PULP Y JAMES PARA UNA SEMANA

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Un par de grupos ingleses que después de un arranque incierto, encontraron a mitad de los años noventa sus mejores momentos, cuando el britpop estaba en plena ebullición creativa. De una u otra forma con cambios de alineación o a través de lances en solitario, han seguido circulando en lo que va del siglo y ahora nos visitan. Para los que fuimos creciendo con ellos, todo un festín nostálgico.

SALIDA EN FALSO
A finales de los setenta en Sheffield, un adolescente de amplias inquietudes y mordacidad afilada, con ánimo de parecerse a una combinación de David Bowie con Bryan Ferry, decide formar una banda a la que llama Arabic Pulp, la que tras algunos intentos cambia de nombre y alineación. Conocida como Pulp, debutan con It (84), sin mayores repercusiones; una nueva formación dio como resultado Freaks (86), con un mayor grado de consistencia y compenetración: lances de europop, una postura glam y una vocal que igual dramatiza que recita para solicitar un poco de atención por parte de mujeres inasibles. Otros cambios de alineación siguieron para dar origen a Separations (89), un álbum con mayor empaque que ya marcaba tendencia, como se deja escuchar en My Legendary Girlfriend.
De regreso a 1982: un nuevo grupo empieza a formarse con la figura de Morrissey como faro iluminador. Retomando elementos del folkpop, el rock colegial y los movimientos alternativos, James se integró por los universitarios Paul Gilbertson (guitarra), Jim Glennie (bajo) y Gavan Whelan (batería), quienes invitaron a Tim Booth (vocal) para que se les uniera: los primeros resultados fueron los EP’s Jimone (83) y James 2 (85), así como Stutter (86) su debut largo ya con Larry Got en lugar de Gilbertson. Tras hacer ruido de alcance todavía local, presentaron Strip-Mine (88), más orientado al flokpop denotando mayor compenetración y One Man Clapping (89), irónico título para su álbum en vivo.

EL RECONOCIMIENTO GLOBAL
Ya con Russell Senior (guitarra, violín), Candida Doyle (teclados), Nick Banks (batería) y Steve Mackey (bajo), Pulp por fin encontró lo que tanto estaba buscando: His ´N´ Hers (94) detonó todo un fenómeno alrededor de la figura de Cocker, al grado de considerarlo rey del humor ácido y hasta símbolo sexual. La mesa quedó puesta para Different Class (95), una de los discos imprescindibles de la década que conectó con la gente común, cual especie de oda a la normalidad; por primera vez, ser ordinario era cuestión de buen gusto y, paradójicamente, era ser diferente: despertarse un lunes en la mañana sin saber qué hacer, espiar a la vecina o aspirar a encontrarte con la mujer de tu vida sin ninguna posibilidad.
This is Hardcore (98) mantuvo el nivel alcanzado aunque cambió ciertas jugadas que no fueron del todo apreciadas: ahora el ambiente sonoro era más oscuro y por momentos la sensación predominante era la del miedo. Para despedirse y con título que hacía referencia al 11 de septiembre, We Love Life (01) nos dejó con ganas de más pop de inteligencia corrosiva que tan bien confeccionaba la banda. Por fortuna, además de los dos espléndidos álbumes solistas de Cocker, Jarvis (06) y Further Complications (09), aún con la pluma desenvainada, andan en gira con la esperanza de que graben nuevo material.
Como septeto y ya sin Whelan, James se abrió al mundo con Gold Mother (90), obra ambiciosa que los empezaba a colocar en pos del reconocimiento global, mismo que se vería reforzado con Seven (92) y alcanzado con Laid (93) su definitivo álbum rompedor con la presencia de Brian Eno, quien los condujo por texturas y parajes nuevos para ellos, exprimiendo hasta donde era imposible algunos talentos hasta entonces guardados. La complicidad continuó con Wah Wah (94) experimento sonoro perpetrado entre banda y productor. Como para no perder el ritmo, Tim Booth se reunió con Angelo Badalamenti para grabar Booth and the Bad Angel (96).
Después de algunos cambios en la alineación, presentaron Whiplash (97), con el que incursionaron en algunas atmósferas electrónicas y le dieron una repasada a diversos temas de actualidad, como la guerra vuelta espectáculo televisivo, la crisis ambiental y el venenoso influjo de la fama, desplegado en la estupenda She´s a Star. Más accesible, con algunas joyas como las mostradas en el collar que porta el presumido cerdo de la portada, Millionaires (99) cerró el milenio de buen ánimo.
De regreso con una letrística más abstracta y una voz afilada, presentaron el exitoso Pleased to Meet You (01), pulida obra con todo y la canción emblema Getting Away With It, que consiguió instalarse en la rockola de las reuniones caseras. Tras siete años de silencio, apareció Hey Ma (08) no sólo un regreso de mero recuerdo, sino también de presente. Con letras que reflexionan sobre los años de ausencia, con la obligada referencia al 11 de septiembre y repitiéndose a sí mismos que están vivos, el disco representa un agradecido reencuentro del grupo con sus orígenes, continuado con el díptico The Night Before (10) y The Morning After (10).

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