IDENTIDADES FRACTURADAS

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Pérdida de memoria, origen biológico desconocido, ensoñación que suple la realidad, regreso a un estilo de vida que se pensaba superado o traumas infantiles por sucesos imborrables: factores que provocan dificultades de integración intrapersonal y al contexto en el que se vive, por momentos saturado de dificultades y peligros que impiden la posibilidad de convertirse en lo que siempre se ha querido ser. En cartelera y en los videoclubes de la ciudad.

OFICIOS IRRENUNCIABLES

Dirigida por el español ya instalado en Hollywood Jaume Collet-Serra y evidente deudora de Búsqueda frenética (Polanski, 88) en tono y trama, Desconocido (Unkown, coproducción, 10) transcurre como un thriller convencional en el que un hombre común se ve envuelto en una situación anómala (nadie lo reconoce y alguien parece haber tomado su lugar), hasta que el asunto da un giro argumental interesante pero sólo para regresar a los lugares comunes, por momentos forzados.
Eso sí, la tensión se mantiene y ciertas secuencias de acción están montadas de manera absorbente, así como el retrato de un Berlín distante y peligroso más propio de los tiempos de la guerra fría. La actuación de Liam Neeson se ve potenciada por el sólido cuadro actoral que lo acompaña y por su ya acostumbrada solvencia para este tipo de papeles de hombre desesperado que va atando cabos entre puñetazo y patada.

Por su parte, Jean Reno interpreta a un mafioso apartado que tiene que volver al ruedo en El inmortal (Francia, 10), filme basado en hechos reales dirigido por el veterano Richard Berry, quien intenta ponerle cierta salsa a una historia más o menos vista que centra su desarrollo en cómo un hombre parece imposibilitado a cambiar su pasado. La principal virtud radica en la presencia de ciertos personajes entre los que destaca una mujer policía que va adquiriendo notoriedad inesperada conforme transcurren los enredosos acontecimientos.

En la tesitura de Sentencia previa (Spielberg, 02) aunque sin llegarle a los talones, Los recolectores (Repo Men, EU-Canadá, 10) sigue a dos eficaces empleados (Jude Law y Forrest Whitaker) de una siniestra empresa dedicada a la venta y, en caso de no pagar, extracción de órganos sin decir agua va; pero como en la vida todo se regresa… Con empleo de pausas deliberadas, escenografías entre depresivas y sospechosamente asépticas, música con presencia continua y narración en off, el director Miguel Sapochnik va sorteando con dificultad una serie de situaciones forzadas, derivativas y que pierden lo esencial: el retrato del sistema infalible en contra del ser humano.

INFANCIAS DETERMINISTAS

Con enfoque femenino que recorre varias generaciones y entrelaza historias en apariencia ajenas, Rodrigo García dirige Madre e hija (Mother and Child, EU-España, 09) con base en una notable interpretación de Anette Bening y una serie de reflexiones acerca de la maternidad adolescente, la responsabilidad con la madre anciana, la adopción y el desarrollo profesional como única alternativa vital. El filme se desarrolla entre algunos momentos emotivos y personajes mal delineados, como el de Naomi Watts, que sufren transformaciones poco verosímiles o se involucran en situaciones que parecen obligadas para ajustarse a un guión artificioso. Más genuina es la historia de la mujer que busca adoptar y la de la trabajadora doméstica.

Dirigida por Michael Lander, La mitad siniestra (Peacock, 10) muestra a un hombre escindido notablemente interpretado en sus dos facetas por Cillian Murphy, recordando su papel de Desayuno en Plutón (Jordan, 05) y apoyado por sólidos secundarios como Ellen Page y Susan Sarandon y Bill Pullman. El filme termina por recordar a Psicosis (Hitchcock, 60) con toda la carga de la figura materna, canalizada aquí a través del trasvestismo, entre jornadas laborales, mítines políticos y escpatorias imposibles. Un festín para los psicólogos de todas las corrientes.

Dirigida por Gilles Bourdos (Afterwards, 08) y basada en la novela de Ruth Render, Inquietudes (Francia, 03), sigue a un empleado de la industria de la construcción con visión de arquitecto al natural convertido en asesino y a una joven que vio cómo mataban a su madre, ahora viviendo con su padre y su madrastra, la sicóloga de ambos. Una cámara que va rozando las superficies, el color blanco como pureza y la perfección en contraste con la mediocridad del mundo. La cinta por momentos pierde el foco que vuelve a retomarse, mientras que la música de Alexandre Desplat nos mantiene involucrados.

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