Las versiones de los amantes malditos con Romeo y Julieta a la cabeza, no cesan de aparecer en el cine y la literatura. He aquí una descremada versión, para el siglo XXI, con colmillos limados, aullidos puberales y mucha abstención. Claro que si pensamos en el público a quien va dirigida esta serie –adolescentes femeninas- no podemos negarle eficacia temática y narrativa, sobre todo si de ahí las susodichas dan el salto a los textos de Shakespeare, por ejemplo, y a las auténticas películas de vampiros: sin brillantina, (des)peinados de salón, mirada felina ni prudencia a la hora de hincar el diente.
Si en la anterior entrega Catherine Hardwicke intentó capturar el espíritu adolescente del enamoramiento imposible, ahora Chris Weitz (Un gran chico, 02; La brújula dorada, 07) presenta la llegada a la mayoría de edad (en nuestro País) de la sufriente Bella Swan (Kristen Stewart, protagónica indiscutible), atrapada entre amores, monstruos y demás factores que suelen acompañar a la vida adulta: una constante cámara circular que cae en picado o rodea a la bella sin bestia apoyando las elipsis, intenta construir la atmósfera necesaria para enfatizar su estado anímico.
Luna nueva (EU, 09) es una historia de amor adolescente con fuertes dosis de fantasía que no apuesta por la originalidad, sino por la capacidad de construir un mosaico articulado a partir de grandes relatos. A la consumación imposible ahora se le añade el clásico triángulo amoroso, entre la humana que sigue convencida de pasarse al mundo de los muertos vivientes, el pálido galán dispuesto al sacrificio (Robert Pattinson) y el emergente piel roja arreglamotos con músculos visibles y secreto escondido (Taylor Lautner).
Alrededor de los galanes, sus respectivos clanes un cuanto tanto desdibujados: una pandilla de jóvenes con bermudas y torsos al aire, incluida la novia desfigurada muy contenta sirviendo panecillos (absurdo), y los ya conocidos vampiros alivianados que intentan sobrellevar su eternidad renunciando a la sangre humana, con que otra tentación aún no del todo resuelta.
Además, el papá de ella, haciendo peores chistes cada vez y un diluido líder del clan indio cuya presencia y ausencia terminan por resultar irrelevantes, al igual que los compañeros escolares y la vengativa vampira, acechando pero nunca entrando en plena acción como para justificar sus esporádicas apariciones. Otro ejemplo: el personaje de Dakota Fanning, más allá de echar miradas fulminantes y dar un par de órdenes, no queda del todo esbozado.
Justo el intento de sacrificio del novio en fuga, vía una Entrevista con el vampiro (Jordan, 94), léase el líder de la sangronsísima –en todo sentidos- y acartonada familia real (Michael Sheen, feliz en su sobreactuación), acentúa la sensación de estar viendo una cinta episódica, como sucede con la mayoría de las entregas de Harry Potter. De los bosques siniestros cercanos a Washington de pronto nos vamos a Italia sin que medie del todo un engranaje coherente.
Si bien las angustias amorosas de la joven se desarrollan con suficiente amplitud y uno alcanza a sentir cierta empatía, el resto de las posibles tramas argumentales quedan apenas esbozadas y sólo interrumpen la construcción paulatina del personaje central, en busca de atraer a su amado extraviado a través de ponerse en peligro sólo para intentar cubrir ese hueco enorme en el pecho como bien confiesa en sus correos electrónicos nunca contestados por la cuñada.
El privilegio de las secuencias de acción, particularmente las que enfrentan a las especies (a la Underworld pero sin tanta parafernalia), le resta fuerza al tono romántico buscado en cumbres borrascosas: incluso el empleo de buenas canciones para acompañar ciertos pasajes se antoja innecesario porque impide que emerja el propio espíritu de la historia.
Tampoco es que los efectos especiales ayuden de manera particular, sobre todo si nos fijamos en esos lobos que cambian caprichosamente de tamaño o en las humeantes apariciones del ahora ex novio, diciendo a la distancia lo que debe o no hacer la empedernida enamorada atrapada entre pesadillas tanto en el mundo real como en el de los sueños.
En síntesis, se trata de una de esas películas que logrará satisfacer a los fans, que no gustará a la crítica y que en un futuro quedará como un recuerdo, tan incierto como algunas de las visiones descritas en la historia, de un producto que acompañó efímeramente la educación sentimental de una generación.
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LUNA NUEVA O CÓMO ENAMORARSE SIN MORIR EN EL INTENTO
11 Diciembre 2009MONSTRUOS, ALIENS, HUEVOS Y UN POLLO
3 Abril 2009
Un par de cintas de animación que bien pueden ser disfrutadas por toda la familia, coinciden en cartelera rumbo a las vacaciones que ya están entre nosotros; ahora que la crisis económica se está dejando sentir sin muchos miramientos, un buen destino turístico puede ser la sala de cine de la esquina, mucho mejor que alguna playa paradisíaca, una impactante ciudad colonial o una bella e incomparable zona arqueológica. Todo está en creérselo.
DREAMWORKS SE RECUPERA
Tras varios esfuerzos muy apenitas (Madagascar, Kung-Fu Panda, Bee Movie) que los alejaron de los niveles alcanzados por Pixar, los trabajadores de sueños han logrado realizar su mejor película desde las realizadas en colaboración con Aardman (Pollitos en fuga, Lo que el agua se llevó, La batalla de los vegetales), gracias a una estructura argumental que funciona como homenaje a las películas de ciencia ficción de los 50´s, cargadas de paranoia nuclear.
El adecuado trazo de personajes, tanto de los monstruos principales (referenciando a La mancha voraz, Mothra, La mujer de 50 pies, El hombre mosca y El monstruo de la laguna) como de los secundarios (el presidente locochón y el militar cumplidor), consigue inmediata identificación de los pequeños; las pertinentes inserciones de humor y acción, y el diseño visual ya en la punta tecnológica, siempre como apoyo a la historia que se cuenta, terminan por redondear una cinta disfrutable que igual sirve para volver a los clásicos a los que rinde tributo.
Dirigida por Rob Letterman (El Espantatiburones) y Conrad Vernon (Shrek 2), Monstruos vs. Aliens (EU, 09) aprovecha en efecto las posibilidades de la 3D para construir escenarios atractivos y secuencias absorbentes para que, además de los momentos de emoción, se desplieguen apuntes sobre la amistad, el valor de ser diferentes y, sobre todo, que una comprensiva y tierna novia se puede convertir, a partir del momento de la boda, en una gigantesca mujer capaz de atraparnos en sus manos… manteniendo la dulzura, cabe aclarar.
HUEVOS A LA MEXICANA
Aprovechando el éxito taquillero de su predecesora, nos llega Otra película de huevos y un pollo (México, 09) dirigida por Gabriel y Rodolfo Riva Palacio en el mismo tono entre alburero e ingenioso, más allá de las limitaciones técnicas, tan redituable para pensar en términos de franquicia.
A pesar de su excesivo localismo y falta de cierre de algunos cabos (se hubiera podido presentar a la suegra convertida en sillón rojo, por ejemplo), la historia funciona en buena medida por la personalidad bien desarrollada de los diversos huevos, así como una mejora notable en la propuesta visual.
p.d. Los invito a entrar a http://cinematices.wordpress.com donde encontrarán estos escritos y otros acerca de cine y música, principalmente. Es un espacio para dialogar y construir ideas de manera conjunta. Ahí los espero.
Nos leemos después.
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REBELIONES
21 Febrero 2009REBELIONES
Las más efectivas usualmente vienen desde adentro: algún grupo inconforme con el curso de los acontecimientos, con la forma de liderazgo o con los objetivos que se han ido planteando, ajenos a los ideales originales… o quizá simplemente porque ellos no son los mandones. Un par de cintas en las que seguimos a sendos grupos de complotistas y que tienen en común, extrañamente, a un actor versátil y experimentado que gusta hacerla de todo: Bill Nighy.
OPERACIÓN VALQUIRIA
Recreación histórica del famoso intento por asesinar a Adolfo Hitler, entre algunos más que consignan los libros, en el que se vieron involucrados varios miembros del ejército nazi y un grupo de civiles. Dirigida por el especialista en cine comiquero Bryan Singer, Operación Valquiria (Valkyria, EU, 08) se sustenta en el proceso de planeación de un atentado que atravesó por diversos obstáculos para a fin de cuentas, fracasar estrepitosamente.
A pesar de cierto maniqueísmo y un afán más descriptivo que analítico, acaso porque no podía ser de otra forma, el director de Sospechosos comunes (95) logra entregar un funcional thriller político no obstante contar con varios elementos en contra: una historia cuyo desenlace todos conocemos; una temática que puede saturar al espectador desde hace algún tiempo; la presencia de una megaestrella que bien puede estar en plan cooperativo o controlador y, finalmente, un género que normalmente deja inconforme a la mayoría de los espectadores.
Tom Cruise convence en el papel central y se nota bien arropado por un cuadro solvente de actores (Tom Wilkinson, Kenneth Branagh; Terence Stamp); la puesta en escena aprovecha consigue crear las atmósferas necesarias; el diseño de arte logra trasladarnos a la época y el desarrollo del film es fluido y con momentos de genuina tensión, gracias a un dinámico movimiento de cámaras, siempre en el lugar justo, y a una edición que sabe cuándo darle continuidad o detenerse un poco en la escena.
Cierto, se extraña una mayor toma de riesgos para ahondar sobre las aún confusas motivaciones de los complotistas. Al terminar de ver al film, invade la sensación de lo caprichosa que puede ser la historia, un poco como las valquirias wagnerianas, y de qué forma se va tejiendo el curso de los acontecimientos de tal forma que tan sólo un pequeño cambio, uno solo, hubiera significado una transformación absoluta del mundo como lo conocemos hoy.
INFRAMUNDO: LA REBELIÓN DE LOS LYCANS
Tercera entrega de la saga, ahora sin la necesaria presencia de Kate Beckinsale, quien sólo hace un cameo, que funciona más bien como un antecedente de la tensión desatada entre vampiros y licántropos, junto a las demás especies –humanos incluidos- que alcanza proporciones interminables, por aquello de que a unos les cuesta trabajo morirse y otros van mutando a la primera provocación y como dirían los clásicos, se traen ganas pero de las malas.
Dirigida por Patrick Tatopoulos, Inframundo: La rebelión de los Lycans (EU, 08) nos ubica en una típica estructura feudal, esclavismo incluido, en la que los vampiros funcionan como los señores que se supone protegen a los humanos de los salvajes lobos del bosque, mientras que van creando una tercera raza –mezcla de humano con lobo- para que los sirvan. Como cabría esperar, el primero de los Lycons empieza a rebelarse, se enamora de la hija predilecta del chupasangre mayor y se arma la revuelta.
La historia de liberación mil veces contada adquiere aquí un tono fantástico que no le viene mal. Si bien la cinta no trasciende su condición dominguera, resulta un buen esfuerzo desde la apuesta visual, el diseño tanto de interiores como del escenario externo y en cuanto a las batallas, siempre en penumbras y dinámicamente coreografiadas, manteniendo cierta adrenalina. Inframundo continúa en esa búsqueda para constituirse en franquicia que sea recordada más allá de los círculos del cine de horror y fantástico.
Nos leemos después.
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UN MONSTRUO GRANDE QUE PISA FUERTE
8 Octubre 2008Un monstruo ha crecido, en parte, por la irresponsabilidad de las autoridades. Vive debajo del agua. De pronto, decide salir para provocar un caos entre la ciudadanía y secuestra a una niña frente a los ojos impotentes de su padre. La policía y el ejército despliegan un operativo poco efectivo y nadie le hace caso al hombre para rescatar a su hija, por lo que junto con sus hermanos y su propio padre, decide ir en busca de la pequeña.
Todo ocurre en un centro urbano en el que muchos universitarios no encuentran trabajo y quien sí lo tiene, vive endeudado. Además, la verdad oficial aparece en la televisión y la inteligencia estadounidense –por llamarla de alguna manera- está completamente involucrada, creando una versión equivocada de los hechos, para no variar. El monstruo se hace más fuerte devorando a sus víctimas hasta dejar solo los huesos, en un espectáculo macabro.
Adivinaste: se trata de El huésped (Corea del Sur, 06), film dirigido por Joon-ho Bong en el que se actualiza el cine serie B de criaturas mutantes muy populares en los años cincuenta, época de paranoia por la guerra nuclear y los efectos radioactivos (recordar Godzilla cuya primera aparición fílmica fue en 1954 por cortesía del director Ishiro Honda). Sorprende que una película en apariencia poco original y repetidora de premisas muchas veces vistas, consiga ser tan pertinente a los tiempos que corren, en particular por todas las analogías que pueden entresacarse de su planteamiento argumental.
El monstruo se muestra bien y rápido: sin decir agua va, nos topamos con una lograda secuencia en la que lo vemos haciendo de las suyas a todo color y a plena luz del día. De ahí, nos vamos con el improbable héroe: un hombre de pocas luces que mal atiende el negocio de su paciente padre y a quien se le sumarán sus hermanos: un joven con fuerte resentimiento social y una tiradora con arco que suele paralizarse al momento de la verdad. La historia se centra en la dinámica de esta particular familia puesta en una situación extraordinaria.
Además de su consistente y equilibrada producción con ciertos dejos de melodrama que borda premeditadamente en la ridiculez (los llantos frente a la foto de la niña), esta cinta es de ésas que valen por los subtextos que la conforman: que un mandamás norteamericano le ordene a un empleado coreano vaciar las botellas de una sustancia peligrosa que irá a parar al río, a sabiendas de que está prohibido, ejemplifica de manera sencilla algunas de las relaciones políticas y de poder que se han establecido en este mundo globalizado.
Las autoridades contienen, no resuelven; acaso no tienen la menor idea de quién es realmente el enemigo: al tipo común lo tiran de a loco, no le ayudan, le estorban. Mejor apagarle a la tele, sobre todo cuando un funcionario estadounidense intenta explicar la crisis: una buena cena mientras la nieve cae, silenciosa, en la quietud de la noche. El rifle al alcance de la mano, por supuesto.
Nos leemos después.
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