MUTEK CERVANTINO

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Parte de esta celebración sonora, visual y sensorial conocida como Festival Internacional de Creatividad Digital y Música Electrónica llegará a Guanajuato en el marco del Cervantino: sinergia pura orientada a compartir manifestaciones artísticas en nuestras dos capitales: estatal y nacional. Un festival con larga tradición y otro que se abre espacio gracias a su enfoque y a su innovadora propuesta confluyen felizmente para albergar este festejo de música electrónica por el que han desfilado nombres tan poco conocidos como interesantes, así como personajes que ya tienen su lugar apartado en el trono de las tornamesas y demás artilugios enchufables.
Un par de propuestas canadienses que vienen a Guanajuato para convertir las herramientas tecnológicas y la multiplicidad de cables en trances musicales de altos vuelos. Después, un grupo que visita la capital del País y que igual merece nuestra atención.

KID KOALA: CONVERSACIONES DIGITALES
El originario de Vancouver con ascendencia china, nacido en 1975 como Eric San, debutó en solitario con el intrincado y absorbente Carpal Tunnel Syndrome (00), cargado de matices y mezclas que igual viajan del hip-hop a las conversaciones a ras de piso, con reiteraciones que de pronto se rompen a partir de la inclusión de instrumentos comunes, que terminan por conectar con audiencias de corte más analógico: construcciones sonoras de riqueza no solo sensible sino conceptual, jugando con ritmos y scratcheos continuos, entrelazados con un verbalismo de múltiples facetas.
Su siguiente grabación oficial, Some of My Best Friends Are DJ’s (03), mantuvo estilo y espíritu buscador, a pesar de tener la fama a cuestas que lo llevó a compartir escenario con los Beastie Boys y Radiohead; un CD/DVD titulado Live from the Short Attention Span Audio Theater (05), precedió al juguetón Your Mom’s Favorite DJ (06), seguido del continuista Phon-O-Victo (07), con apenas 38 minutos de duración y del también breve Space Cadet (11), con todo y puntual paginación que muestra la incansable capacidad de buscar laberintos auditivos, más que salidas fáciles.

GUILLAUME COUTU DUMONT: REITERACIÓN INCISIVA
Con una mezcla de la música electrónica arquetípica y una rítmica africana que se entremezlca con aromas esteuropeos, este canadiense de Montreal se dio a conocer con Face A Lést (07), su álbum debut que propone desde ya una hipnótica amalgama de estéticas sonoras diversas, enclavadas en géneros consolidados susceptibles de convertirse en materia maleable: su viaje a Senegal parece ser que resultó un proceso clave para abrir horizontes a su propuesta conectada con ánimos y conciencias en pos del movimiento corporal.
Con Breaking the Fourth Wall (10) nos invita, desde el propio título del álbum, a romper con cuadraturas de cualquier tipo para embarcarnos en un viaje sonoro que si bien se sustenta en el ritmo repetitivo, logra tocar nuestras neuronas que de inmediato mandan la orden al cuerpo para entrar en un trance de actividad física. Un sólido tapiz atmosférico cobija a lances ocasionales de trompeta o teclado para llamar una atención que se encuentra bien atrapada por la telaraña de las piezas. De pronto y cuando menos te lo esperas, el disco ha terminado por envolverte sin que hubieras puesto la menor resistencia.

METRONOMY: NOSTALGIA PARA NOCHES EN COMPAÑÍA
Continuando con las ilustres visitas aunque no en Guanajuato, contaremos con el proyecto de Joseph Mount que se ubica en el terreno del rock bailable con miras al pasado, pero que no tiene mayores miramientos para atreverse a buscar en el futuro. Después de andar dando de qué hablar durante varios años, apareció Pip Paine (Pay the 500 You Owe) (06), enclavado en una propuesta dance con los pies en la tierra de la melodía.
Ya con la incorporación en pleno de Oscar Cash y Gabriel Stebbing, Metronomy propuso al respetable el espléndido Nights Out (08), obra que nos llevaba a las noches de antaño en los barrios donde uno se convertía en todo aquello que alguna vez habría soñado. Con un pop de sintetizador y aires de cierta melancolía, el disco transcurre entre apuntes tecno y una vocal que acude al falsete como genuina emoción.
Manteniendo el nivel tanto armónico como melódico, en esa particular combinación de vanguardia retro, si cabe, The English Rivera (11) discurre entre la exaltación de la rítmica contenida y el susurro cómplice. Los cambios en la alineación parecieron no afectar el desarrollo de la propuesta del grupo, quien conservando estilo y empuje, da un viraje hacia un rock más elaborado, sin caer en rebuscamientos, que permite apreciar un interés por movilizarse dentro de sus márgenes habituales.
Propuestas varias para seguirle la pista al giro del mundo de la música, buscando conectar con los avances tecnológicos sin olvidarse de su misión central: generar emociones.

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