ENTRE OGROS REBELDES Y JUGUETES SENSIBLES

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Son las dos joyitas de sus respectivos estudios, competidores en el jugoso mercado de la animación infantil. Pixar está en la cima seguido por Dream Works, acusando cierta irregularidad en sus propuestas que contrasta con la consistencia de los miembros de la casa Disney (excepto Cars, 06), quienes han sabido cuidar muy bien su franquicia emblemática, incluso arriesgando una tercera producción.
Shrek (Adamson/Jenson, 01) fue todo un suceso, al nivel de Toy Story (Lasseter, 95): por diferentes motivos, las dos películas tienen reservado un lugar de privilegio en la historia de la animación; las segundas partes de ambas fueron continuaciones dignas de la trascendencia de sus predecesoras (Toy Story 2, Lasseter, 99; Shrek 2, Adamson/Asbury, 04) pero Dream Works se precipitó y produjo una fallida tercera entrega (Shrek Tercero, Miller/Hui, 07) de la que sólo se recuerda la secuencia del ataque de las princesas impulsadas por el grito de Robert Plant, dejando un pantanoso sabor de boca entre los fieles seguidores del irreverente y ahora domesticado marido de Fiona.
Y esa condición parece que motivó la realización de Shrek para siempre (EU, 10), buscando volver la mirada hacia los orígenes para tratar de cerrar en forma más honrosa las peripecias de los personajes pobladores de este anti-cuento escrito por William Steig. Dirigida por Mike Mitchell (Súper escuela de héroes, 05), la cinta recurre a la estrategia del mundo paralelo para revalorar la cotidianidad como vehículo hacia la felicidad y aunque se extraña más humor, de alguna manera el daño hecho por su predecesora queda resarcido.
Por su parte, Toy Story 3 (Lee Unkrich, 10) es un dechado de inteligencia fílmica y sensibilidad lúdica: la combinación de humor, acción y drama funciona como una precisa relojería narrativa que hace cómplice al espectador; incluso los homenajes a los maestros Orson Welles (Lotso) y Hayao Miyazaki (Totoro) y las consabidas referencias a otros filmes, se insertan orgánicamente en la trama, impecablemente ligada a sus dos predecesoras.
El aprovechamiento de la 3D aquí sí encuentra un sentido para contrastar el juego entre interiores y exteriores, mientras que el manejo de la perspectiva consigue involucrarnos en las aventuras de los famosos juguetes parlantes, a pesar de tratarse de animación. La pérdida como condición de vida y la dureza de los diferentes ambientes entre los que priva la ley del más fuerte, se contrapone con la posibilidad de cambio y la importancia de la amistad al punto de arriesgar, una vez más, el pellejo (o el plástico, en este caso).

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