LA VOZ DEL DRAMA: ENTRE LUCES Y LÁGRIMAS CONTENIDAS

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Su imagen andrógina se integra a una voz trémula y poderosa a la par, de angustia perpetua y de súplica abstracta: la energía femenina se funde con una masculinidad emergente, a través de lamentaciones insertadas en estructuras de cuerdas agobiadas y pianos melancólicos, como si de un cabaret cargado de explosiones contenidas se tratara, tal como lo expresó a través de Blacklips, un ensamble de performance, dada su formación teatral, formado durante los noventa por este hombre cual Boy George postmoderno. Las orquestaciones como recurso expansivo, acá funcionan para acentuar ciertos estados de ánimo, más cargados hacia la introspección.
Nacido inglés, crecido californiano y mudado a Nueva York, Antony Hegarty (1971) se ha expresado artísticamente desde la ambigüedad sexual no como pose mediática, sino como territorio descubierto para la dualidad y la manifestación afectiva. Formó su grupo a mediados de los noventa y debutó con Antony and the Johnsons (00), justo para romper la entrada del nuevo milenio: con una presencia vocal de profunda emoción, acompañada por una instrumentación rica y pausada proveniente de arpa, clarinete, chelo saxofón y demás, usualmente pertinente para el despliegue de los afectos melódicos. Posteriormente, colaboró con Lou Reed y apareció en Fábrica de animales (00), película dirigida por el actor coeniano Steve Buscemi.
Tras la realización de una serie de EP´s, entre los que destacó The Lake (04), surgió I Am a Bird Now (05) su obra cumbre con la que se daría a conocer masivamente: toda la catarsis depositada en la imagen de un ave enjaulada que quiere escapar, pero cuando se abre la puerta no lo puede hacer, a pesar de tener enfrente la oportunidad de la libertad. Se trató de uno de los mejores discos de aquel año y uno de los imprescindibles de la década, con un pesimismo a flor de piel y lleno de invitados ilustres, entre quienes estaban el propio Lou Reed, Boy George, el freakfolker Devendra Banhart y Rufus Wainwrigh, también recorriendo los territorios de la ambigüedad sexual.
El destino lo llevó a participar con gente como Björk en su álbum Volta y con Leonard Cohen en su documental I´m Your Man, para volver al estudio y producir el EP Another World (08). Su siguiente larga duración, The Crying Light (09), se mantuvo a la altura de su predecesor y quedaba definido muy bien desde su título: un halo de esperanza se escapa en medio de lágrima lapidarias: aunque bañada de llanto, luz al fin. Una mortuoria mujer que en realidad es Kazuo Ohno, mítico bailarín japonés a quien se le dedica el disco, aparece atrapado con su máscara y en su propio canto, invadiendo la portada con el dramatismo escurriendo desde el interior, como si se tratara de un juego de imágenes que se reflejan unas a otras con cada vez menos parecido entre sí.
Swanlights (10) mantuvo la misma tónica, con esa propuesta instrumental que se despliega con elementos reducidos, abriendo espacios y pausas para la introspección emocional, dejando que el dolor fluya entre una vocal que guía la angustia, siempre seguida por una rítmica discreta, que de pronto se abre a propuestas más de carácter orquestal y a ocasionales metales que rompen con el escenario de tristeza, acercándose a un soul jazzeado de cercana vinculación. Devolviendo el favor, la pequeña islandesa prestaría su voz para la canción Flétta.
Antony and the Johnsons se presenta este sábado con la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México en el defeño Teatro de la Ciudad. Bien vale la pena el recorrido para derramar unas cuantas lágrimas por los motivos que se tengan: siempre habrá alguno.

ROCK DE MANUFACTURA RECIENTE
Como parte de los festejos de la revista Marvin, nos visitan tres bandas de reciente cuño que se están abriendo espacios en nuestros oídos. Formados en Londres, el cuarteto multinacional The Boxer Rebellion, debutó con Exits (05), álbum que inició ese duro recorrido para encontrar la propia identidad, en medio de un mar de propuestas más o menos similares, enclavadas en un rock que bebe de influencias varias. Con Union (09) la puntería se fue afinando hasta que grabaron en los estudios de Peter Gabriel su tercer disco, The Cold Still (11): un piano elocuente, melodías más punzantes y una instrumentación más enriquecedora, se constituyeron como elementos bienvenidos para su propuesta.
Por su parte Atlas Sound se propone como un proyecto paralelo del ateniense –de Georgia- Bradford Cox, miembro de la estupenda banda Deerhunter, en el que igual cabe un poco de sicodelia que lances pop de trayectoria laberíntica, salpicada de una postura glam que asemeja un viaje por parajes de extraña configuración y colorido, tal como se escucha en Let the Blind Lead Those Who Can See But Cannot Feel (08) y, sobre todo, en los muy logrados Logos (09) y Parallax (11). Mientras tanto, Crocodiles es un dúo de San Diego que se mueve en los ambientes del noise-pop, siguiendo los pasos de Sonic Youth, entre melodías reconocibles y ataques guitarreros: debutaron con el conciso Summer of Hate (09) y continuaron con Sleep Forever (10) y Endless Flowers (12).

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