15º. TOUR DE CINE FRANCÉS: CARRERA APASIONANTE

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Es una de las pocas fiestas cinematográficas que se pueden celebrar a nivel nacional, ahora junto a la Muestra de Cine y el Foro de la Cineteca. Importantes celebraciones como las llevadas a cabo en algunos estados de la República, cuentan con un alcance mucho más local. El Tour de cine francés se ha convertido en una muy sana tradición que llega este año a sus 15 ediciones. Como buen quinceañero, se encuentra en plenitud de facultades y se mantiene como una buena muestra del nutritivo cine galo.
Un poco de historia: en los años treinta del siglo pasado, surgió la corriente de El naturalismo poético con su crítica a las estructuras, la presentación de un mundo onírico buscando la precisión en la recreación de ambientes, así como la expresión de un idealismo romántico que ponía el énfasis en la pasión y la libertad, en contraste con un realismo negro cargado de personajes marginales y condenados al fatalismo. Sus principales representantes son Jean Vigo, René Clair, Julien Duvivier, Jacques Feyder, Jean Renoir y Marcel Carné.
A finales de los cincuenta, surgió un movimiento que propuso una diferente concepción y forma de hacer y entender el cine, colocando al autor como centro de la realización, lo que no significa que antes no hay tenido un lugar privilegiado en algunos casos, y a la búsqueda de un lenguaje distintivo.
La Nueva Ola inundó el Festival de Cannes con Los cuatrocientos golpes de Francois Truffaut y se consolidó con Hiroshima, mi amor de Alain Resnais y Sin aliento de Jean Luc Godard, obras mayúsculas de este par de debutantes en largometrajes que pronto se convertirían en referencia de innovación y exploración estilísticas.
Aunque no considerado completamente dentro del movimiento, Robert Bresson firmó ese año Pickpocket, virtuoso apunte de considerar al robo como arte. Durante los años 50’s y 60’s, la producción francesa resultó esencial para redefenir la manera en que se hacía cine: la vanguardia e innovación encontraron campo fértil para su desarrollo que nos obsequió algunas de las obras más importantes en la historia mundial del cine.
En los últimos 30 años, la cartelera francesa, como el resto del mundo, se ha visto invadida por ese extraño gigante llamado Hollywood, que predomina en la taquilla; sin embargo, una inteligente política proteccionista le ha permitido mantener el llamado cine de autor, si bien no con la fuerza de antaño, sí lo suficiente para continuar produciendo obras de altos vuelos. Un factor adicional es que parte del público galo se ha mantenido fiel a las producciones nacionales, tal como parece empezar a ocurrir en nuestro país, en donde algunas producciones han alcanzado éxito económico durante su paso por la cartelera.
Además de las propuestas características del cine francés y a pesar de las limitaciones financieras, se han producido algunas cintas de presupuesto considerable que si bien no han recibido el total beneplácito de la crítica, han alcanzado al gran público de otras latitudes. Quizá la industria cinematográfica más fuerte de Europa sea la francesa.

LA ALINEACIÓN
Acaba de terminar la exhibición de las películas galas que integran esta saludable tradición fílmica, ya consolidada en términos de público y exhibición. El cartel del décimo quinto tour se integró por películas de directores consolidados como Mujeres al poder de Francois Ozon; Mi parte del pastel de Cédrick Klapisch y Una visita inoportuna de Bertrand Blier. Curioso que en estas tres cintas se aborde, desde diferentes perspectivas, el conflicto de clases sociales en los ámbitos laboral, romántico y de género, con todo y crisis existenciales incluidas.
Mientras que en la primera de ellas, se destila un toque feminista con delicioso aroma retro y logrado trazo de personajes encabezados por Catherine Deneuve y Gerard Depardieu, en la segunda se contrapone la soberbia de los especuladores que desarreglan los empleos desde su computadora, con la clase trabajadora que padece las consecuencias de manera directa, incorporando de igual forma una mirada de género. Y en el tercer caso, parece que hasta en las enfermedades también hay clases: se parte de una premisa interesante y original aunque el desarrollo no sea tan sólido.
En los tres casos se atiende, con trazos que van de la comedia al melodrama contenido, pasando por el apunte musical, a una serie de problemáticas que van de la soledad existencial al machismo y de ahí a la crisis del empleo.
La alineación se complementó con el documental Un amor loco de Pierre Thoreton, sobre la particular relación entre Yves Saint Laurent y Pierre Bergé; El día que vi tu corazón de Jennifer Devoldere, La oportunidad de mi vida de Nicolas Cuche y Los nombres del amor de Michel Lecrerc, trío de cintas más cargadas al tono de comedia.
Como suele suceder, se trató de una muy buena alternativa para asomarnos al cine actual donde todo empezó y donde pareciera que habrá obras valiosas para rato.

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