STAR TREK: ORÍGENES

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Los trekkies no podrán quejarse por la undécima entrega fílmica de la serie de culto; si acaso, podrán reprochar que a partir de ella, su cofradía ya no será tan exclusiva y jóvenes recién llegados se sumarán al gusto por la nave Enterprise y sus aventurados recorridos por la última frontera, siempre de uniforme impecable, una seriedad a prueba de asteroides y peinado de una resistencia que sólo se entiende con el uso de algún gel aún no inventado.
star trekConservando el estilo retro a través de diversas estrategias visuales como el empleo reducido de la famosa pantalla verde o azul, diseño de arte respetuoso de su origen televisivo, manejo de texturas por momentos deslavadas y predominio del uso de locaciones naturales o reconstruidas en el set, el film no descuida el objetivo de atraer nuevos adeptos: de ahí la inteligente idea de plantear una especie de precuela que permita a quienes nunca habían visto la historia, engancharse sin demasiado problema a estas aventuras por el infinito y más allá.
Así, tras diez películas, seis series y toda una constelación mítica dentro de la cultura pop, el especialista televisivo ya entrado en la lógica del blockbuster veraneigo J.J. Abrams (MI:3, 06), retoma la idea sesentera de Gene Roddenberry y presenta, así nomás, Star Trek (EU, 08), un poco a manera de complemento argumental de los orígenes de la tripulación base y, desde luego, de la mítica pareja protagónica aquí en sus años mozos de rebeldía aún por canalizar: un muchacho pendenciero –dirían nuestros imaginativos políticos- cuyo padre terminó como héroe (Chris Pine); un joven mestizo (humano/vulcaniano) de oreja inconfundible en plena búsqueda de identidad (Zachary Quinto).
La aventura aquí desarrollada, con juegos temporales y desdoblamientos personales, coloca al bando justiciero frente al romulano Nerón (Eric Bana), un resentido viajero de lugares y épocas que busca ajustar cuentas con el sesudo orejón, siempre luchando contra su capacidad de sentir. Abrams articula de manera pertinente la acción con el trazo de los personajes, confeccionando un discurso lo suficientemente equilibrado para que el espectador se conecte con la historia, más allá de ciertas secuencias de inútil lucimiento. spock
Un ruso, una afroamericana –motivo de conflicto entre los dos personajes principales-, un japonés, un inglés, un estadounidense –faltaría el latino para terminar de ser políticamente correctos- complementarán el equipo central para ir regando la paz por todos los confines del universo y, faltaba más, ir aplacando a los revoltosos, normalmente feos, de ceño fruncido y no muy buenas maneras.
Una película que sabe ubicarse en su contexto e intención, mostrando conocimiento de lo que esperan las audiencias diversas: los viejos seguidores, sus hijos influenciados por ellos y los que no esperábamos mayor cosa del film. Como para rescatar el poco prometedor verano cinematográfico y saludarnos con la clásica mano extendida y dedos abiertos en parejas.

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