SIEMPRE HAY TIEMPO

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Para resarcir grietas afectivas, explorar nuevos territorios anímicos o retomar caminos pendientes a la mitad andados. Pareciera que solo es asunto de voluntad: sabemos que no, pero cómo ayuda mantener una actitud ante la vida en la que nos sigamos riendo de nosotros mismos y que podamos reconocer que los problemas tienen su mayor asidero en nuestras necedades y prejuicios: las culpas se trabajan, ni se obvian ni se asumen sin filtros. Se enfrentan en su momento y se desmenuzan poco a poco.
Ancianos que buscan volver a ver el mundo a colores, librando el negro y blanco que impide disfrutar los detalles o, de plano, reconocer el poder de los recuerdos como una posibilidad de entender y sobrellevar un presente que no ha resultado como se esperaba: remodelar estilos de vida, enterrar sentimientos imposibles de compartir y ya entrados en gastos, atreverse a rememorar eventos que se resisten a ser abandonados, ya sea a kilómetros de distancia o frente a la propia hoguera.

UN HOTEL EN REMODELACIÓN
Un grupo de jubilados ingleses, bien delineados en su situación desde el elusivo prólogo, coincide en pasar un tiempo en la India, dados los costos accesibles y el contraste que implica una región como ésta: una viuda muy dependiente del ex-marido (Judi Dench, en plan narrativo); una mujer tratando de pescar algún millonario otoñal (Celia Imrie); una pareja unida más por el deber ser (Bill Nighy y Penelope Wilton, estupendos); un juez con cuentas sentimentales pendientes (Tom Wilkinson, de fragilidad escondida); un hombre solitario en busca de amor (Ronald Pickup), y una xenófoba que tiene que operarse la cadera fuera de Inglaterra (Maggie Smith, elocuente en sus expresiones).
Todo un un mosaico humano que se va entrelazando con los sueños empresariales del joven indio que los recibe (Dev Patel), sus peripecias con su novia y su madre. La presencia del romance como una fuerte necesidad en cualquier edad, así como la importancia para mantener objetivos vitales y la capacidad de admiración, se van desglosando a través de todos los personajes, ya sea por ausencia y presencia: de ahí que la perspectiva de la cámara se mantenga coherente con la intención dramática de cada una de las escenas, incluyendo aquellas que aprovechan para mostrar la puslión de las calles
La premisa es muy bien aprovechada para crear un equilibrio entre el humor y el drama, con una tendencia hacia generar sensaciones esperanzadoras; si bien se fuerzan por momentos las resoluciones y se tiende hacia la complicidad del especatador para resolver las situaciones de acuerdo a lo que se podría esperar, El exótico Hotel Marigold (The Best Exotic Hotel Marigold, RU-EU-EAU, 11), se basa en la premisa optimista de plantear que todo tiene que acabar bien y si no, quiere decir que no ha acabado: el desenlace, en consecuencia, siempre será mejor que sus antecedentes.
Basada en la novela These Foolish Things de Deborah Moggach, el director John Madden (Al filo de la mentira, 10; Shakespeare enamorado, 98) muestra habiliades para la dirección de grandes actores y para mantener el relato a punto, equilibrando el tiempo en pantalla de todos los personajes, aunque por momentos algunos queden menos desarrollados de otros. No obstante las complacencias argumentales y las licencias tomadas, la cinta funciona como una sensible metáfora de cómo un hotel en reconstrucción puede simbolizar el espacio propicio para poder empezar, continuar o terminar la vida de manera esperanzadora.

ENTERRAR LA CULPA
Un ermitaño rechazado por el pueblo, de muy pocas pulgas y larga barba, vive un aislamiento que se rompe a aprtir de escuchar los comentarios que sobre él se hacen. Para de una buena vez saldar cuentas con todos y en especial con él mismo, decide organizar su propio sepelio en el que cualquiera que conozcan alguna anécdota sobre su vida, la cuente de manera abierta y en público. Para tal efecto, contrata al negocio local dirigido por un hombre que necesita recursos para poder seguir adelante y que derviará en diversos enredos. En este juego de versiones acerca de su propia vida, el protagonista resultará ser todo un depositario de una historia digna de ser aclarada.
Dirigida de manera prístina y en tono intimista por Aaron Schneider, quien debuta como realizador, El funeral (Get Low, EU, 09) muestra la forma en la que los prejuicios van constiutuyéndose como una gran verdad nunca comprobada, siempre al borde de las interpretaciones que de pronto se convierten en vox populi. Robert Duvall y Bill Murray establecen un sólido duelo de actuaciones, contrapunteado por Sissy Spacek y soportado por Lucas Black. Pareciera que solo anunciando la propia muerte es posible exorcizar los demonios internos largamente anidados en una forma de vida que evade todo contacto social y, de paso, toda posibiliad de interiorización.

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