WALL-E: REVERDECER EN LA BASURA

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Ahí estuvimos, puntuales a la cita, para ver la película más esperada del verano. Nada fácil, sobre todo para los pequeños, estar los primeros minutos frente a un robot pepenador que deambula solitario por una ciudad terrícola, apenas acompañado por una cucaracha y un video de Hello Dolly! (69). Pero la introducción es de una sorprendente emotividad y belleza plástica, aún en una escenografía escalofriante, polvosa y descolorida. Desde ahí, Wall-E se convierte en nuestro entrañable amigo.
Comandada por Andrew Stanton (Monsters Inc, Buscando a Nemo), elemento clave de Pixar, Wall-E (EU, 08) es una básica, inocente y conmovedora historia de amor con enfoque ecológico/cibernético, bien aderezada a partir de cierta dosis de cinefilia, que va de Wallace & Gromit (recordar el robot del corto del viaje a la luna) y Corto circuito (Badham, 86) a las claras referencias a 2001: Odisea del Espacio (Kubrick, 68) y Alien (Scott, 79), con todo y la voz de Sigourney Waever como la computadora de la nave.
La tarea de elegir ciertos objetos –el estuche en lugar del anillo, la colección de encendedores, focos iluminadores y el cubo de Rubik, entre otros- recuerda al personaje de Robin Williams en El pescador de ilusiones, capaz de encontrar cierta belleza aún en la basura. Justo esta mirada poética se abre paso en un contexto deprimente, predominando en una historia casi ausente de villanos, fuera de la computadora kubrickiana y de la propia abulia de la especie humana.
Los gestos y las acciones suplen de manera eficaz y sensible a los diálogos. Sabemos que en los romances que se precien de serlo importa menos lo que se dice que lo que se demuestra: así Wall-E conocerá otro mundo, literalmente, cuando llega a la Tierra una hermosa y decidida robotina de piel blanca, forma de huevo, expresivos ojos azules y un carácter fuerte: justo lo que necesitaba el buenazo de nuestro héroe que seguía haciendo su vida, ya con cierto grado de individualidad, sin saber bien a bien a dónde se estaba dirigiendo.
Además de la mirada a un mundo en el que la especie humana no aparece como la invencible que se ha creído –como en las recientes El final de los tiempos (08) y Soy leyenda (07)- se desliza una frontal autocrítica al estilo que han adoptado algunos sectores estadounidenses –y de otras partes, claro- que pasan la vida sentados frente a un televisor deglutiendo cuanta chatarra se les ponga enfrente. El contraste entre ambos mundos es elocuente: un plastificado y artificialmente colorido paraíso, frente a un inhóspito sembradío de basura en el que, sin embargo, puede crecer una pequeña planta, como aquella de Alerta solar (Boyle, 07).
Las peripecias del pequeño robot por seguir a su amada eran atisbadas puntualmente por mis pequeños acompañantes: José Pablo, el minicrítico, lanzaba preguntas entre angustiado y emocionado; el pequeño Max se mantenía expectante con mirada fija y segura, y el diminuto Gonzalo, ante las tribulaciones del metálico protagonista, soltó una que otra lágrima pronto cambiada por una salvadora emoción: en efecto, la película se vive y consigue inmiscuirse en nuestros sentimientos.
Las secuencias románticas, como la del encendedor, la de la danza espacial y el toque de manos, son capaces incluso de conmover a los gordazos quienes empiezan a redescubrir que no hay nada en las pantallas que se pueda comparar con el contacto humano. Cual cómico del cine mudo, Wall-E demuestra tener un corazón dispuesto a latir para siempre por su Eva, la robotina que pronto descubre su disposición para querer, además de lanzar disparos mortíferos.
Junto a la excelsa animación plagada de detalles y contrastes, la banda sonora se desgrana entre instrumentaciones alusivas y canciones clásicas, entonadas por Louis Armstrong, entre otros; Peter Gabriel, mientras tanto, se encarga de cerrar y los créditos finales, que se acompañan de artísticos dibujos representativos de diversas tendencias, aluden a las formas en que la humanidad va recuperando la idea de comunidad en un planeta en plena recuperación ecológica. ¿Utopía rescatadora? Por supuesto. Estamos frente a la película del verano. 
Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

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