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FORMAS DE LA COMEDIA

28 Diciembre 2009

Un par de claros ejemplos para vislumbrar por dónde anda la comedia cinematográfica hacia el fin de la primera década del nuevo milenio: sátira llevada a ciertos extremos para burlarse de convencionalismos sociales, por una parte, y por la otra, retrato de seres comunes con un pie en el territorio freak, sin llegar a los niveles de los personajes de Todd Solondz, pero bien insertos en la cultura pop norteamericana.
De la mano de dos de los personajes clave en la comedia actual -el director, productor y escritor Judd Apatow, y Sacha Baron Cohen, comediante transgresor- podemos ubicar los caminos que puede tomar un género tan predominante como la comedia, aunque complejo en su construcción tanto narrativa como argumental. Ya sabemos que para la crítica social, nada mejor que una buena comedia, no obstante se juegue en los linderos de la vulgaridad, el mal gusto y la incorrección política.
Un par de tipos que entienden aquello de la seriedad para poder aventurarse por los escasos caminos de originalidad que podemos encontrar hoy en día, aunque los resultados no sean siempre coincidentes con las pretensiones. Algunos rasgos de sus trabajos: continuas referencias al sexo, a la condición económica y a las manías sociales que rodean a la obsesión por la fama, pasando por la constante búsqueda para burlarse de las muchas aristas que ofrece la sociedad actual para tal efecto: ignorancia, tabúes, atavismos, intolerancia, doble moral…

PERSONAS DIVERTIDAS
Después de dirigir Virgen a los 40 (05) y Ligeramente embarazada (07), Apatow se erigió como líder de un grupo de intérpretes que, retomando las historias de perdedores de los ochenta, se ha convertido en la referencia de la comedia en Hollywood. Tanto en su labor de producción como de escritura, el también esporádico actor ahora nos presenta Siempre hay tiempo para reír (Funny People, EU, 09), en la que busca escaparse de los márgenes de su propio sello para incorporar un poco de drama y de reflexión sobre la profesión de él y sus compinches.
Con algunos destellos hilarantes, la cinta por momentos divaga a partir de una premisa demasiado conocida: un famoso comediante solitario, pesadito y prepotente, de pronto empieza a ver la vida de manera distinta frente a la inminencia de su muerte. Entra en contacto con un colega que apenas inicia y que vive de arrimado con dos amigos también del medio, así como con un antiguo amor y su propia familia.
A los intérpretes habituales (Seth Rogen, Leslie Mann, Jonah Hill) se suman Adam Sandler, Jason Schwartzman y Eric Bana, configurando un sólido reparto que se mueve bien dentro de las posibilidades de sus personajes. Terminan por funcionar mucho mejor los diálogos y las bien construidas situaciones cómicas que los apuntes reflexivos sobre la vida a partir de los cuarenta: eso sí, se agradece la ausencia de transformaciones mágicas de los personajes y los momentos de sensiblería vacua.

PERSONAS IGNORANTES
Tras darse vuelo con Ali G anda suelto (02) y Borat (06), el cómico judío inglés ahora nos presenta a Brüno (EU-RU, 09) film dirigido por Larry Charles que sigue la absurda búsqueda de la fama por parte de un austriaco homosexual que trabaja en una revista de modas. Después de ser despedido y terminar con su novio pigmeo, decide embarcarse a Estados Unidos para convertirse en el personaje más conocido de su país, al nivel de Hitler.
Si bien la narrativa está demasiado dislocada y se extraña una mayor coherencia en el armado de los sketches a manera de documental televisivo, Cohen apunta muy bien sus dardos críticos: a la homofobia, a la frivolidad, al racismo, a los dudosos motivos de las acciones caritativas y, desde luego, a la incontrolable obsesión por obtener los 15 minutos de fama warholiana que parecen dar, en muchos casos, sentido a la vida, por lo menos los siguientes 15 minutos para sumar media hora de satisfacción efímera.
Sin detenerse ante casi nada –se dice que un pasaje con la hermana de Michael Jackson se editó al final por la muerte de éste- Brüno pone al descubierto, a partir de su propia ingenuidad, mecanismos sociales absurdos y ridículos que si bien todos conocemos de pronto pueden empezar a pasar desapercibidos: la banalización de la política; el desprecio por los migrantes; el odio irracional contra los homosexuales; las limitaciones neuronales de ciertos sectores del mundo de la moda; el dogmatismo de supuestos convertidos ahora vueltos convertidores y así por el estilo.
Ya sabemos que la ignorancia no tiene que ver con la cantidad de conocimientos, sino con la incapacidad para identificar hasta dónde sabemos.

INFIELES: ESCENAS DE UN MATRIMONIO ENTRE CRÍMENES Y PECADOS

16 Diciembre 2009

Ningún secreto es que la vida matrimonial encierra grandes posibilidades para encontrar la felicidad plena; tampoco lo es que la dificultad que ello implica es del mismo tamaño que la recompensa, por lo que la tentación para buscar ese particular estado de ánimo fuera de sus dominios está constantemente a la vuelta de la casa. Engaños, mentiras, malos entendidos, confusiones, buenas intenciones mal comprendidas: entre el sexo y el amor, toda una maraña de sentimientos encontrados.
Uno buscando caminos rápidos para llegar al cielo, intentando no herir a nadie pero haciendo lo que se cree mejor para sentirse bien, aunque de por medio esté el pensamiento de construir la propia felicidad sobre la infelicidad de otros: nadie se considera tan inconsciente como para hacer tal cosa pero sí lo suficientemente hábil para darle la vuelta a la molesta sensación de culpa que se niega a desaparecer de en medio.
Basada en el libro Five Roundabouts to Heaven de John Bingham y dirigida por Ira Sachs, quien con su oscura postal familiar Forty Shades of Blue (05) ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance, Infieles (Married Life, EU, 07) es un escrupuloso e íntimo retrato justamente de la vida matrimonial ambientado en 1949, casi en el ecuador del siglo XX, cuando todavía se cuidaban las formas y la imagen social, para bien y para mal.
Una pareja madura (Chris Cooper y Patricia Clarkson, formidables) convive de manera funcional y se procura, aunque no es feliz: él busca una plenitud que parece haber encontrado en una joven viuda (Rachel McAdams), mientras que ella sostiene que las relaciones en realidad empiezan y terminan en el sexo con un pequeño aderezo de compañía y comprensión mutua. Para completar el cuadro inicial, un cínico amigo del protagónico que hace las veces de narrador (Pierce Brosnan), reflexionando sobre las vicisitudes de la pareja y, sin darse mucha cuenta, cayendo en la trama relacional.
Adquiriendo un tono hitchconiano con la suficiente habilidad para plantear un argumento que abre múltiples posibilidades, no obstante rondar un tema muchas veces abordado, la historia consigue atraparnos gracias también al verosímil trazo de los personajes, con base en un estupendo casting de la cotizada Avy Kaufman, y a la creciente tensión que se va creando en este microcosmos, cuyas alternativas van bifurcándose conforme se toma o se omite alguna decisión por parte de alguno de los involucrados.
Aparece entonces el asesinato como solución incluso para la víctima en este particular juego de pensar en cómo ser feliz con los menores daños colaterales posibles. Un casual aventón a un hombre cuya hermana acaba de fallecer; un instante de silencio que se prolongará angustiosamente; una línea telefónica descompuesta cual síntoma de lo que sucede entre los personajes y un nuevo perro que parece indicar el regreso a la acallada normalidad, apenas sustentada por mentiras o, si se quiere, verdades a medias.
La cámara recorre desde afuera o por dentro los tres hogares principales a manera de contextos vivos que reflejan el curso de los acontecimientos, puntualmente soportados por una efectiva ambientación y un tono que a partir de la propia dinámica del film da la impresión de pertenecer al Hollywood de aquellos años.
Entre Escenas de un matrimonio (Bergman, 73) y Crímenes y pecados (Allen, 89), mejor jugar caras y gestos con el humo del cigarro, la copa en mano y la sonrisa evasiva. Aquí no pasó nada.

SECTOR 9: ANALOGÍA SEGREGATIVA

28 Noviembre 2009

Los procesos migratorios y los consecuentes acomodos sociales con la llegada de grupos raciales y sociales distintos están siendo uno de los factores definitorios del siglo XXI; de la capacidad que tengamos como especie para aprender a convivir en circunstancias nuevas, problemáticas las más de las veces, depende en buena medida nuestro futuro. Cuando la tolerancia deje de ser una palabra hueca y las diferencias nos reconcilien con la maravilla de la diversidad, habremos dado un decisivo paso hacia la consolidación de la humanidad como concepto rector de nuestro diario peregrinar.
Escrita junto a Terri Tatchell y dirigida por el debutante sudafricano Neill Blomkamp, bien arropado por Peter Jackson quien pareciera verse en el espejo hace veinticinco años, Sector 9 (District 9, Nueva Zelanda-EU, 09) se despliega como un filme configurado a partir de un cruce de géneros: del falso documental, en forma de seguimiento televisivo con su característico sello amarillista, al cine político para entroncar con la propuesta de acción con todo y héroe caído pero nunca derrotado, con la flor del romanticismo en mano hasta el final.
Una nave espacial se ha posado en el cielo terrestre como una ciudad flotante muerta. Al entrar a ella, los humanos descubren a una serie de criaturas parecidas a crustáceos humanoides que pronto son ubicados en una colonia hasta que, veinte años después y tras las protestas sociales, se instrumenta un plan para reubicarlos aún más lejos. El responsable, un burócrata de buenas intenciones felizmente casado (Sharito Copley) y cuyo siniestro suegro es el jefe, se convertirá en el protagonista de una aventura que, como dice uno de los entrevistados, nadie vio venir.
El tono satírico se desprende desde el inicio, cuando se aclara que ahora los extraterrestres no llegaron a ninguna ciudad de Estados Unidos a diferencia de lo que siempre ocurre en este tipo de películas. Y ahí está, claramente, la analogía: no es casualidad que la película se desarrolle en Johannesburgo y que varios de los testimonios iniciales en contra de los langostinos –nombre despectivo que se les daba a los extraterrestres- provengan de gente de raza negra. Letreros discriminatorios y menosprecios continuos: un buen caldo para la violencia.
La lógica de las armas que aún permea las relaciones internacionales se refleja de manera precisa, así como el papel que juegan potencias mundiales y organismos multilaterales frente a conflictos en apariencia caseros. Un gobierno cuyo límite es la presión de afuera –pura imagen- pero que no se detiene para experimentar de manera clandestina o hacer lo que sea necesario para perpetuar su control, confiando más en su brazo militar que en el político, ciertamente convertido en peligrosa tenaza, literalmente.
Dentro del mencionado Distrito, la organización social está bien establecida, con las acostumbradas injusticias del caso: un grupo de mercenarios lidereados por un loco en busca de poder inconmensurable vía brujería, controla a la población, en este caso los langostinos, por medio del abasto de comida para gato, una especie de droga para los llegados del espacio veinte años atrás. Las fuerzas externas dejan que el estatus quo se mantenga, siempre y cuando no den problemas más allá del campo de refugio.
Pero lo que menos se puede tolerar es el mestizaje: ante quien parece totalmente diferente, qué importa exterminarlo, no hay culpa alguna en las mentes obtusas; pero quien tiene una parte de tu propia especie, puede generar sentimientos encontrados: es un traidor, una nueva posibilidad de convivencia o, por supuesto, el arma que todos estaban esperando, al más puro estilo Iron Man (Favreau, 08) sin contar con un paternal e inteligente Enemigo mío (Petersen, 85) que podría salir al quite para evitar un Infierno en el Pacífico (Boorman, 68) justo en Tierra de nadie (Tanovic, 01).
Cámara inquieta e inquietante que aprovecha la propia estructura narrativa para combinar tomas panorámicas con intromisiones a las vísceras de la colonia, sin escatimar en la presentación de fluidos de todo tipo, carnes destazadas y cuerpos que estallan con estética de videojuego y hasta del cine de serie B, le da frenética forma a este futurista aviso de cómo se pueden presentar las condiciones en los países desarrollados.
Letreros cual reportaje de pandemia van acompañando las secuencias editadas en forma enérgica, cambiando el punto de vista y la perspectiva de quién cuenta y qué se cuenta para, como suele suceder, ocultar la verdad en beneficio de la población, no vaya ser que no pueda con ella.

NUEVE: ALMA COLECTIVA

10 Noviembre 2009

La animación y la ciencia ficción han tenido una larga y muy fructífera relación: las posibilidades estéticas y creativas de la primera se prestan muy bien para recrear mundos futuros y realidades paralelas propias de la segunda. Usualmente con miradas pesimistas de alcance apocalíptico, las películas se desarrollan a partir de las consecuencias que los actos humanos han representado para la propia especie, colocándola en una posición de extrema precariedad.
Como se plantea en el estupendo libro Animation Art editado por Jerry Beck (Flame Tree Publishing, 2004), una productiva asociación entre japoneses y norteamericanos, tanto desde el punto de vista comercial como artístico, ha dado lugar a obras de indudable atractivo como las series de Animatrix o Fantasía Final; además del cine, el campo de los videojuegos ha tenido un desarrollo importante en este ámbito temático de los futuros distópicos.
nueve 2Centrado en estos terrenos y aprovechando los recursos digitales para construir una detallada animación sobre todo en escenarios y artefactos, el director Shane Acker, cobijado por los productores Tim Burton y el ruso Timur Bekmambetov (díptico Guardianes de la noche / Guardianes del día, 04-06), presenta la cienciaficcional animada Nueve (EU, 09), largometraje cuyo origen fue un corto y en el que se advierte cierta pretensión metafísica que busca trascender la base del relato –humanos vs. máquinas, creador vs. criaturas- ya vista en sagas populares como Matrix o Terminator.
Entre la consabida guerra librada por máquinas desalmadas y seres humanos ambiciosos con dejos de iconografía nazi, unos pequeños seres hechos a mano con tela y metal, nombrados a partir de un número y con mirada expresiva a lo Wall-E (Stanton, 08), subsisten de diferente forma: ocultos en una especie de fortaleza, investigando el terreno en ruinas o luchando contra la bestia, una siniestra criatura metálica de origen nebuloso.
La originalidad justo radica en la construcción de los personajes, acaso más que en su desarrollo argumental. 1 es un líder temeroso, dogmático y controlador (voz de Christopher Plummer); 2 es más investigativo y cuestionador; 3 y 4 representan la infancia y la memoria; 5 transita entre el temor y la búsqueda con sólo un ojo (John C. Reilly); 6 tiene muchas claves en su revuelta cabeza (Crispin Glover); 7 es el valor en versión femenina (Jennifer Connelly); 8 es la fuerza bruta y 9 es el recién llegado dispuesto a cambiarlo todo (Elijah Wood, ahora como Hobbit futurista).nueve 1
Además del notable y creativo trabajo de animación (quizá no con la perfección técnica de Pixar), que va de la presentación de escenografías sombrías y metálicas, aprovechando tonos verdosos y terregosos, al detalle de objetos y expresiones de los protagonistas, el vertiginoso armado de las secuencias de acción constituye un buen contrapeso a lo distante o frío que podría parecer la temática, señalada por algunos críticos como ajena o poco absorbente.
En mi caso no fue así, todo lo contrario. Por supuesto que es una cinta para niños –mucho más inteligentes de lo que luego suponemos- y para adultos –no tan inteligentes como luego nos creemos- gracias a esa equilibrada combinación de elementos narrativos y una poderosa puesta en escena.
Ideas como la del agua cual símbolo vital; el sentimiento colectivo que permanece tras el arrepentimiento; la búsqueda de la fuente y de los orígenes para entender presentes y plantarle cara al futuro y, desde luego, el sacrificio como vehículo para el engrandecimiento espiritual, van desprendiéndose entre batallas imposibles, búsquedas infructuosas y solidaridades nunca inútiles. Parece ser que por más ruinoso que sea el entorno, conviene volver al origen para empezar a buscar el lugar que nos corresponde: quizá ahí recuperemos un poco de la extraviada alma que nos define.

HARRY POTTER ENAMORADO

31 Agosto 2009

A la escuela de Hogwarts ha llegado la inseguridad: se cuela por los pasillos, penetra las paredes, se instala en el comedor, despierta en los dormitorios y flota en las aulas-laboratorio. Dos razones son las que la han generado: la presencia cada vez más influyente del villano innombrable y la aparición abrupta del amor romántico, con todas las luchas internas y externas que implica el descubrimiento de que, en efecto, el sexo opuesto puede tener algún tipo de interés.
Mostrando capacidad para aprender de los errores propios, el director británico David Yates –responsable de la anterior entrega- y el guionista Steve Kloves –escritor de cinco partes- han logrado darle un nuevo aire a esta saga fílmica para atraer la atención tal como lo hizo su referente literario. Harry Potter y el misterio del príncipe (GB-EU, 09) consigue combinar con equilibrio drama, aventura, romance, comedia y hasta cierta épica. La espera valió la pena, sobre todo porque parecía que las adaptaciones fílmicas daban muestras prematuras de agotamiento.
Aunque de manera menos enfática, también se retoma la etapa de la vejez como estado natural de sabiduría, a través del personaje de Dumbledore (Michael Gambon impecable como siempre) y de la importancia del pasado como base para la toma de decisiones, en el que el profe Horace Slughorn tiene un papel central (Jim Broadbent). La presencia del trío protagónico (Radcliffe, Grint y Watson) se encuentra más nivelada, así como los vínculos que establecen entre sí y con otros estudiantes: si bien los conflictos pueden parecer pueriles, queda claro a qué público van dirigidos.
Tanto la edición, que consigue plantear un discurso menos episódico que las anteriores entregas, como el enfoque puntual del guión, facilitan el tránsito del argumento durante las dos horas y media de duración. La apuesta visual con predominancia de tonos oscuros aunque marcando ciertos contrastes, se soporta por efectos visuales oportunos y una puesta en escena que busca colocar a los personajes por encima de posibles distractores decorativos.
Un cuidadoso manejo de la iluminación, sobre todo en ciertos encuadres, lanza el claro mensaje de esta dualidad necesaria y siempre conflictiva entre las tinieblas inquietantes y los haces de luz, apenas atreviéndose a romper la hegemonía que pareciera ir imponiendo el mal, en pos de la resurrección definitiva.
Se mantiene una gran deuda con El señor de los anillos, tanto en la idea temática como ahora en la película: la secuencia de la batalla entre el fuego y el lago recuerda mucho a Gandalf y Potter se acerca al personaje de Frodo luchando con el Gollum. Lo que sí se redujo al mínimo fueron las referencias mitológicas de todas partes: si bien le puede restar espectacularidad al film, refuerza la intención de concentrarse más en los personajes y sus conflictos adolescentes.
Además de las decisiones amorosas, manipuladas por pociones cual drogas más o menos permitidas, está presente el duro trance de tomar caminos en apariencia definitivos: de ahí que Draco (Tom Felton) se constituya como un personaje simbólicamente importante, al igual que el eterno Snape, interpretado con severidad imperturbable por Alan Rickman. Breves pero concisas las apariciones de Maggie Smith y Helena Bonham-Carter, en los extremos del espectro moral.
El amor y el sacrificio tienen su lado oscuro, muy cerca de la luz que pudieran irradiar. Son las nuevas lecciones que van ir aprendiendo los estudiantes cada vez más lejos de la escuela y más cerca del mundo real.