DE HOMBRES Y DE DIOSES: LA FE MÁS ALLÁ DE LOS CREDOS

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La decisión de permanecer en un convento en el monte Atlas de la región del Magreb, a pesar del evidente riesgo para la vida, o bien regresar a Francia, dejando a la comunidad con la que han logrado vincularse afectivamente. No se trata de hacer mártires, sino de seguir sirviendo a los demás de la mejor forma posible, de continuar la construcción del reino de Dios en el que todos caben, sin distingos raciales, religiosos o sociales: buscar más las coincidencias entre el Corán y la Biblia que acentuar las diferencias; promover los encuentros de las posturas moderadas y evitar los extremismos que acaban por tocarse pero en la destrucción mutua.
Basada en un caso real ocurrido en Argelia en 1996, De hombres y de dioses (Francia, 10) se constituye como un film que permite reflexionar en torno al sentido de la vocación más allá del sacrificio provocado, a la posibilidad de convivencia armónica entre religiones y a la manera en la que es posible asumir compromisos grupales, aunque en ello vaya la vida, independientemente de las decisiones unipersonales: cuando los principios se mantienen intactos, las alternativas se presentan de una forma nítida y las acciones encuentran un sólido asidero en las convicciones largamente cultivadas.
Ocho monjes cistercienses franceses desarrollan su misión en la convulsa Argelia, encabezados por el religioso Christian (Lambert Wilson, estoico), de firmes creencias pacíficas y que sostiene la idea de evitar cualquier tipo de intimidación-apoyo, ya sea de los grupos guerrilleros o del gobierno: la labor está claramente dirigida a la comunidad fundamentalmente musulmana, con la que se participa en las celebraciones, se le brinda atención médica, a través del sabio hermano Luc (Michel Losdale, notable) y se dialoga continuamente.
Vemos la vida cotidiana en el monasterio, entre los sentidos rezos, los cánticos cargados de humildad, la cosecha real y metafórica y las actividades de carácter intelectual, a la manera de El gran silencio (Gröning, 05), aquella reflexiva y silenciosa película desplegada al interior del corazón de los monjes trapenses. Pero también nos vamos mezclando con la comunidad y con los contextos de violencia que empiezan a invadir el escenario, como sucedía en La misión (Joffé, 86), en la que las posturas de los religiosos se contraponen entre sí ante el ataque de los colonizadores.
Al ser asesinado un grupo de trabajadores extranjeros, se desata una serie de actos violentos en los que participan grupos extremistas, pronto atacados por las fuerzas militares del gobierno. Los monjes toman la postura de ayudar sin mirar a quién dentro de sus principios humanitarios y religiosos, hasta que la situación se vuelve insostenible. La palabra de Dios y el espíritu de servicio se convierten en las más poderosas armas que trascienden los ataques alrededor del convento, asediado por fuerzas que solo entienden cuestiones de este mundo.
El quinto filme largo de Xavier Beauvois (North, 91; No olvides que vas a morir, 95; Según Matthieu, 00; El pequeño teniente, 05) se ubica en el cine histórico-religioso que plantea desde una perspectiva contemplativa con los espíritus de Dreyer, Bergman y Bresson rondando las atmósferas y eludiendo manipulaciones sentimentaloides de heroicidad forzada, el proceso vivido por un grupo de hombres en una situación extrema que coloca su vida en riesgo frente al llamado de continuar con su apostolado en una región que vive un conflicto bélico.
Aparece el miedo como una condición humana natural, asumido claramente por Christophe (Olivier Rabourdin) en contraste con una vocación sustentada en un misticismo construido a partir del diálogo con Dios pero también con los hermanos misioneros y la comunidad, en la que se toman acuerdos y se establecen posturas. Con una fotografía a contraluz, encuadres de sobria plasticidad y parsimoniosos desplazamientos de cámara, particularmente sobre su eje horizontal en concordancia con la idea de igualdad, se van mostrando los hombres en su fragilidad, pero también en su convicción amorosa.
Y la última cena, con el fondo musical de El lago de los cisnes de Tchaikovski, termina por mostrar a este grupo de hombres al fin decididos y mirando de frente: cada uno tiene su espacio en el desarrollo de los acontecimientos para poder identificarlos no solo en su individualidad, sino como parte integrante de una entidad que en el consenso encuentra su principal fortaleza, iluminada por el soplo del llamado a continuar con el apostolado encomendado, en una tierra llena de pugnas en las que se combina el dogma con el ansia de poder.
El filme nos presenta a seres humanos comunes que dudan una y otra vez; deliberan y argumentan en torno a las medidas que deben tomar de acuerdo a las circunstancias y colocan como objeto de discusión al sacrificio necesario como un camino que no se busca por sí mismo, pero que acaso se encuentra en consonancia con la voluntad divina. Una película imprescindible.

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Una respuesta to “DE HOMBRES Y DE DIOSES: LA FE MÁS ALLÁ DE LOS CREDOS”

  1. DE HOMBRES Y DE DIOSES: LA FE MÁS ALLÁ DE LOS CREDOS « Evangelizadoras de los apóstoles Says:

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