FLYING LOTUS: GRAFICANDO EL COSMOS

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La fuerte presencia de la música electrónica en el tramo final del siglo XX ha trascendido hasta ya rebasada la primera década del XXI, ahora aprovechando las múltiples posibilidades tanto estéticas como tecnológicas aplicadas al mundo del arte. Parándose en los hombros de los gigantes, gente como DJ Shadow, Burial y Aphex Twin entre muchos más, han tomado el estandarte con la necesaria creatividad que el caso amerita, invitando a jóvenes enjundiosos para sumarse a la travesía de conservar y evolucionar el género al ritmo de la imparable inventiva en el campo informático.
Uno de ellos es Steven Ellison (Los Ángeles, 1983) mejor conocido como Flying Lotus, sobrenombre derivado de su actividad como músico para la cadena de televisión por cable Adult Swim, en la que se transmiten animaciones alternativas y programas contrastantes de diverso origen. Como parte del clan Coltrane -es sobrino de Alice, quien fue esposa de John- parece haber heredado el gen de la intuición sonora y de la búsqueda como forma de aproximación artística.
Después de andar pinchando y navegando en el mar de datos de la virtualidad, debutó con el largo 1983 (06), integrando cortes de Madlib, J Dilla y Ammoncontact del ambiente de vanguardia en el mundo hipopero. Con un cierto sabor carioca expresado en Sao Paulo y Orbit Brazil, y hasta sabores árabes desplegados en Unexpected Delight, el disco transcurre a través de cortes en su mayoría breves, de cuidadoso ensamblaje y contención armónica en la que confluye un ruidismo de atrayente combinación.

LOS ÁNGELES AL DESNUDO
El joven angelino grabó el EP Reset para posteriormente darse a conocer, ahora sí más allá de las banquetas de su ciudad, con Los Angeles (08), una obra de mayor complejidad en la que se inserta una serie de mensajes como cifrados y encriptados, cuyo destinatario parecería comprender después de varias escuchas. Voces infantiles, bucles auditivos y una configuración de variedad sorpresiva hicieron de esta obra una de las principales aportaciones de la electrónica para aquel año. Cuando un disco se titula con el nombre de una ciudad, las expectativas están puestas en cómo se plasma la idea que se tiene acerca del centro urbano en cuestión: en este caso, caótico, divergente, complejo, fascinante.
Cosmogramma (10) lo catapultó en definitiva como una figura clave de la estética de la edición sonora: un corta y pega orgánico, de alcance ecológico con tintes siderales. Constituido como uno de los mejores discos electrónicos del año, junto a las propuestas de Four Tet con toda su sutileza, de la elegancia rítmica de Caribou, el ambient de Autechre y la fiesta a oscuras de Matthew Dear, podemos atesorarlo para explicar una de las tendencias de la música popular actual: el sincretismo cibernético para cuya instrumentación se ha sumado la laptop.
Como escribió Juan Cervera, el disco “convida a abrir el diccionario de los calificativos: intergaláctico, fascinante, denso, infeccioso, hermoso, progresivo, maduro, modernista, espiritual, arriesgado… suban al cohete del Loto Volador: un géiser de música non stop que condensa lecciones de historia y olfatea en los pliegues del tiempo presente y futuro. Sin escafandra” (Rockdelux, 285, junio, 2010). La crítica especializada lo colocó como uno de los mejores álbumes del año.
En efecto, entrar a la escucha de este álbum implica ingresar, sin previo aviso y sin pastillas para dormir, a un mundo onírico lleno de sorpresas y pasajes contrastantes, desde el idilio de un sueño reparador, hasta la pesadillesca reiteración de algún tipo extraño de acechanza: lo cierto es que no hay descanso posible, sino emoción continua en distintos niveles y ámbitos. Cuerdas angelicales, teclados rastreros, vocalizaciones fantasmales y una articulación en capas que nos van absorbiendo por más resistencia que pretendamos poner.
Con la presencia de su primo Ravi Coltrane y de Tom Yorke, entre otros invitados, las 17 estaciones pasan por dramas cósmicos, narices experimentadoras, basuras zodiacales e inexorables planes astrales, satélites improvisados, rostros informáticos con peinado estilo germánico, bytes que cobran vida en falsas ninfas, una improbable partida de ping-pong sin gravedad y una galaxia en pleno proceso expansivo que elude cualquier probable agujero negro, solo para seguir siendo energía creativa y vital.
Recientemente, ha colaborado con la música en vivo para el filme experimental Heaven and Earth Magic (62), dentro del festival de Ann Arbor y con la cantante Erykah Badu. Ahora nos visita el sábado 6 para invitarnos a ingresar a su jungla de sonidos con variedad de formas y estructuras, colocando la estética de la digitalización al servicio de la pulsión emotiva. Una oportunidad para estar en el cosmos de la música que se deconstruye dentro de la sociedad red, plagada de interacciones y vinculaciones de circuitos elípticos.

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3 comentarios to “FLYING LOTUS: GRAFICANDO EL COSMOS”

  1. angelephant Says:

    Me encantó la descripción de este GRANDE. Sin duda es de mis 3 favoritos en música electrónica.
    Muchos saludos.

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    • Fernando Cuevas Says:

      Gracias por tus comentarios; creo que tiene mucho futuro y más si tomamos en cuenta la herencia musical que tiene.

      Saludos cordiales, Fernando

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  2. angelephant Says:

    A propósito, Él dice que su música también se clasifica como parte de la Generación Nintendo.

    😀

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