Un par de claros ejemplos para vislumbrar por dónde anda la comedia cinematográfica hacia el fin de la primera década del nuevo milenio: sátira llevada a ciertos extremos para burlarse de convencionalismos sociales, por una parte, y por la otra, retrato de seres comunes con un pie en el territorio freak, sin llegar a los niveles de los personajes de Todd Solondz, pero bien insertos en la cultura pop norteamericana.
De la mano de dos de los personajes clave en la comedia actual -el director, productor y escritor Judd Apatow, y Sacha Baron Cohen, comediante transgresor- podemos ubicar los caminos que puede tomar un género tan predominante como la comedia, aunque complejo en su construcción tanto narrativa como argumental. Ya sabemos que para la crítica social, nada mejor que una buena comedia, no obstante se juegue en los linderos de la vulgaridad, el mal gusto y la incorrección política.
Un par de tipos que entienden aquello de la seriedad para poder aventurarse por los escasos caminos de originalidad que podemos encontrar hoy en día, aunque los resultados no sean siempre coincidentes con las pretensiones. Algunos rasgos de sus trabajos: continuas referencias al sexo, a la condición económica y a las manías sociales que rodean a la obsesión por la fama, pasando por la constante búsqueda para burlarse de las muchas aristas que ofrece la sociedad actual para tal efecto: ignorancia, tabúes, atavismos, intolerancia, doble moral…
PERSONAS DIVERTIDAS
Después de dirigir Virgen a los 40 (05) y Ligeramente embarazada (07), Apatow se erigió como líder de un grupo de intérpretes que, retomando las historias de perdedores de los ochenta, se ha convertido en la referencia de la comedia en Hollywood. Tanto en su labor de producción como de escritura, el también esporádico actor ahora nos presenta Siempre hay tiempo para reír (Funny People, EU, 09), en la que busca escaparse de los márgenes de su propio sello para incorporar un poco de drama y de reflexión sobre la profesión de él y sus compinches.
Con algunos destellos hilarantes, la cinta por momentos divaga a partir de una premisa demasiado conocida: un famoso comediante solitario, pesadito y prepotente, de pronto empieza a ver la vida de manera distinta frente a la inminencia de su muerte. Entra en contacto con un colega que apenas inicia y que vive de arrimado con dos amigos también del medio, así como con un antiguo amor y su propia familia.
A los intérpretes habituales (Seth Rogen, Leslie Mann, Jonah Hill) se suman Adam Sandler, Jason Schwartzman y Eric Bana, configurando un sólido reparto que se mueve bien dentro de las posibilidades de sus personajes. Terminan por funcionar mucho mejor los diálogos y las bien construidas situaciones cómicas que los apuntes reflexivos sobre la vida a partir de los cuarenta: eso sí, se agradece la ausencia de transformaciones mágicas de los personajes y los momentos de sensiblería vacua.
PERSONAS IGNORANTES
Tras darse vuelo con Ali G anda suelto (02) y Borat (06), el cómico judío inglés ahora nos presenta a Brüno (EU-RU, 09) film dirigido por Larry Charles que sigue la absurda búsqueda de la fama por parte de un austriaco homosexual que trabaja en una revista de modas. Después de ser despedido y terminar con su novio pigmeo, decide embarcarse a Estados Unidos para convertirse en el personaje más conocido de su país, al nivel de Hitler.
Si bien la narrativa está demasiado dislocada y se extraña una mayor coherencia en el armado de los sketches a manera de documental televisivo, Cohen apunta muy bien sus dardos críticos: a la homofobia, a la frivolidad, al racismo, a los dudosos motivos de las acciones caritativas y, desde luego, a la incontrolable obsesión por obtener los 15 minutos de fama warholiana que parecen dar, en muchos casos, sentido a la vida, por lo menos los siguientes 15 minutos para sumar media hora de satisfacción efímera.
Sin detenerse ante casi nada –se dice que un pasaje con la hermana de Michael Jackson se editó al final por la muerte de éste- Brüno pone al descubierto, a partir de su propia ingenuidad, mecanismos sociales absurdos y ridículos que si bien todos conocemos de pronto pueden empezar a pasar desapercibidos: la banalización de la política; el desprecio por los migrantes; el odio irracional contra los homosexuales; las limitaciones neuronales de ciertos sectores del mundo de la moda; el dogmatismo de supuestos convertidos ahora vueltos convertidores y así por el estilo.
Ya sabemos que la ignorancia no tiene que ver con la cantidad de conocimientos, sino con la incapacidad para identificar hasta dónde sabemos.



Centrado en estos terrenos y aprovechando los recursos digitales para construir una detallada animación sobre todo en escenarios y artefactos, el director Shane Acker, cobijado por los productores Tim Burton y el ruso Timur Bekmambetov (díptico Guardianes de la noche / Guardianes del día, 04-06), presenta la cienciaficcional animada Nueve (EU, 09), largometraje cuyo origen fue un corto y en el que se advierte cierta pretensión metafísica que busca trascender la base del relato –humanos vs. máquinas, creador vs. criaturas- ya vista en sagas populares como Matrix o Terminator.