POR LA PRADERA AMERICANA

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Tres alternativas sonoras de sendos grupos clave dentro de la llamada corriente Americana.

1. Conor Oberst comparte ahora escritura con Neva Dinova para One Jug of Wine, Two Vessels (Saddle Creek, 2010), reciente disco de Brigth Eyes, su proyecto más conocido, ahora integrado por una gran cantidad de músicos que suenan compenetrados y muy en su papel para permitir que la trémula voz del precoz y prolífico músico, en ocasiones nutrida con efusivos coros, cuente historias de bar en tono de comedia negra y regresos confusos. La capacidad melódica se mantiene, tal como se deja escuchar en Happy Accident, con todo y derivaciones sonoras, y I Know You, seguro éxito radial. Si bien la parte final del álbum puede parecer tópica en el terreno del country, se consigue llegar a buen puerto con la pausada Spring Cleaning.

2. The National asume la sutil presencia de Velvet Underground –neoyorkinos al fin- y con ese tono de áspera melancolía confrontada con elocuentes melodías, los creadores del fantástico Boxer (07), entregan High Violet (4AD, 2010), su quinta obra, ya confirmándose como grupo imprescindible del nuevo milenio. Terrible Love va dominando sigilosamente el espacio sonoro, tal como sucede en las relaciones abrasadoras, por más que busquemos el arrepentimiento: Sorrow coloca al frente la gruesa vocal de Matt Berninger, en la tesitura del Nick Cave más reflexivo o del Leonard Cohen más apesadumbrado, cobijada por la característica instrumentación austera cortesía de las dos parejas de hermanos, por completo puntual, extendida a Anyone´s Ghost y Little Faith. De la obsesión paranoica expresada en Afraid of Everyone, al romanticismo apenas esbozado en Bloodbuzz Ohio, para de ahí entroncar con una segunda parte que cierra con la bella contención de England y la discreta euforia de Vanderlyle Crybaby Geeks. Uno de los discos del año.

3. Ahora como quinteto, Band of Horses, la galopante banda que bien ha recorrido la pradera Americana por sus rutas pop con Neil Young como faro orientador, en su veta más melódica, nos entrega Infinite Arms (Brown/Columbia, 2010), su tercera producción plagada de postales visuales y sonoras, cual sello de la casa, con calculadas intenciones estéticas: melodías limpias, agudeza vocal en todos sentidos, instrumentación entretejida con sumo cuidado e indudable inspiración. Factory, potencial hit radial en la línea de On My Way Back Home, abre el galope a media velocidad, encontrando sus momentos más reconocibles en las baladas (la canción titular, Evening Kitchen, Older, For Annabelle, Neighbor) o en cortes inflamados de espíritu setentero, como Blue Beard y Dilly. Un disco para acompañar la búsqueda de estrellas mientras forman espirales imposibles; eso sí, sin dejar de extender los brazos.

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