SECTOR 9: ANALOGÍA SEGREGATIVA

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Los procesos migratorios y los consecuentes acomodos sociales con la llegada de grupos raciales y sociales distintos están siendo uno de los factores definitorios del siglo XXI; de la capacidad que tengamos como especie para aprender a convivir en circunstancias nuevas, problemáticas las más de las veces, depende en buena medida nuestro futuro. Cuando la tolerancia deje de ser una palabra hueca y las diferencias nos reconcilien con la maravilla de la diversidad, habremos dado un decisivo paso hacia la consolidación de la humanidad como concepto rector de nuestro diario peregrinar.
Escrita junto a Terri Tatchell y dirigida por el debutante sudafricano Neill Blomkamp, bien arropado por Peter Jackson quien pareciera verse en el espejo hace veinticinco años, Sector 9 (District 9, Nueva Zelanda-EU, 09) se despliega como un filme configurado a partir de un cruce de géneros: del falso documental, en forma de seguimiento televisivo con su característico sello amarillista, al cine político para entroncar con la propuesta de acción con todo y héroe caído pero nunca derrotado, con la flor del romanticismo en mano hasta el final.
Una nave espacial se ha posado en el cielo terrestre como una ciudad flotante muerta. Al entrar a ella, los humanos descubren a una serie de criaturas parecidas a crustáceos humanoides que pronto son ubicados en una colonia hasta que, veinte años después y tras las protestas sociales, se instrumenta un plan para reubicarlos aún más lejos. El responsable, un burócrata de buenas intenciones felizmente casado (Sharito Copley) y cuyo siniestro suegro es el jefe, se convertirá en el protagonista de una aventura que, como dice uno de los entrevistados, nadie vio venir.
El tono satírico se desprende desde el inicio, cuando se aclara que ahora los extraterrestres no llegaron a ninguna ciudad de Estados Unidos a diferencia de lo que siempre ocurre en este tipo de películas. Y ahí está, claramente, la analogía: no es casualidad que la película se desarrolle en Johannesburgo y que varios de los testimonios iniciales en contra de los langostinos –nombre despectivo que se les daba a los extraterrestres- provengan de gente de raza negra. Letreros discriminatorios y menosprecios continuos: un buen caldo para la violencia.
La lógica de las armas que aún permea las relaciones internacionales se refleja de manera precisa, así como el papel que juegan potencias mundiales y organismos multilaterales frente a conflictos en apariencia caseros. Un gobierno cuyo límite es la presión de afuera –pura imagen- pero que no se detiene para experimentar de manera clandestina o hacer lo que sea necesario para perpetuar su control, confiando más en su brazo militar que en el político, ciertamente convertido en peligrosa tenaza, literalmente.
Dentro del mencionado Distrito, la organización social está bien establecida, con las acostumbradas injusticias del caso: un grupo de mercenarios lidereados por un loco en busca de poder inconmensurable vía brujería, controla a la población, en este caso los langostinos, por medio del abasto de comida para gato, una especie de droga para los llegados del espacio veinte años atrás. Las fuerzas externas dejan que el estatus quo se mantenga, siempre y cuando no den problemas más allá del campo de refugio.
Pero lo que menos se puede tolerar es el mestizaje: ante quien parece totalmente diferente, qué importa exterminarlo, no hay culpa alguna en las mentes obtusas; pero quien tiene una parte de tu propia especie, puede generar sentimientos encontrados: es un traidor, una nueva posibilidad de convivencia o, por supuesto, el arma que todos estaban esperando, al más puro estilo Iron Man (Favreau, 08) sin contar con un paternal e inteligente Enemigo mío (Petersen, 85) que podría salir al quite para evitar un Infierno en el Pacífico (Boorman, 68) justo en Tierra de nadie (Tanovic, 01).
Cámara inquieta e inquietante que aprovecha la propia estructura narrativa para combinar tomas panorámicas con intromisiones a las vísceras de la colonia, sin escatimar en la presentación de fluidos de todo tipo, carnes destazadas y cuerpos que estallan con estética de videojuego y hasta del cine de serie B, le da frenética forma a este futurista aviso de cómo se pueden presentar las condiciones en los países desarrollados.
Letreros cual reportaje de pandemia van acompañando las secuencias editadas en forma enérgica, cambiando el punto de vista y la perspectiva de quién cuenta y qué se cuenta para, como suele suceder, ocultar la verdad en beneficio de la población, no vaya ser que no pueda con ella.

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