MICHAEL NYMAN: SONIDO Y VISIÓN

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Ha reconstruido vasos comunicantes, cual hombre puente, entre las imágenes en movimiento y las notas musicales, entre la fotografía y el análisis musical, entre el análisis de las estructuras sonoras y el manejo de las lentes para capturar la vida en movimiento. Este aliento renacentista lo ha llevado a desarrollarse en distintas disciplinas y, dentro de ellas, en varias áreas: compositor de óperas, ballets, conciertos, soundtracks, cuartetos de cuerda y música de cámara con su banda (fundada en 1977), además de conductor de orquesta, intérprete, fotógrafo (formalmente desde el 2003), cineasta, guionista y crítico musical, sobre todo de 1968 a 1978.
Prolífico como John Zorn, con indudables lazos estilísticos provenientes del minimalismo de Cage y Glass, deudor de clásicos como Purcell y Mozart y compañero de propuestas de Ennio Morricone, Glenn Branca, Steve Reich y Wim Mertens, Michael Nyman (Londres, 1944) es un explorador heredero de las tradiciones inglesas y de las resonancias sonoras anidadas en el siglo XX, cuando la melodía dejó de ser el componente principal de las propuestas musicales para adentrarse en la escultura del sonido como forma moldeable y campo exploratorio con posibilidades atonales y disonantes.
Además de sus reconocidas obras para el cine, vale la pena acercarse al resto de su vasta obra, como el racional The Kiss and Other Movements (85); Six Celan Songs (90), basado en la poesía de Paul Celan e interpretado por Ute Lemper; Exit no Exit (06), obra para clarinete y cuarteto de cuerdas y sus trabajos junto a David McAlmont. En sus óperas, ha visitado temas tan disímbolos como The Man Who Mistook His Wife for a Hat (87) basada en la novela médica de Oliver Sacks; Noises Sounds and Sweet Airs (94) y la monumental Facing Goya (02), por poner sólo algunos ejemplos de su inabarcable catálogo.

CINE EN EL PENTAGRAMA
Muchos de nosotros lo conocimos gracias a las películas de Peter Greenaway de la década de los ochenta (El contrato del dibujante, 82; Drowning By Numbers, 88; El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante, 89; Los libros de Próspero, 91), aunque escribía música para cine desde 1976, año en el que apareció su disco Decay Music, producido por Brian Eno y en el que la orientación era más experimental. Como apuntó Alex Ross, su música para Una zeta y dos ceros (85) “da un aire cortesano barroco a resoplantes diseños minimalistas.”
En efecto, el manejo del contrapunteo entreverado con efusivas repeticiones se convirtieron en el sello de la casa: un piano que igual hacía el trabajo rudo que el delicado, con una base rítmica de sostenida emotividad, construye intersecciones con cuerdas enfáticas o alientos adiposos, finalmente convincentes más por elusivos que por insistentes. Las fronteras entre las músicas culta y popular quedaban gratificante difuminadas: ahí están las colaboraciones con músicos ligados al rock o con representantes de las músicas que palpitan alrededor del mundo, más allá de los confines del eurocentrismo.
Su aporte musical para El Piano (Campion, 93) le abrió los conductos auditivos al gran público, dada su emotiva accesibilidad. El trabajo para componer scores se multiplicó: para Gattaca (Niccol, 97) buscó un esquema musical más acorde a los productos de los grandes estudios y dos años después se llenó de chamba: Nabbie no koi (Nakae, 99); Voraz (Bird, 99), junto a Damon Albarn; la sensibilidad a punto con El ocaso de un amor (Jordan, 99); la eficacia en Wonderland (99) y la maestría ecléctica de The Claim (00), ambas de Michael Winterbottom. Su versatilidad le permitía ponerle acordes a propuestas fílmicas de muy distinta ralea y de géneros que al parecer poco tenían en común.
Entre otras muchas cintas, ha musicalizado también Nathalie X (Fontaine, 03); El decadente (Dunmore, 04); Never Forever (Kim, 07) con intensa actuación de Vera Farmiga; el espléndido documental Man on Wire (08) y 9 meses 9 días (Ramírez, 09), texto fílmico mexicano sobre los tres pescadores perdidos y milagrosamente aparecidos: como diría Daniel Sada, porque parece mentira, la verdad nunca se sabe. También le entró al cine de horror fantástico desplegado en Krokodyle (Bessoni, 10). El documental NYman With a Movie Camera (10) retoma su interés por el trabajo del precursor Dziga Vertov y su genial obra silente.
El también escritor del clásico ensayo Experimental Music. Cage and Beyond (74), disponible en la red, decidió recientemente vivir en México: una tierra acorde a su incansable espíritu buscador de sonidos y visiones que sólo acá confluyen con tal intensidad transdisciplinaria. Un no-lugar donde sucede lo que jamás pensamos que podría ocurrir. Con esos lentes de pasta gruesa que parecen verlo todo y la mirada siempre puesta en algún punto fijo, se dejará escuchar el viernes 10 en la sala Netzahualcóyotl de la Ciudad de México.

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