DOS DE VIKINGOS

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Desde una perspectiva poco común, exceptuando Erik el vikingo (Jones, 89), para la forma en la que se había retratado esta cultura en el cine – Los vikingos (Fleischer, 58)- nos llegan a cartelera un par de películas que se desarrollan en sendas aldeas nórdicas que viven tiempos de cambio, ya sea en su relación con enemigos ancestrales o ante la presencia de un extranjero que trae consigo una batalla particular. La primera para toda la familia con lograda animación y la segunda en el terreno de la fantasía con ¡alienígena incluido!
Basada en el primer libro de la serie escrita por Cressida Cowell y dirigida por la dupla DeBlois / Sanders, Cómo entrenar a tu dragón (EU, 10) es una vistosa historia adolescente de un vikingo en busca de una transformación cultural para su pueblo, particularmente en la forma de relacionarse con los dragones, considerados enemigos naturales por los atavismos de siempre.
Si bien los personajes no alcanzan a ser memorables y se extraña el humor de la antecesora de la casa –Monstruos vs. Aliens- la historia encuentra un adecuado desarrollo, evitando triunfalismos del todo fáciles (checar el epílogo) y proponiendo con acertada construcción narrativa sus temáticas básicas: relación paterna filial, rituales de iniciación a la adultez, tolerancia a lo diferente y ruptura de tradiciones culturales que se suponen parte de la propia naturaleza, como para que no se anden cuestionando.
Notables son algunas estampas y secuencias en su diseño animado y fotografía, sobre todo las que incluyen agua o fuego; la 3D aquí sí colabora para la sensación de vértigo o de liberación, según sea el caso y tanto la combinación de colores como de escenarios, aprovechando la propia cultura vikinga, en particular sus tradicionales embarcaciones, permite que el concepto visual encuentre coherencia tanto estética como funcional para la narración de las peripecias del joven protagónico.
Dirigida por Howard McCain y titulada acá con torpe intención mercadológica, La tierra media y el tesoro del dragón solitario (Outlander, EU, 09), sobre todo porque ni se desarrolla en el sitio imaginado por Tolkien, ni hay un tesoro, ni vemos un dragón y el monstruo en cuestión no está solito, no acaba resultando tan abominable como podría parecer de primera impresión.
No es que estemos ante un clásico del género cienciaficcional/fantástico ni mucho menos, pero ciertas secuencias solventemente montadas, las escenografías que recrean la aldea, una fotografía que juega con las sombras, el subtexto de venganza y las actuaciones eludiendo el acartonamiento, se constituyen como tablas de salvación para hacer llevadera ésta al fin convencional película que nada tiene que ver con El señor de las anillos.

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