Filmes que cumplen 50 años ahora que ha terminado el 2008 y que se mantienen vigentes como parte de la cultura cinematográfica del mundo. Un breve recorrido por algunas de las películas clave de aquel año.
WESTERN Y MUSICAL
Géneros aún recurrentes hacia finales de los cincuentas, el primero se hizo presente vía Anthony Mann con El hombre del Oeste, en donde Gary Cooper se veía obligado a luchar contra un pasado que se negaba a desvanecerse, mientras que Gregory Peck ni se imagina la que le espera cuando va a conocer a la familia de su novia en Horizontes de grandeza (The Big Country), clásico de William Wyler. Delmer Daves, por su parte, presentó Vaquero, basada en la autobiografía de Frank Harris.
En el terreno de las películas cantadas, la más importante corrió por cuenta de Vincente Minnelli, quien nos regaló Gigi, otro de sus clásicos musicales que fue premiado con nueve premios Oscar y en el que Leslie Caron brilló con inusual intensidad. Joshua Logan dirigió South Pacific, con todo y el romance entre una enfermera y un hacendado francés, enclavado en la II Guerra Mundial.
EL DRAMA HUMANO
Orson Welles convirtió una historia que iba a pasar desapercibida en un clásico del cine negro: Sed de mal ronda los entretelones de la corrupción en la frontera de México y EU, llena de personajes ambiguos, y narrada con toda la fuerza estilística del padre del cine moderno. Ladislao Vajda realizó El Cebo, coproducción española, alemana y suiza cuya historia sería retomada por Sean Penn años más tarde. El caso de Barbara Graham fue retomado por Robert Wise en La que no quería morir (I Want To Live!), alegato cuestionador de la pena de muerte. John Ford, más relajado, dirigió la comedia política El último Hurra.
Stanley Kramer entregó la alegórica Fugitivos (The Defiant Ones), en la que un negro (Sydney Portier) y un blanco (Tony Curtis), huyen tras volcarse el vehículo que los trasladaba e intentan romper las cadenas que los unen sin conseguirlo: mensaje racial más directo no podía haber. Mesas separadas, por su parte, sigue hábilmente a una serie de huéspedes en un hotel de la costa inglesa, gracias a los buenos oficios del reparto y del director Delbert Mann. Ingmar Bergman continuaba imparable con El rostro y Max Von Sydow se consolidaba como su actor de cabecera.
La gata sobre el tejado caliente, basada en la pieza clásica de Tennessee Williams y dirigida por Richard Brooks, unió al recientemente fallecido Paul Newman, quien junto a Orson Welles apareció en El largo y cálido verano de Martin Ritt, con Elizabeth Taylor, quien a su vez participó en El árbol de la vida (Raintree County), dirigida por Edward Dmytryk y ambientada en la Guerra Civil estadounidense. En esta vertiente de dramas, Otto Preminger presentó Buenos días tristeza, en la que una adolescente rivaliza con la desenfadada amante de su padre.
SUSPENSO Y TERROR
Vértigo / De entre los muertos fue la encargada de hacer presente al maestro Alfred Hitchcock en este año: el tiempo la ha ido colocando como el clásico que es, y la trascendencia de su intrincada trama y puesta en escena aún hoy sigue siendo referente. Drácula de Terence Fisher nos regaló a la inolvidable pareja de Christopher Lee y Peter Cushing como el Conde y su némesis, respectivamente. La mosca, dirigida por Kurt Neumann, colocó a un hombre como víctima de sus propios experimentos y a una mujer que lucha por amor a pesar de la monstruosidad.
DE TODAS PARTES
El recientemente fallecido Youssef Chahine, renombrado director egipcio, firmó partida doble aquel año: la sencillez fantasiosa de Estación central y Djamila la argelina, cinta a favor de la independencia argelina. Ubicada en el día final de la Segunda Guerra Mundial, Andrzej Wajda filmó Cenizas y diamantes cual secuela de los reacomodos políticos en Polonia, mientras que desde la India, Satyajit Ray hizo lo propio en tono de remembranza con El salón de música (Jalsaghar); Fritz Lang se introdujo en el contexto de esta nación para presentar El tigre de Esnapur / La tumba india.
Jacques Tati dirigió en clave satírica Mi Tío, filme que apunta sus dardos contra la automatización de la vida cotidiana. Luis Buñuel, en su etapa mexicana, filmó Nazarín y Akira Kurosawa entregó La fortaleza escondida, ya con el reconocimiento mundial sobre sus hombros y su compatriota Yasujiro Ozu le entraba a color en Higanbana. La comedia italiana tuvo en Rufufú, dirigida por Mario Monicelli, a su mejor exponente, con todo y la presencia de Mastroiani, Gassman y Claudis Cardinale. Este año nació la Nouvelle Vague con El bello Sergio de Claude Chabrol, cinta que anunciaría la revolución del cine de autor al año siguiente.
Desde Alucine, les deseamos muy buen año.
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