LOS FANTASMAS DE SCROOGE: DIGITALISMO SOBRENATURAL

by

Si uno no es capaz de ver más allá de su nariz, por más prominente que ésta sea, ahí están los fantasmas para abrirnos los ojos: un pasado que se ha olvidado y que, después de todo, era prometedor con todo y la mujer de sus sueños; un presente que se ignora por completo y con el que se está en perpetua guerra, y un futuro que, en consecuencia, aparece aterrador.
Del maniqueo, si se quiere, pero sin duda seminal escrito de Charles Dickens, han llovido versiones que lo han adaptado de manera directa o utilizan su fórmula para referirla a otras realidades, como el caso reciente de la fallida Los fantasmas de mi Ex (Waters, 09). La transformación personal puede, en efecto, darse de dos formas: a partir de una experiencia de fuerte impacto que implica una completa ruptura o, las más de las veces, a través de un largo proceso de auto convencimiento basado en la humildad y la capacidad para poner en marcha el cambio.
Basada con fidelidad en A Christmas Carol y dirigida por Robert Zemeckis, aún atrapado en un digitalismo obsesivo (Expreso Polar, 04; Beowulf, 07), Los fantasmas de Scrooge (EU, 09) es un clásico ejemplo de cómo la forma le ganó al fondo: llega un momento en el que uno está tan embebido en la apuesta visual que lo que suceda con el viejo misógino y personajes que lo rodean, pasa a un segundo término. Las emociones generadas están más cerca del susto que de la reconversión de un tipo que parecía irse a la tumba despreciando a todos.
La animación funciona mucho mejor en las escenografías y en los vuelcos sobrenaturales que en el trazo de los personajes, a quienes se les resta cierta gestualidad. Impresionante el inicio con esa cámara recorriendo la ciudad y contrastando la felicidad navideña con la amargura del personaje central retirando las monedas del cadáver de su socio; después, con una eficaz elipsis, nos vamos siete años después, en la misma época del año, justo cuando la dura lección va a comenzar.
Aquí es donde empieza el efectismo: las imágenes de los fantasmas y las tormentas que provocan no tienen desperdicio. Los niños pequeños y no tanto –uno también da sus saltos en el asiento- seguramente se impresionarán con estas secuencias, particularmente con el fantasma del susodicho socio y del que corresponde al futuro, en forma de sombra acechante y omnipresente que no le da respiro al maltrecho avaro, ya a estas alturas del curso intensivo acerca de cómo transformarse en una noche, bastante ablandado.
Con la presencia –es un decir- de Jim Carrey, Gary Oldman, Colin Firth, Robin Wright Penn, Bob Hoskins, Fay Masterson y Fionnula Flanagan, entre otros, la cuota vocal estaba asegurada: se trata de un elenco con la capacidad suficiente para encarnar –es otro decir- a los famosos personajes de la novela; el doblaje en español también cumple con las exigencias dramáticas de la historia. No obstante, la actuación, dado el formato, se limita a la vocalización aunque reconozcamos algunos de estos rostros.
La banda sonora, aprovechando también las más recientes innovaciones en el campo, redondea esta experiencia sensorial –sobre todo en 3D- tanto con los efectos como con la música de Alan Silvestri, que sin duda hubiera sido más completa si los personajes y desarrollo argumental fueran desarrollados con más alma y en forma más cercana con el espectador, sin descuidar el contexto en el que se desarrolla el relato, apenas esbozado en el prometedor arranque.

Anuncios

Etiquetas: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: