ALGUNOS DE LOS DISCOS DEL 2009

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Recorrido fugaz por algunos de los sonidos de este difícil año que esperemos hayan funcionado como tabla de salvación en los momentos complicados. Escuchemos.
DAMAS PRIMERO
Las gemelas Tegan & Sara armaron su fiesta personal con Santihood, transportándonos a los años ochenta casi sin darnos cuenta, para seguirnos de largo con La Roux y su álbum homónimo al alimón con Rihanna y su Rated R, recordándonos a Grace Jones, y con Lily Allen firmando It´s Not me, It´s You, capaz de ubicar en quién recae el fracaso de la relación sin filtro alguno. El folk en femenino tuvo en To Be Still de Alela Diane, una necesaria escucha.
Por sonidos más cercanos a un engañoso pop de ensoñación y aires indie, St. Vincent grabó Actor, segundo álbum de esta mujer con dulce fachada pero sensaciones torrenciales, al tiempo que Ida Maria hacia lo propio con Fortress Round My Heart. PJ Harvey no quita el dedo de la llaga, como lo muestra en A Woman A Man Walked By, ahora en compañía de John Parish y Karen O le puso música, junto a Carter Burwell, a la nueva película de Spike Jonze conocida como Where the Wild Things Are, basada en el clásico infantil.

LOS VIEJOS VAN AL CAMPO
Levon Helm regresa con muy buen ánimo y abriendo las puertas de su casa vía Electric Dirt, con fuerte aroma a campo entre el porche y los sembradíos recién abonados, como bien se expresa en la portada. Por esos rumbos, John Fogerty hace lo propio con The Blue Ridge Rangers y sus invitados de lujo, entre quienes está Bruce Springsteen, también activo en el año con Working On A Dream, cual mensaje esperanzador del nuevo rumbo que puede ir tomando su patria.
Y si de actividad se trata, ahí está Bob Dylan para mostrar que la edad en efecto es mental: Together Through Life y hasta un disco navideño quedan como evidencia más bien optimista del gran poeta del rock. Iggy Pop y su Préliminaires contrasta con las recientes andanadas de los Stooges; Steve Earle sigue en interminable plan creativo como lo muestra Townes y el viejo Van Morrison revivió su obra cumbre en Astral Weeks Live At the Hollywood Bowl. Elvis Costello, prolífico a más no poder, levantó la mano con Secret, Profane & Sugarcane.

DE LAS ISLAS BRITÁNICAS
En los terrenos del britpop, Doves confirmó su constancia creativa con Kingdom of Rust y los Manic Street Preachers conservan su ánimo contestatario plasmado en Journal For Plague Lovers. En la misma línea pero más tendientes al punk, Gallows presentó Grey Britain. Con mucho eclecticismo y anotando seis puntos, Brakesbrakesbrakes se la jugaron en cuarta oportunidad con Touchdown, mientras que Franz Ferdinand no la tuvo fácil con Tonight: Franz Ferdinand, álbum que dividió opiniones.
Los Arctic Monkeys se pusieron pensativos en Humbug y a Muse le dio por la grandilocuencia con The Resistance. The Cribs han mostrado que no son flor de un día con Ignore the Ignorant que hasta consejo incluye y The Prodigy, buscando salir de sus recuerdos noventeros, acuñó Invaders Must Die. El regreso del año corrió por cuenta de Madness a través de The Liberty Of Norton Folgate, obra conceptual en la que los chicos ska muestran que todavía no lo habían dicho todo.

LAS INSTITUCIONES
U2 regresó con bríos renovados; No Line On the Horizon (disco del año para la Rolling Stone) es su mejor obra desde Achtung Baby: era cuestión de hacerle caso al tándem Eno/Lanois. The Flaming Lips se vuelve a desatar con el prolongado y laberíntico Embyonic. Sonic Youth no se cansa y sigue moldeando el ruido para hacer arte: como muestra, ahí está The Eternal. Pet Shop Boys y Depeche Mode, sin entregar lo mejor de sus carreras, perpetuaron su entrañable presencia con Yes y Sounds of the Universe, respectivamente.
La Dave Matthews Band, en plan festivo y nutritivo, nos ofreció Big Whiskey and the Groogrux King, recuperándose de su anterior obra en estudio y sobrellevando la pérdida del saxofonista LeRoi Moore. Incansables: Yo La Tengo vía Popular Songs y Pearl Jam a través de Back Spacer, siguen mostrando convencimiento, talento y necesidad de expresarse, como si hubieran debutado apenas ayer. En busca de progresiones extraviadas, The Mars Volta con Octahedron, Tortoise con Beacons of Ancestorship y Dream Theater con Black Clouds & Silver Linings, lanzaron sonoridades interminables de consistencia a punto.

CAMINOS ALTERNATIVOS ENTRONCANDO CON EL MAINSTREAM
El dúo noruego Kings of Conveniencie firmó su Declaration of Dependence, álbum cuya inspiración parece encontrarse en la quietud de los cuerpos de agua para, guitarra en mano y coordinación impecable, convocarnos a formar parte de la susodicha declaración; por los mismos lares nórdicos, Röyksopp hizo lo propio con Junior, cimentado en una electrónica de sofá. Antony and The Johnsons demostró con The Crying Light que en efecto, hasta la posible iluminación vital derrama lágrimas que se pierden en la oscuridad de la melancolía extrema. Vetiver, como tranquilizando el drama, nos regaló Tight Knit.
Manteniendo un fresco segundo aire, Dinosaur Jr. firmó Farm y Built To Spill grabó There Is No Enemy, sólidas obras de continuidad en el resbaloso terreno del indie. Mike Snow con álbum homónimo asume cierta desfachatez en contraste con The Mountain Goats, quienes incursionaron en territorios bíblicos con The Life of the World to Come. Richmond Fontaine continuó su narrativa musicalizada en We Used To Think the Freeway Sounded Like a River y entre la licantropía y el deseo, Eels entregó Hombre lobo. Devendra Banhart, cual postmoderno trovador psicodélico, se hizo presente con What Will We Be.
The Avett Brothers ingresó al mainstream conservando estilo con I and Love and You; Metric nos ayudó a escaparnos un poco de la realidad con Fantasies, mientras que Wolfmother siguió en el revival de melena esponjada con Cosmic Egg, incluyendo una portada que ya envidiaría el hábil publicista de famosa empresa del ramo. Green Day le dio continuidad al retrato de su sociedad postmilenarista en tiempos aciagos con 21st Century Breakdown y el power trío White Denim, vía su segunda entrega titulada Fits, se erige como una promesa en pos de realidades.

SOLISTAS Y SUPERGRUPOS
Varias aventuras emprendieron algunos líderes sin sus respectivos grupos, como buscando expresar emociones particulares: Julian Casablancas, sin ser del gusto generalizado, estampó Phrazes for the Young; Graham Coxon se mantuvo en The Spinning Top; Jim O’Rourke, sin Sonic Youth, presentó The Visitor y Paul Banks, bajo el seudónimo de Julian Plenti Is…, entregó Skyscraper. El sobreviviente Ian Brown marcó ruta en My Way, conservando una sólida trayectoria solista fuera de los reflectores.
Este año volvió la tendencia de conformar asociaciones de nombres conocidos que usualmente resultan efímeras aunque disfrutables mientras duran. Them Crooked Vultures, formado por Dave Grohl (Foo Fighters) John Paul Jones (Led Zeppelin) y Josh Homme (Queens Of The Stone Age), presentaron álbum homónimo; por su parte, Chickenfoot, integrado por los ex-Van Halen Sammy Hagar y Michael Anthony, Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) y Joe Satriani, le entró a esto de unir fuerzas disímbolas con disco ídem.
Monsters of Folk, conformado por Jim James de My Morning Jacket, Conor Oberst y Mike Mogis de Bright Eyes y M. Ward (quien también entregó Hold Time), armaron un disco del tamaño de su pretencioso nombre; Alison Mosshart (The Kills), Dean Fertita (Queens of the Stone Age), Jack Lawrence (The Racounters y The Greenhornes) y el mil proyectos Jack White, formaron The Dead Weather de cuya sinergia creativa surgió el jugoso Horehound.

MÚSICAS NEGRAS
Jay-Z terminó la trilogía que iniciara con uno de los imprescindibles de la década vía Blueprint III, al tiempo que Raekwon presentaba Only Built 4 Cuban Linx, PT. II y The-Dream planteaba disyuntiva clave con Love vs. Money. Con Tongue N’ Cheek, su cuarto disco, Dizzee Rascal sólo confirma su estatus como figura predominante del rap del nuevo milenio, desde las húmedas aceras londinenses.
A manera de puentes entre las músicas africanas y sus posteriores desarrollos en occidente, K´Naan con Troubadour y Raphael Saadiq con The Way I See It, nos obsequiaron sendas colecciones de sonidos enclavados en las tradiciones sonoras con miras hacia algún futuro aún por desentrañar. Y desde Malí, Bassekou Kouyate And Ngoni Ba, recoge toda una tradición de grandes músicos y la pone al servicio de I Speak Fula.

LAS 29 MEJORES SORPRESAS
Algunos gratos momentos en un año olvidable en lo general, excepto por obras como éstas, entre otros recuerdos salvadores.
Phoenix nos invita con su cuarto disco, Wolfgang Amadeus Phoenix, a darnos una lúdica vuelta por una exposición artística plagada de un pop incisivo, con pasajes de intención hipnotizante y acaso inspirándose en los clásicos a los que alude en el título y en la canción inicial. Dirty Projectors entran a las grandes ligas con Bitte Orca, una atrevida colección de estilos, juegos vocales, cuartetos de cuerdas y un escapismo que los hace inclasificables. The Horrors con su opus 2 Primary Colors (disco del año según NME) se apunta como la banda oscura a la que habría que seguirle la huella.
Otra vez la fauna: amigos de Paul Simon, Grizzly Bear con su Veckatimest lanza sus trayectorias entre la estética americana, pasajes progresivos y sensibilidad a la altura de las emociones vividas, como Merriweather Post Pavilion, firmada por Animal Collective, sin duda la manada más importante de la década (disco del año para MOJO, SPIN y UNCUT). Para cerrar el mundo de las bestias melódicas, vale la pena prestar orejas a Dark Days / Light Years de los Super Furry Animals como para encontrar la luz en estos días eclipsados y a Wild Beasts con Two Dancers, dándole rienda suelta a sus exploraciones acerca del sexo y derivados.
Florence and the Machine con Lungs y Bat for Lashes con Two Suns, se constituyeron como dos joyas femeninas de inspirada construcción melódica, pasión desgranada en cada vocalización y una expresividad que sólo las mujeres son capaces de manifestar. Y ya en plena madurez artística, Yeah Yeah Yeahs alcanzó una cima con It´s Blitz! y la sensibilidad de Camera Obscura encontró ideal manifestación con My Maudlin Career.
Tres debuts como para escucharse al filo del fin de la fiesta y como para empezar a sobrellevar el calvario posterior: Album, firmado por Girls; To Lose My Life de White Lies y XX de The XX. Y en el nudo de la convivencia, Kasabian ofrece un salto cualitativo con West Ryder Pauper Lunatic Asylum (disco del año de acuerdo a Q); tanto Fever Ray y su disco ídem como Fuck Buttons con Tarot Sport, exploran las posibilidades de la electrónica a la mano, mientras que los también debutantes The Phantom Band nos provocaron bienvenidas emociones como del más allá con Checkmate Savage.
Wilco permanece bien y de buenas, para fortuna de la música popular: ahora nos regala el estupendo Wilco (The Album), consistente obra que los confirma como una de las bandas claves del nuevo milenio. Viejos amigos que hicieron de las suyas en Pulp, Richard Hawley con Gutter Truelove y Jarvis Cocker con Further Complications, sostienen una muy apreciada trayectoria solista, el primero desde la estética sesentera y el segundo con la capacidad para darle una mirada ácida a nuestra sociedad y sus necedades.
El también actor Mos Def, vía Ecstatic, entregó el disco de hip hop del año y Mastodon hizo lo propio en terrenos pesados con Crack the Skye, aventura por la Rusia zarista entre osos y hechiceros cercanos al poder. Y ya que estamos en densidades mayores, Sunn O))) y su obra Monoliths & Diamonds nos sumergieron en regiones underground de las que es casi imposible salir ileso.
Neko Case no deja de tomar vuelo y elevarse por las atmósferas del country alternativo como lo expresa en Middle Cyclone, justo como lo hace The Low Anthem, enclavado en la corriente Americana, tal como se deja escuchar en Oh My God, Charlie Darwin, en cuyo título lleva la ironía. Bill Calahan, ya sea solo o bien acompañado, parece no cansarse de derrochar talento como lo confirma Sometimes I Wish We Were An Eagle.
Levantando arenas sonoras del Sahara, Tinariwen edificó Imidiwan: Companions, fascinante mosaico auditivo que confirma la riqueza de las diferencias cuando se pueden compartir. Amadou & Mariam continuaron mostrando mucha lucidez y hospitalidad con Welcome to Mali.

Buen año. Que haya más música que crisis en el próximo.

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