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JESUCRISTO FÍLMICO

14 Abril 2009

Desde diferentes perspectivas, la figura de Jesús ha sido representada a lo largo de la historia del cine. Entre obras apegadas a los Evangelios que confundieron solemnidad con acartonamiento y propuestas con una visión muy personal, se han recorrido los pasajes de esta singular vida que trastocó para siempre el pensamiento del mundo. Independientemente de las creencias, el peso histórico de este personaje es incuestionable y el cine lo ha retomado en diversas ocasiones con o sin el beneplácito de la jerarquía eclesial católica.

 

LOS PRIMEROS AÑOS

La primera aparición de la figura de Cristo en el cine se le adjudica a La Passion du Christ (Léar y Basile, 1897), con intérpretes improvisados; este mismo año, se realizaron varias cintas en diferentes países que no han logrado resistir el paso del tiempo. Fue el agente de los hermanos Lumiere en Italia, Vittorio Calcina, quien realizó antes del nuevo siglo la más importante versión fílmica sobre Jesús de aquellos años: Pasion Pathe (1899), un corto de diez minutos en el que se recuperaban sobre todo las última horas de la vida de Cristo, incluyendo el andar sobre las aguas a través de un logrado efecto visual para aquellos años.

Ya en los novecientos, aparecieron Le Christ marchant sur flots (George Mèliés, 1900), La Passion du Christ (1902) y La vie du Jesús (1904), ambas de Ferdinand Zeeca, así como Le Baiser de Judás (Armand Bour, 1913). Fue en 1915 cuando se intentó realizar una película más panorámica, abarcando desde la infancia hasta la resurrección: Cristo (Liguoro y Antamoro, 1915).

Intolerancia (1916), trascendente obra maestra de Griffith que a través de un notable desarrollo del lenguaje cinematográfico, planteó en cuatro episodios de diferentes épocas la maldad humana: uno de ellos se refirió a la condena de Jesús de Nazareth, ejemplificando, precisamente, la falta de un valor esencial para la convivencia: la tolerancia. Los otros pasajes, una huelga obrera en Chicago durante 1912, la caída de Babilonia y la sangrienta noche de San Bartolomé, se fueron articulando en un sorprendente montaje paralelo que influyó de manera notable en el desarrollo de muchas cintas posteriores.

I.N.R.I (1923) de Robert Wiene, continuó con la tradición al igual que La vie de Jesus de Marcel Gibaud y Ecce Homo de Walter Rilla, ambas filmadas en 1936. Uno de los precursores del cine como espectáculo fue Cecil B. De Mille (Los diez mandamientos, 23), quien utilizó la Biblia como fuente argumental; entre sus producciones se encuentran Rey de Reyes (The King of Kings, 1927) y El signo de la Cruz (The Sign of the Cross, 1932), cuyas propuestas visuales estaban más cerca de la iconografía tradicional que de una auténtica recreación de aquellos tiempos.

 

CONTRASTES

Para la década de los cincuenta, Henry Koster filmó, inaugurando la tecnología del cinemascope, La túnica sagrada (The Robe, 53) sobre los primeros días del cristianismo y desde Suiza llegaba Barrabás (Barabbas, 53) de Alf Sjöberg. Por su parte, Gólgota (Duvivier, 56) se apegó a la versión de San Mateo. En los sesentas, Nicholas Ray hizo un remake de Rey de Reyes (61) y Richard Fleischer de Barrabás (62). También se produjo La historia más grande jamás contada (63) de George Stevens, otra adaptación sobre los Evangelios con reparto multiestelar.

El controvertido Pier Paolo Passolini, dirigió El Evangelio según San Mateo (64), film orientado más hacia un enfoque popular y con un dejo de ideas marxistas que rompieron con el molde tradicional de la figura de Jesús. La irreverencia volvería con la parodia de los comediantes de Monty Python titulada La vida de Brian (79) de Terry Jones y con Jesucristo Superestrella (Jewison, 73), adaptación hoy inocua de la rock ópera compuesta por Tim Rice y Andrew Loyd Weber.

En España, bajo el auspicio franquista, apareció El proceso a Jesús (Sáenz de la Heredia, 73) como una respuesta a las supuestas blasfemias de la anterior cinta, mismas que volvieron, según la jerarquía católica, con La vida sexual de Jesús ( Dinamarca-Inglaterra, 73). Aunque de manera tangencial, las versiones de Ben-Hur, Quo Vadis? y Espartaco también se han acercado a la figura de Jesús, al igual que la española Marcelino pan y vino (1954) de Ladislao Vajda, El Judas de Ignacio F. Iquino y Cristo se detuvo en Éboli (79) de Francesco Rosi, basada en la novela de Carlo Levi.

El cine mexicano también le entró al tema con poca fortuna: apenas superiores a algunas pastorelas escolares, Jesús de Nazaret (Morales, 42), María Magdalena (Contreras, 45), Jesús, Nuestro Señor (Zacarías, 69), El Mártir del calvario (Morayta, 52), quizá la más acabada, y Jesús, María y José (Zacarías, 72) se desarrollaban en medio de una rigidez tanto actoral como escénica que en lugar de estar haciendo una película parecía que estaban recordándonos las respuestas para alguna clase de religión (basta checar las barbas de utilería para confirmar lo dicho).

 

LOS AÑOS RECIENTES

El director católico Franco Zeffirelli presentó Jesús de Nazareth (77), lograda adaptación fílmica que agradó al Vaticano pero despertó rechazo contradictorio: entre los extremistas puritanos, quienes alegaban que se planteaba a un Jesús demasiado humano, y entre la izquierda, por ser demasiado conservadora y no trascender un catequismo poco vinculado con la época actual.

Godard fue prohibido en México con Yo te saludo, María (84), cinta en la que colocaba a una joven embarazada sin la intervención de ningún hombre, que terminaba siendo rechazada por la sociedad. Para cerrar la década, dos obras clave: La Última Tentación de Cristo (89), obra maestra de Scorsese basada en la novela de  Nikos Kazantzakis, en donde se profundizaba en la aceptación del propio Jesús sobre su divinidad y su misión salvífica.

Absurdamente prohibida y recién estrenada hace cuatro años, como si nuestra fe dependiera de ello, se trata de un filme con un diseño artístico que nos transporta como ningún otro a la época, siempre soportado por la envolvente música de Peter Gabriel. Por su parte, Jesús de Montreal (Arcand, Canadá, 89), sorprendente alegoría sobre la vida de Cristo, seguía a un grupo de teatreros que escenifican la Pasión, misma que empieza a invadir sus propias vidas.

El nuevo milenio inició con películas relacionadas con grupos secretos y complots (tipo Los ríos de color púrpura 2 y  la fallida El código Da Vinci), y con Jesucristo cazador de vampiros (01) una cinta que buscó el sampler entre vampirismo, actos mesiánicos y karatecas. La pasión (04), controvertida cinta de Mel Gibson, resultó para algunos una mirada racista y gore, en donde predomina la sangre sobre la palabra, y para otros una obra maestra que retrató con fidelidad el sufrimiento vivido por Jesús. La directora Catherine Hardwicke, realizó Jesús, el nacimiento (Nativity Story, 06), centrándose justamente en los momentos que rodearon al origen de lo que hoy conocemos como Navidad.

 

COLOFÓN

Este es un panorama general sobre la manera en que Jesucristo ha sido retomado por el cine; no son todas las cintas que han abordado el tema pero su mirada nos puede brindar una idea de cómo se ha entendido la complejidad de una figura que sigue siendo fundamental para la historia de la humanidad, se crea o no en su divinidad. Ojalá que la charlatanería y la censura se dejaran de lado en un asunto que, de una u otra forma, se relaciona con todos nosotros.

¿BLACK PRESIDENT?

1 Noviembre 2008

Existe un debate en Estados Unidos en cuanto al papel que ha jugado el cine para que la población de aquel país no vea extraño que su presidente pudiera ser afroamericano. Por una parte, se afirma que la presencia de actores negros como jefes de la Casa Blanca, ha penetrado en las percepciones del ciudadano promedio en términos de normalidad, dentro de una nación en la que tanto las películas como las series televisivas pueden tener impacto profundo.

Por la otra, se afirma que estas propuestas no tienen la influencia que se supone a la hora de emitir un voto secreto, momento en el que pueden aflorar prejuicios, miedos o razones de diversa índole que nada tienen que ver con la ficción. Incluso se cuestionan en ese sentido las encuestas que marcan como favorito a Barack Obama: la gente dice una cosa por parecer políticamente correcta, pero a fin de cuentas hace otra, en función de sus propios intereses o motivaciones, no tanto de lo que se supone conviene a la nación.

Pero como esta columna es de cine y no de política exterior (aunque ya sabemos que ambas esferas tienen muchos encuentros), vamos a lo nuestro: demos una repasada breve por algunas de las obras que han colocado a un presidente de raza negra; son muchas menos que las que han empleado a actores blancos, entre los que recordamos a Henry Fonda, Peter Sellers, Kevin Kline, Michael Douglas, Harrison Ford, Bill Pullman, Gene Hackman y Martin Sheen, por mencionar algunos, además de los que han interpretado a presidentes reales: el más reciente, Josh Brolin, quien se convirtió en Bush en la película de Oliver Stone. Geena Davis, por su parte, se quedó como la aspiración de Hillary Clinton, en el terreno de las mujeres.

Sammy Davis Jr. interpretó, aún siendo niño, Rufus Jones para presidente (33), un corto musical en el que un infante es elegido para ocupar el cargo. Tuvieron que pasar muchos años para que llegara James Earl Jones a interpretar al jefe de la Casa Blanca en The Man (Sargent, 72), considerada la primera película formal en la que tal fenómeno se presentaba. Ante la muerte del presidente y la renuncia del vicepresidente, es el responsable del senado quien asume el cargo. Eddie Murphy se quedó cerca en aquella película titulada De estafador a senador (The Distinguished Gentleman, Lynn, 92).

La rompedora teleserie 24, que ha trascendido en muchos sentidos, colocó en el imaginario del televidente no sólo a un presidente negro (Haysbert), sino a su hermano como sucesor (Woodside), al más puro estilo de los linajes incrustados en el poder: claro que la esperanza para la sobrevivencia moral de la nación recaía en el caucásico Jack Bauer (Sutherland), siempre en frenética espiral de sobrevivencia y rescate.

Por su parte, en El quinto elemento (Besson, 97), alocada aventura interplanetaria, el presidente interpretado por Tommy Lister, también se apoyaba en un expolicía (Bruce Willis) para salvaguardar la cohesión interestelar y de paso, su propio territorio. Sin poner especial énfasis en el color de piel, Morgan Freeman fungía como presidente en Impacto profundo (Leder, 98), cinta catastrofista que ahora ha sido retomada por las obvias comparaciones con Obama.

La más reciente incursión ha sido cortesía del por momentos pesadito Chris Rock, quien dirige y estelariza Jefe de estado (03), intento de parodia que se quedó a medio camino, en donde su personaje asciende al poder de manera fulgurante: de ser un concejal a punto del despido, se convierte en candidato para aspirar a la presidencia, dada la muerte del primero en la lista de su partido. Destacan los apuntes satíricos relacionados con el miedo que causa a la población blanca la presencia de un presidente negro.

Valga como un rápido recuento fílmico previo a una de las elecciones que más han llamado la atención de los últimos años.

p.d. Agradezco a mi maestro Richard Denison por darme la idea e información para elaborar esta columna.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

CINE OLÍMPICO

8 Agosto 2008

El gran cineasta chino Zhang Yimou (Sorgo Rojo, Ni uno menos, Héroe) fue el responsable del magno espectáculo que acompañó a la inauguración oficial de los Juegos Olímpicos de Pekín. Con lances poéticos cobijados por un despliegue tecnológico absorbente, el devenir histórico de una de las culturas más prominentes del planeta se fue desplegando cual rollo de papel lleno de vida. El fantasma de la intolerancia y los cuestionamientos sobre los derechos humanos, sobrevolaban entre la magnificencia de los fuegos artificiales y los llamados a la integración mundial.

La inevitable mirada política a los Juegos ha estado presente de manera continua. Y si hacemos un recorrido fílmico del tema, tendríamos que empezar por esa obra maestra conocida como Olimpíada (38), imponente documento de la genial y cuestionada por partes iguales Leni Riefenstahl, quizá la directora más dotada en la historia del cine que carga con el estigma de haber servido al régimen Nazi. Dividida en dos partes, El festival de los pueblos y El festival de la belleza, el film navega entre la propaganda y la poética del movimiento, con un inusual despliegue técnico y una plástica imponente.

Considerada como la obra cumbre del cine deportivo, la cinta también instituyó la tradición de que cada celebración contara con su propio documental. Directores tan notables como Kon Ichikawa, Milos Forman, Claude Lelouch, John Schlesinger, Yuri Ozerov y Carlos Saura, entre otros, contribuyeron con su talento para perpetuar los principales sucesos de la historia de este encuentro deportivo, el más importante de la humanidad a pesar de poderosos enemigos como los boicots, el mercantilismo y el dopaje.

Memorable resultó también Carros de Fuego (Hudson, 81), historia centrada en la Olimpiada de París en 1924, donde un corredor judío y otro cristiano se enfrentan a sus propias convicciones y a las presiones dentro del contingente inglés: ahí quedan las imágenes de los atletas corriendo en la playa mientras se escucha la clásica partitura de Vangelis. Estamos frente a un clásico del cine no sólo olímpico, sino mundial.

Dos deportistas indoamericanos fueron recuperados en sendas películas: Jim Thorpe. All American (52), cinta dirigida por Michael Curtiz con la interpretación de Burt Lancaster, en la que se planteó el ascenso y caída de este mítico atleta que terminó solo y en la ruina, y Running Brave (Everett, 83), que recuperó la vida de Billy Mills, ganador de la medalla de oro en los 10,000 metros durante los Juegos de Tokio 1964.

El género del biopic ha encontrado campo fértil en los atletas olímpicos: ahí está el docudrama The Bob Mathias Story (Lyon, 54), donde el ganador a los 17 años en Londres 1948 y Helsinki 1952 dentro de la prueba del decatlón, se interpreta a sí mismo; o el par de cintas sobre Steve Prefontaine (Sin límites, Towne, 98 y Prefontaine, James, 97), participante en Munich 1972 y que falleciera de manera prematura a los 24 años. Las imparables velocistas Wilma Rudolph y Gail Devers, así como el rompesquemas Jesse Owens fueron también sujetos de sendas producciones televisivas, así como Roger Bannister, primero en recorrer la distancia de una milla en menos de cuatro minutos.

Un desconocido Michael Mann dirigió un telefilm titulado La milla de Jericó (79), sobre un condenado a cadena perpetua que encuentra en el acto de correr una escapatoria a su situación y una oportunidad para participar en una olimpiada; en este tenor, Michael Douglas interpretó en Running (Stern, 79) a un veterano corredor cargado de problemas que busca competir en Montreal 1976. Steven Spielberg, por su parte, recuperó la tragedia ocurrida en los juegos olímpicos de Munich en 1972, en los que el grupo Septiembre Negro secuestró y mató atletas judíos, provocando la sistemática venganza de los israelitas.

Cerramos este minimaratón filmicolímpico con una película que vi hace muchos años en la televisión y que recuerdo muy bien: se trata de The Games (Winner, 70), centrada en el proceso de preparación de cuatro corredores de diferentes nacionalidades que participarían en el Maratón (un acercamiento al origen de esta prueba se puede ver en La batalla de maratón, cinta de 1959 dirigida por Jacques Tourner). Las motivaciones y condiciones personales, los contrastantes entornos y el adecuado desarrollo de los personajes, consiguen hacer de esta cinta un certero retrato de cómo se construyen los anhelos desde la perspectiva de los atletas y a qué presiones pueden estar sometidos.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx