HEROÍSMOS NOSTÁLGICOS

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Un par de películas que se despliegan a partir de una estructura clásica de entretenimiento, recreando épocas próximas pasadas y combinando emoción, heroísmo, pérdida de la inocencia y cierta sensibilidad insertada con pertinencia en las respectivas tramas, incluyendo cierto aroma nostálgico en contextos bélicos –activos y latentes- cuando los enemigos eran visibles y claramente identificables y cuando un sencillo muchacho se podía convertir en el ídolo del pueblo, siempre crédulo o dictaminador de culpables según los tiempos que corren: en este caso, los nazis o los soviéticos.
Con estas cintas se cierra de manera digna un verano fílmico más bien olvidable, apenas rescatado por dos o tres obras que respondieron a las pretensiones generadas por las omnipresentes campañas: aunque se plantee lo contrario, existe crisis creativa en la escritura de historias para los grandes estudios o bien sus mecanismos y criterios de selección están fallando: quizá no se entienda que la taquilla se da por añadidura, no por buscarla como primer objetivo.

SÚPER 8: FORMATO DE ENTRETENIMIENTO
El tema de la presencia alienígena sirve como metáfora para presentar el ancestral temor a lo diferente, como en Gremlins (Dante, 84); el aprovechamiento de cualquier oportunidad para convertirla en armamento y la permanente tensión entre el centro y la periferia, con todo y teorías conspiratorias incluidas. Además, el planteamiento del crecimiento personal, el interés artístico desde edades tempranas y la posibilidad del perdón frente a la pérdida, redondean una trama que no se conforma con la estructura del perseguido monstruo aterrorizante, sino que lo trasciende a un mayor nivel de significación.
En un pueblo de Ohio a finales de los setenta, un grupo de niños a punto de dejar de serlo desarrollan un proyecto fílmico de zombies para un concurso. Mientras rodaban una escena, un misterioso tren es descarrilado por un profesor de la escuela local, provocando una infernal explosión: más pronto que tarde, el sitio es invadido por el ejército, abandonado por los perros y el desarrollo argumental se instala con precisión, soltando sus hilos narrativos por diferentes cauces pero siempre articulados en torno a un epicentro conflictivo.
Si bien algunas resoluciones se plantean de manera facilona y quedan preguntas que el guión no alcanza a contestar -y que debiera-, la cinta mantiene un acertado equilibrio entre el desarrollo de sus personajes, emocionalmente bien definidos, y los momentos de acción, siguiendo la premisa básica de que el miedo se genera a partir de lo que se oculta, no de lo que se muestra, como magistralmente se empleó en Alien (Scott, 79). La dirección de los jóvenes actores, el abarcador manejo de la cámara y el enfático uso de la perspectiva, se constituyen como elementos clave para el funcionamiento del film en cuanto a su fluidez y conexión con el espectador.
Dirigida por J.J. Abrams (Misión imposible III, 06; Viaje a las estrellas, 09), Súper 8 (EU, 11) opera como entretenimiento para distintas generaciones, refiriendo en primera instancia a cintas como Cuenta conmigo (Reiner, 86) y E.T. (82) de Steven Spielberg, quien funge acá como productor, para entroncar con otras más cercanas en tiempo como la coreana El huésped ( Joon-ho, 06) o Cloverfield (Reeves, 08), producida por el propio Abrams. Hay que quedarse a ver los créditos.

CAPITÁN AMÉRICA: PRIMER VENGADOR
Un iluso y debilucho joven cree que alistarse en el ejército e ir a la guerra es una contribución para la sociedad. Tras varios rechazos dadas sus condiciones, termina por someterse a un experimento para convertirlo en un súper soldado y así servir como showman animador de tropas, convocante al ejército y elemento patriotero más bien de irrisoria factura. Pero como se trataba de un tipo comprometido y con verdadera madera de héroe, el ahora anabólico joven se aventurará para combatir a un desquiciado oficial nazi, también metido en pruebas químicas modificadoras de anatomías.
Siguiendo con la idea de plantear paralelismos a la historia oficial, como lo hiciera Bastardos sin gloria (Tarantino, 09), Capitán América: Primer vengador (EU, 11) se basa en el exitoso cómic creado en plena Segunda Guerra Mundial por Joe Simon y Jack Kirby, que después vino a menos para volver a resurgir de la mano de Stan Lee, quien hace su habitual cameo en la película dirigida con dinamismo y de acuerdo a los cánones del género por Joe Johnston (El hombre lobo, 09; Hidalgo, 04).
Con reparto competente, un guión que arriesga poco y una puesta en escena de estética retro pero aprovechando las posibilidades visuales de hoy, el filme es una muestra de cómo el entretenimiento clásico puede seguir funcionando para responder a las expectativas del público actual, ciertamente sin rebasarlas por su evidente maniqueísmo y su ausencia de matices. La contextualización del origen del personaje permite entender su dimensión y proyectarlo con mayor sentido para los tiempos que corren: de ahí el interesante desenlace.

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