JOSÉ EMILIO PACHECO: CONTINUIDAD CERVANTINA

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El 23 de abril es el día en el que se conmemora la muerte del autor de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha; desde hace 35 años, se entrega el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario en nuestra lengua. El elegido ahora fue el novelista, poeta, ensayista, crítico y cuentista José Emilio Pacheco (D.F., 1939), quien lleva más de 50 años habitando la Ciudad de la memoria (86-89) como si fuera El viento distante (63), siempre descubriendo Los elementos de la noche (58-62) y escuchando El silencio de la luna (85-96).
Su sencillez resalta en un medio por lo general carente de ella; su capacidad para mirar la cotidianidad desde un lugar distinto pero asequible y entrañable se ha vuelto Desde entonces (75-78), El principio del placer (72) para quienes lo han homenajeado de la mejor forma posible: leyéndolo. Las batallas en el desierto (81) no pueden suspenderse ahora que vivimos en La edad de las tinieblas (09), aunque te adviertan que Irás y no volverás (69-72), como si fueras La arena errante (92-98) a sabiendas de que Morirás lejos (67).
La fama, ese animal traicionero del que ya nos ha advertido muy bien Gabriel Zaid, no le hace mella porque nunca la ha buscado: cuando llega, como si nada pasara; la modestia sigue siendo tan auténtica como su versátil obra literaria, lúcida y cercana, incorporando tradición y abriendo nuevas rutas para la literatura mexicana.
“Me siento como un actor de cine” ha declarado con motivo de la atención mediática recibida por un par de premios casi consecutivos: Reina Sofía y Cervantes, entregado el viernes pasado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, pequeña y vivaz ciudad llena de gente con los brazos abiertos y en donde No me preguntes cómo pasa el tiempo (64-68).
Nada más al entrar en el hermoso recinto uno ya se siente diferente, entre inspirado e intimidado. La estructura arquitectónica y la madera que lo cubre todo, le da un aire de tradición y de reconocimiento. Verlo vacío invita a la recreación de lo que ahí ha ocurrido con otros compatriotas galardonados –Paz, Fuentes, Pitol- y a la imaginación para trasladarse a la época en la que la Universidad tomaba rumbo y el conocimiento se diseminaba por los aires. Estar presente en la ceremonia debe ser toda una aventura atemporal.
“El premio Cervantes debe ser para Cervantes”, ha dicho el autor de La sangre de Medusa y otros cuentos marginales (59)… aunque él es un digno destinatario, sin duda, y gran continuador cervantino.

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