HARVEY MILK: ANIMAL POLÍTICO

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Para la mayoría de las personas, llegar a los cuarenta y darse cuenta de que no han hecho nada de lo cual sentirse orgullosas en sus vidas, puede ser más bien deprimente. Pero para algunos otros, los menos, esa toma de conciencia funciona como un impulso dinamizador: asumirse tal cual uno es, encontrar una causa más allá de sí mismo y luchar por ella, aunque en ello se ponga en riesgo la existencia, pareciera un camino al fin liberador.
Harvey Milk 2Dirigida con pulcritud y corrección política por Gus Van Sant, moviéndose entre el cine independiente –Elefante (03), Last Days (05), Paranoid Park (07)- y el mainstream -Mente indomable (97), Descubriendo a Forrester (00)- con soltura inigualable, e interpretada con la convicción acostumbrada por Sean Penn, Harvey Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza (EU, 08) es una cuidada biopic capaz de presentarnos al personaje y sus circunstancias de manera cercana y directa, empleando tanto el flashback como el flashforward (el empleo de la prolepsis anunciando su muerte al inicio y cuando está grabando en solitario) para construir estados de ánimo y permitir la sensibilización acerca de la importancia de este hombre, animal político al fin, en cuanto a la lucha por los derechos humanos, particularmente de los homosexuales.
Algunas líneas de discusión como el papel de la familia como sustento social, la discriminación laboral por la orientación sexual –particularmente en el campo de la docencia- y la débil frontera entre la privacidad y los asuntos públicos (por aquello de la invitación a salir del clóset), se van soltando a manera de trasfondo y como banderas tomadas por Milk, ya en absoluta transformación tras asumirse plenamente como luchador social y homosexual, moviéndose hábilmente en los fangosos terrenos de la política. La clave radicaba, según él, en que los homosexuales se mostraran, levantaran la mano y demostraran poder de convocatoria.
Con envolvente recreación de la época, tanto desde el punto de vista social como de diseño de arte, y resolviendo con acertados recursos visuales y narrativos las diversas secuencias –ralentización, posición y distancia de la cámara, división de pantalla, montaje paralelo- Van Sant reconstruye, quizá en forma un cuanto tanto aséptica, la vida de este hombre que en el San Francisco de los setenta, ya con el sueño hippie moribundo y antes de la aparición del fantasma del SIDA, devolvió parte de la confianza perdida en la democracia, la igualdad y las libertades individuales, más allá de posturas insostenibles por ignorantes, aún con ecos treinta y cinco años después.
Tanto el guión, estructurando situaciones y diálogos que contribuyen a configurar al persHarvey Milkonaje en lo íntimo y en su accionar público, como las interpretaciones de soporte tras acertado casting, refuerzan la premisa base del film. Este retrato de Harvey Milk, hombre que gustaba de la ópera al igual que el personaje de Tom Hanks, se suma a cintas como Filadelfia (Demme, 94) y Secreto en la montaña (Lee, 06), que desde los grandes estudios abordan temáticas homosexuales, no exentas de miradas románticas sublimadas.

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