre los diversos cabos sueltos, los destinos de los personajes y las intrigas en torno a un crimen.

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