CASA LLENA

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Conciertos en abundancia para todos los tímpanos sin distinción de ánimos, edades, fobias o demás minucias: de los nostálgicos ochenteros a los tecnos noventeros aún de fiesta, pasando por los metaleros de tintes clásicos y hasta los resistentes que aún consiguen sobrevivir a todo un festival, independientemente de su consistencia.

QUINCE AÑOS DE ELECTRÓNICA Y METAL
El quinteto californiano Deftones ha mostrado una inusual consistencia a lo largo de su trayectoria, integrando fiereza con inteligencia desde Adrenaline (95), su primer disco, al que le seguirían los rotundos Around the Fur (97) y White Pony (00); después de bajar un poco la guardia con Deftones (03) y Saturday Night Wrist (06), están en plenitud de facultades con Diamond Eyes (10), en el que igual caben los riffs con gesto fruncido que las baladas para echar los ojos al cielo.
Por su parte, The Chemical Brothers (Tom Rowlands y Ed Simons) le dieron un impulso definitivo a la electrónica noventera con Exit Planet Dust (95) y Dig Your Own Hole (97), un par de obras maestras que catapultaron a los alquimistas carnales al pódium de los diyeis con lances compositivos. Siguieron los correctos Brothers Gonna Work It Out (98) y Surrender (99), para dar paso al nuevo milenio con los revulsivos Come With Us (02) y Push the Button (05), y con los auto-referenciales We Are the Night (07) y Further (10).

MÚSICA OCHENTERA PARA ADULTOS DEL SIGLO XXI
Egresado del grupo de Santana, el guitarrista Neal Schon formó Journey en complicidad con Ross Valory (bajo), entre otros músicos cambiantes. En 1975 firmaron su homónimo álbum debut, seguido por Look Into the Future (76) y Next (77): un trío de obras que pasaron relativamente desapercibidas, navegando entre las aguas confusas de rock fusionado. La llegada del compositor y vocalista agudamente poderoso Steve Perry, le dio un fuerte impulso a la banda, como quedó de manifiesto en Infinity (78), álbum que inició la etapa más brillante de los de San Francisco, continuada con Evolution (79) y Departure (80), ya con la integración de Jonathan Cain (teclados) y Steve Smith (batería).
Con la alineación integrada y la experiencia acumulada, grabaron sus dos mejores trabajos, llenos de gemas pop con incisivas guitarras, uso épico de teclados, rítmica precisa y alta sensibilidad melódica: Escape (81), que incluyó la clásica Don´t Stop Believin’ –ahora resucitada por Glee para los nuevos freakies-, y Frontiers (83) con todo y la energética Separate Ways; además, se dieron el lujo de regalarnos propicias y evocativas baladas para toda ocasión como Who´s Crying Now, Open Arms y Faithfully. El impulso creativo alcanzó para Raised on Radio (86), ya con algunas ausencias, aunque no para Trial By Fire (96), descafeinado reencuentro del equipo titular. Estos años han mantenido cierta presencia a través de Arrival (01), Generations (05) y Revelation (08), con el filipino Arnel Pineda, descubierto en YouTube, cual buen imitador de Steve Perry.
Otro grupo emblema de estos años fue Duran Duran -nombre tomado del villano de Barbarella, integrado por jóvenes fashionistas muy new wave –siguiendo a Roxy Music- que se desenvolvían en lugares exóticos como si estuvieran a la vuelta de su casa, meditando en el más allá o conquistando a las flores más bellas del ejido en elusivos videos de la naciente era MTV. Debutaron con Duran Duran (81) seguido de Rio (82), su mejor obra y vuelto ya un clásico de los ochentas; esta primera etapa culminó con Seven and the Ragger Tiger (83). Con los falsetes de Simon Le Bon, la estilizada guitarra de Andy Taylor, los teclados limpios de Nick Rhodes, y la solvente base rítmica cortesía de John (bajo) y Roger Taylor (batería), habían encontrado la fórmula para el estrellato que muy pronto cobraría la factura como se advertía ya en Arena (84).
Después de proyectos alternos y cambios, regresaron como trío con Notorious (86), Big Thing (88) y Liberty (90), aunque ya con la creatividad mermada, un poco recuperada para el llamado The Wedding Album (93); pero volvieron a las andadas: Thank You (95) fue una innecesaria suma de covers, mientras que Medazzaland (97), Greatest (98) y Pop Trash (00), que con su nombre lo decía todo, pasaron inadvertidos. Para el nuevo milenio, signos de recuperación: se reunió el dream team para grabar Astronaut (04), en el que se demuestra que lo bien aprendido nunca se olvida.
En esta misma tesitura, grabaron Red Carpet Massacre (07) y All You Need is Now (11), su mejor disco de los últimos quince años en el que ahora como cuarteto, con el apoyo del productor Mark Ronson y el guitarrista Dom Brown, han logrado sonar a ellos mismos pero con ese toque de actualidad que paradójicamente también pasa por identificar el espíritu retro, tan necesario para poder mirar con cierta determinación hacia la incertidumbre del porvenir.

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