Cargan con todo el oropel de Las Vegas, la tierra de la que se pueden considerar representantes naturales; casi convertidos en gusto culposo y a sabiendas de que lo suyo no es ni buscar innovaciones ni entrar en honduras, han hecho del revival ochentero su modus vivendi al igual que otras bandas cercanas en estilo como Franz Ferdinand y The Rapture, y de The Strokes e Interpol, aunque estas dos en otro sentido.
Por supuesto que hay desfachatez expresada desde su nombre y su imagen: toques de maquillaje para convertirse en desarreglados héroes de videoclip, asumiendo la postura del rockstar del nuevo milenio, más tendiente al estilismo que a la agresión, típica de los hardrockeros de los ochenta. Más bien acá destacan los cuidadosos vestuarios y una pose que atraviesa del descaro a cierto dramatismo encubierto y premeditado.
Con aspiraciones disfrazadas de ser los nuevos U2 –aunque para eso está Coldplay- pero con tendencia bailable, The Killers es un cuarteto formado por Brandon Flowers (voz/teclados), con Morrissey como marcada influencia, David Keuning (guitarra), Mark Stoermer (bajo) y Ronnie Vannucci (batería). Los dos primeros se conocieron en Las Vegas y empezaron a trabajar con algunas ideas; pronto la otra mitad se sumó a los esfuerzos creativos para completar el cuadro.
Tras haberse integrado en el 2002, salieron a la luz con el sorprendente Hot Fuss (04), obra de emociones inmediatas y de contagiante dinamismo: Mr. Brightside pudo haber sido parte del soundtrack de Trainspotting, mientras que Smile Like You Mean It, Somebody Told Me y All These Things That I’ve Done se convirtieron en banderas ondeadas en muchas estaciones alrededor del mundo. Mucha fama demasiado pronto no es buena combinación.
Con la declarada influencia del jefe Springsteen se lanzaron a su opus 2. El resultado fue el irregular Sam´s Town (06), álbum con destellos de talento pero también de búsquedas infructuosas: el referente parecía haberles quedado grande y la misión demasiado ambiciosa para este momento de su trayectoria. Como apuntó Rob Sheffield, uno de los editores de la Rolling Stone, quisieron hacer un gran discurso pero no tenían nada que decir (septiembre, 2006).
Con todo, el enjambre de fans lejos de disminuir se fue incrementando, en parte gracias a una gira que fue brincando de pueblo en pueblo, no sólo el de Sam, para dejar constancia de que en vivo eran capaces de mover esqueletos y afectos. Por no dejar, produjeron Sawdust (07), conformado por lados B, rarezas, remezclas y una digna versión de Romeo & Juliet, clásico de Dire Straits.
Dándose cuenta que lo suyo no era andar buscando el Estados Unidos profundo, regresaron a los terrenos que mejor dominan con Day & Age (08), lleno de canciones cubiertas de atrayente relumbrón y de innegable capacidad melódica, con efectivos crescendos y exaltaciones efímeras si se quiere, pero exaltaciones al fin, como las que uno puede vivir en esa ciudad donde la oscuridad nunca encuentra su sitio. Con Human y Spaceman como punta de lanza, no queda más que olvidarse de la trascendencia y ponerse a dar de brincos.
Lo que sucede con los Killers se queda con los Killers, diría la obligada consigna. Una buena oportunidad para ver cómo traen la puntería estos matadores se presenta en su recorrido mexicano: jueves 5 en Zapopan; sábado 7 y domingo 8 en el D.F.
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THE KILLERS: LO QUE PASA EN LAS VEGAS…
5 Noviembre 2009MOBY: A LA ESPERA DE LA NOCHE ANTERIOR
7 Octubre 2009De las tornamesas al reconocimiento mundial, Moby pareciera más bien un paciente de algún hospital que una estrella de rock. Ejemplo de búsqueda (casi siempre) durante su versátil trayectoria de andar pinchando y componiendo, Richard Melville Hall, descendiente de Herman Melville (de ahí el apodo) ha desarrollado vista periférica y ha sido capaz de mirar más allá del círculo. Nacido un 11 de septiembre, ahora fecha fatídica, fue de los primeros músicos del ambiente rave capaces de asomar la cabeza que, aunque totalmente rapada, ha resultado sumamente prolífica.
Más allá de la música, Moby es un activista que igual pugna por el medio ambiente que practica un estricto vegetarianismo; mantiene una comunicación directa con sus fans, se decía avergonzado por su gobierno –el de Bush- y no deja de explicitar preocupaciones varias por la aldea global en escritos aparecidos aquí y allá. Tras sentirse decepcionado por el marxismo, ha pugnado, a su estilo, por la conservación del planeta y la justicia social.
Formó parte de UBX en su adolescencia y del grupo de hardcore punk Vatican Comandos; pronto se interesó por las mezclas y por el trabajo de DJ. Sus primeras remezclas aparecieron bajo el formato de EP con el título de Go Remixes (91), tendencia que continuó en su espléndida obra homónima fechada un año después. Con un discurso antidrogas y promoviendo el acercamiento espiritual a través de Jesús, empezó a construir su andamiaje conceptual que combinaba con su propuesta musical.
Después de Early Underground (93), Ambient (93) con fuerte influencia de Brian Eno y el EP Move (93), aparecería su primera obra maestra: Everything Is Wrong (95), catalogado por SPIN como el último disco suburbano, en el que convivían el punk y el dance, el tecno y el hardcore. Este trabajo se convertiría en uno de los imprescindibles de la década pasada y lo daría a conocer más allá de los clubes y circuitos especializados en la música electrónica, vieja en edad pero novedosa en su alcance.
En un periodo de transición después de esta magna obra, se dejaron escuchar el agresivo Animal Rights (96), su favorito sentimental, y I Like Scores (97), trabajos que consolidaban su declaración de principios en torno a sus perspectivas ideológicas y que, dadas las expectativas generadas, no recibieron la atención merecida, aunque ahora han sido revaloradas en su justa dimensión.
Con Play (99) la rendición fue total. Cargado más hacia la música negra (gospel, blues) con las características incursiones de los sintetizadores, este álbum le mereció al pequeño geniecillo la admiración de los más reticentes. Porcelain sonó en todos los rincones del planeta, sobre todo por formar parte del soundtrack de La playa, la cinta más endeble en la filmografía del gran Danny Boyle.
Siguió el álbum titulado 18 (02), producido totalmente en casa con un espíritu de mayor introspección, no obstante alguna intromisión glam. Propugnador del libre pensamiento, enfoca sus baterías hacia la combinación, una vez más, de tonalidades negras con suaves sintetizadores enfocados más hacia la creación de atmósferas que a llevar el peso melódico.
Ya un poco alejado de los reflectores, presentó Hotel (05) acaso su trabajo más convencional pero sin duda altamente disfrutable. Como ese espacio de encuentros furtivos, complicidades inesperadas, hogares efímeros y rupturas definitivas, en donde se da cita lo público con lo privado, el disco transita por terrenos conocidos, sembrados con logradas melodías pronto identificables e instrumentación apenas necesaria, recordando cierta luminosidad perdida de los ochenta.
Vendría un díptico quizá involuntario: por una parte, Last Night (08), cual recorrido por diversas facetas de una noche de fiesta en distintos tipos de clubes y pistas de baile y, por la otra, Wait For Me (09), como un despertar armonioso tras la aventura nocturna, en el que predomina la instrumentación y los espacios para revisar, en compañía de varias voces femeninas, los sucesos más significativos del tramo recorrido.
Moby espera por nosotros desde la noche anterior: martes 6 y miércoles 7 en el José Cuervo Salón del D.F.; el jueves 8 en el Teatro Diana de Guadalajara y el sábado 10 en Escénica de Monterrey.
DEPECHE MODE: EN BUSCA DE SONIDOS EXTRAVIADOS
30 Septiembre 2009
El punk había mutado en ese movimiento conocido como el postpunk; los nuevos románticos estaban por aparecer y la música dejaba su estela por las congregaciones nocturnas. Depeche Mode nacía con ascendencia directa de los maestros electrónicos de Kraftwerk y Cabaret Voltaire, aceitando sonidos de la ríspida corriente de la música industrial: entre la densa oscuridad y la luminosa melodía pronto identificable, demostraron que la utilización de recursos tecnológicos funciona, siempre y cuando estén al servicio de inspiradas composiciones.
Como suele suceder con las bandas de rock, Depeche Mode fue conformada por compañeros de escuela, durante 1976, año crucial para el punk. En contraste, Andy Fletcher, Martin Gore y Vince Clark integraron un trío de guitarras y sintetizadores al cual se le sumó poco tiempo después el vocalista David Gahan. Originarios de Basildon, Inglaterra, tomaron su nombre de una revista francesa de moda y fue hasta 1981 cuando debutaron con el sorprendente álbum Speak and Spell, en el que el talento compositivo de Clark y la utilización acertada de los sintetizadores establecieron una de las grandes promesas para el rock.
Tras la salida del compositor, quien se integró a Yazzo y formó Erasure, se integró Alan Wilder, Gore se encargó de la composición y se sucedieron trabajos que iban tendiendo más hacia la oscuridad con el clásico sustento tecno, tales como A Broken Frame (82), Construction Time Again (83), People Are People (84) editado en Estados Unidos y Some Great Reward (84), en los que destacaba la diversidad temática de la letras y el equilibrio entre la armonía, la capacidad melódica y las irrupciones sonoras prestadas de procesos fabriles que recordaban a Throbbing Gristle.
Los mejores años estaban por venir: a partir de la excelente producción recopilatoria Catching Up with Depeche Mode (85) la sintética banda se empezó a dar a conocer más allá de sus fronteras. Los dos siguientes trabajos representaron el estadio más alto alcanzado por el grupo: Black Celebration (86) y Music for the Masses (87), sintetizaron la madurez de las primeras obras sin los requerimientos que se involucran cuando ingresas al mainstream. De la celebración oscura, casi personal, al festejo masivo a plena luz del día. Para sellar esta brillante etapa, el disco doble en vivo titulado 101 (89), fue un festín de ritmos bailables y melodías accesibles con cierto aderezo de acordes darks.
La década de los noventa supuso un giro hacia el pop. Violator (90) fue un arma de doble filo: ganó adeptos dado su sonido pegador y accesible y recibió críticas por abandonar la oscuridad con dejos del sonido industrial. Songs of Faith and Devotion (93) mantuvo el nivel y ruta emprendida, originando un álbum en vivo denominado Songs of Faith and Devotion…Live (93). Este periodo concluyó con Ultra (97), trabajo consistente sin mayores sorpresas (ni para bien ni para mal) y otro disco recopilatorio en 1998.
Después de algunos problemas internos, el ahora trío firma Exciter (2001), especie de reacomodo tras la ausencia de cuatro años y en un contexto en el que la electrónica tomó por asalto la escena; se buscó rescatar el estilo de la banda y sonar totalmente actual con un dejo de optimismo, mientras que en Playing The Angel (05) se giró alrededor de la culpa, el pecado y la redención.
Sounds of the Universe (09) parecería una sonda espacial en busca de sonidos perdidos en el tiempo, el de ellos y el de nosotros: ahora que estamos en busca de un equilibrio entre pasajes de turbulencia y atmósferas melódicas, puede ser una buena idea reencontrarnos con ellos. El jueves 1 en la Arena VFG de Tlajomulco de Zúñiga, el sábado 3 y el domingo 4 en el Foro Sol de la Ciudad de México.
PET SHOP BOYS: BAILANDO CON IRONÍA
30 Septiembre 2009Basados en sintetizadores, melodías pegajosas, estructuras que van del tecno al house y de ahí al pop, y letras inteligentes cargadas de sarcasmo, los Pet Shop Boys se han mantenido en el podio del llamado synthpop durante casi 25 años, gracias a una extraña capacidad para mantenerse visibles no obstante los vaivenes de la moda musical. Han sabido establecer sus márgenes de acción y sus rítmicas composiciones han acompañado las pistas de baile una y otra vez (así como nuestros lamentables esfuerzos en ellas).
Este dueto inglés formado por Neil Tennant y Chris Lowe ha logrado sintetizar la cultura electrónica con la del pop, y lo digerible de su propuesta no le resta, por ningún momento, calidad: hacer fácil lo difícil ha sido una de sus mayores virtudes y ahí están sus canciones rondándonos constantemente, trayendo recuerdos y evocando momentos, las más de las veces, gratificantes. Su primera grabación, Please (86), sentó las bases y marcó los caminos por los que habría de andar el grupo; canciones como West End Girls y Suburbia, se asentaron pronto en los oídos del mundo. A manera de secuela, Disco (86) resultó de la mezcla de algunas canciones por reconocidos DJ’s.
Vendrían dos trabajos esenciales del grupo, demostrando una temprana y pronta madurez: Actually (87), basado en una fuerte crítica al tatcherismo entreverada con un cierto desenfado y una orientación lúdica en las piezas, e Introspective (88), conformado por seis largas canciones, en las que el énfasis se puso en los elementos pasionales de la vida, virtudes y excesos incluidos: se trata de uno de los álbumes bailables más importantes de la década. Behavior (90) funcionó más bien como un disco puente, en el que se buscó profundidad en las letras como en Being Boring, sobre el problema del SIDA.
El recopilatorio Discography (91) fue un impulso para Very (93), la obra más redonda del dúo a la fecha cargada de elegante efusividad que originó, a su vez, Very Relentless (94), un trabajo ambient de tendencia experimental y Disco 2 (94), otra obra de mezclas. En la segunda mitad de la década de los noventa, nos regalaron Bilingual (1996) y su hermano Bilingual Remixed (97) incursionando en ritmos latinos, así como Nightlife (99) con una orientación hacia la música negra, particularmente la de danceclub.
Ya entrados en el nuevo milenio, sin demasiadas pretensiones y manteniendo el tamiz melódico, grabaron Release (02) con letras cuidadas en las que el dúo disecciona, en tono introspectivo, al amor en todas sus formas, incluso cuando se convierte en catástrofe. Disco 3 apareció en el 2003 y en el 2005 realizaron un soundtrack para la obra cumbre de 1925, El acorazado Potiemkin del maestro de la edición Sergei Eisenstein, y el disco doble Back To Mine, en el que cada mitad de la pareja trabaja diversas canciones encontrando a Dusty Springfield como denominador común.
Fundamental (06), álbum con matices políticos relacionados con la guerra de Irak (ahí está I’m With Stupid), continuaba el tono introspectivo de su predecesor que contrasta con Yes (09) una engañosa apuesta optimista en la que se destila ironía hacia lo políticamente correcto.
Como buenos amigos a lo largo de estos años, tenemos una reunión con ellos el jueves 1 de octubre en el Auditorio Nacional del D.F. Si hace veintitantos bailábamos con Suburbia, confesábamos nuestros pecados y le gritábamos a quién sabe quién que estaba siempre en nuestra mente, hoy escuchamos Beautiful People y esbozamos, junto con ellos, una sonrisa cómplice, con las orejas un poco más agobiadas y los pies más atrofiados pero con el humor al filo.
MEW: HISTORIAS AL CALOR DE LA NIEVE
10 Septiembre 2009Como una bola de nieve que desciende con trayectoria impredecible de la alta montaña, este cuarteto formado en Hellerup, cerca de Copenague, se ha consolidado como una de las mejor bienvenidas opciones del rock nórdico, gracias a su capacidad para construirse una personalidad musical entre un cúmulo de pesadas influencias que igual refieren a Sigur Ros que a Mercury Rev y de ahí a las capas guitarreras de los seminales My Bloody Valentine o a las extravagancias poperas de los Flaming Lips.
La frágil pero contundente vocal del artista amplio Jonas Bjerre se potencia con la guitarra de Bo Madsen y a partir de la base rítmica formada por Silas Utke Graae Jorgensen (batería) y Johan Wohlert (bajo), quien dejaría a la banda para dedicarse a la familia. Primero llamados Orange Dog, los jóvenes nacidos en los setenta después conocidos como Mew, asomaron la cabeza con un debut local titulado A Triumph of Man (97), seguido de Half the World is Watching Me (00), álbum con el que empezaron a trascender fronteras aunque aún en la zona de la península.
Con amores que disfrutan las despedidas más que las reconciliaciones, entre campos nevados apenas receptores de solares rayos tímidos, Not Quite Friends But No Quite Strangers (03) los colocó en el mapa más allá de la región nórdica con esa particular combinación de fragilidad vaporosa y vigor electrónico, por momentos sonando con ciertos vestigios de los Pet Shop Boys. Integrado por temas de sus anteriores trabajos y algunos recién desempacados, los daneses nos invitaban a un viaje por trineo con paisajes lacónicos de intensidad emergente.
Mostrando que no eran nieve de un día, regresaron con Mew and the Glass Handed Kites (05), una obra con mayor riesgo tanto en los lances musicales como en los letrísticos, ahora en tonos más apocalípticos con referencias a parejas que se hacen preguntas ante designios y profecías amenazantes. Por laberintos sonoros en clave postrock y el llamado dreampop se desplazan las intrincadas canciones del álbum, ahora nutridas con vocales invitadas e instrumentación creciente con la guitarra como punta de lanza al estilo de Dinosaur Jr., con todo y J Mascis como invitado.
Ya como trío, estos rockeros de alternativa presentaron el estilizado No More Stories are Told Today I´m Sorry They Washed Away, No More Stories the World is Grey I´m Tired Let´s Wash Again (09), un disco que puede irse haciendo tan grande como su título y que desde ya es de lo mejor de este año. Con arranque atmosférico cercano a la electrónica francesa, el álbum se desenvuelve con pasajes de tupida elaboración instrumental que van del ritmo machacón para saltar a la pista a sonidos volátiles, casi inasibles.
La visita del trío danés a nuestro País se perfila como una buena oportunidad para vivir dramas coloridos –si tal cosa es posible- , igual recorriendo los confines de la galaxia que sumergiéndose en mares aún por explorar, poblados por frondosos arrecifes de sonidos múltiples. La cita: este jueves 10 en el José Cuervo Salón de la ciudad de México y el viernes 11 en el Teatro Estudio Cavaret de Zapopan, Jalisco.