Posts etiquetados ‘Adolescencia’

LUNA NUEVA O CÓMO ENAMORARSE SIN MORIR EN EL INTENTO

11 Diciembre 2009

Las versiones de los amantes malditos con Romeo y Julieta a la cabeza, no cesan de aparecer en el cine y la literatura. He aquí una descremada versión, para el siglo XXI, con colmillos limados, aullidos puberales y mucha abstención. Claro que si pensamos en el público a quien va dirigida esta serie –adolescentes femeninas- no podemos negarle eficacia temática y narrativa, sobre todo si de ahí las susodichas dan el salto a los textos de Shakespeare, por ejemplo, y a las auténticas películas de vampiros: sin brillantina, (des)peinados de salón, mirada felina ni prudencia a la hora de hincar el diente.
Si en la anterior entrega Catherine Hardwicke intentó capturar el espíritu adolescente del enamoramiento imposible, ahora Chris Weitz (Un gran chico, 02; La brújula dorada, 07) presenta la llegada a la mayoría de edad (en nuestro País) de la sufriente Bella Swan (Kristen Stewart, protagónica indiscutible), atrapada entre amores, monstruos y demás factores que suelen acompañar a la vida adulta: una constante cámara circular que cae en picado o rodea a la bella sin bestia apoyando las elipsis, intenta construir la atmósfera necesaria para enfatizar su estado anímico.
Luna nueva (EU, 09) es una historia de amor adolescente con fuertes dosis de fantasía que no apuesta por la originalidad, sino por la capacidad de construir un mosaico articulado a partir de grandes relatos. A la consumación imposible ahora se le añade el clásico triángulo amoroso, entre la humana que sigue convencida de pasarse al mundo de los muertos vivientes, el pálido galán dispuesto al sacrificio (Robert Pattinson) y el emergente piel roja arreglamotos con músculos visibles y secreto escondido (Taylor Lautner).
Alrededor de los galanes, sus respectivos clanes un cuanto tanto desdibujados: una pandilla de jóvenes con bermudas y torsos al aire, incluida la novia desfigurada muy contenta sirviendo panecillos (absurdo), y los ya conocidos vampiros alivianados que intentan sobrellevar su eternidad renunciando a la sangre humana, con que otra tentación aún no del todo resuelta.
Además, el papá de ella, haciendo peores chistes cada vez y un diluido líder del clan indio cuya presencia y ausencia terminan por resultar irrelevantes, al igual que los compañeros escolares y la vengativa vampira, acechando pero nunca entrando en plena acción como para justificar sus esporádicas apariciones. Otro ejemplo: el personaje de Dakota Fanning, más allá de echar miradas fulminantes y dar un par de órdenes, no queda del todo esbozado.
Justo el intento de sacrificio del novio en fuga, vía una Entrevista con el vampiro (Jordan, 94), léase el líder de la sangronsísima –en todo sentidos- y acartonada familia real (Michael Sheen, feliz en su sobreactuación), acentúa la sensación de estar viendo una cinta episódica, como sucede con la mayoría de las entregas de Harry Potter. De los bosques siniestros cercanos a Washington de pronto nos vamos a Italia sin que medie del todo un engranaje coherente.
Si bien las angustias amorosas de la joven se desarrollan con suficiente amplitud y uno alcanza a sentir cierta empatía, el resto de las posibles tramas argumentales quedan apenas esbozadas y sólo interrumpen la construcción paulatina del personaje central, en busca de atraer a su amado extraviado a través de ponerse en peligro sólo para intentar cubrir ese hueco enorme en el pecho como bien confiesa en sus correos electrónicos nunca contestados por la cuñada.
El privilegio de las secuencias de acción, particularmente las que enfrentan a las especies (a la Underworld pero sin tanta parafernalia), le resta fuerza al tono romántico buscado en cumbres borrascosas: incluso el empleo de buenas canciones para acompañar ciertos pasajes se antoja innecesario porque impide que emerja el propio espíritu de la historia.
Tampoco es que los efectos especiales ayuden de manera particular, sobre todo si nos fijamos en esos lobos que cambian caprichosamente de tamaño o en las humeantes apariciones del ahora ex novio, diciendo a la distancia lo que debe o no hacer la empedernida enamorada atrapada entre pesadillas tanto en el mundo real como en el de los sueños.
En síntesis, se trata de una de esas películas que logrará satisfacer a los fans, que no gustará a la crítica y que en un futuro quedará como un recuerdo, tan incierto como algunas de las visiones descritas en la historia, de un producto que acompañó efímeramente la educación sentimental de una generación.

HARRY POTTER ENAMORADO

31 Agosto 2009

A la escuela de Hogwarts ha llegado la inseguridad: se cuela por los pasillos, penetra las paredes, se instala en el comedor, despierta en los dormitorios y flota en las aulas-laboratorio. Dos razones son las que la han generado: la presencia cada vez más influyente del villano innombrable y la aparición abrupta del amor romántico, con todas las luchas internas y externas que implica el descubrimiento de que, en efecto, el sexo opuesto puede tener algún tipo de interés.
Mostrando capacidad para aprender de los errores propios, el director británico David Yates –responsable de la anterior entrega- y el guionista Steve Kloves –escritor de cinco partes- han logrado darle un nuevo aire a esta saga fílmica para atraer la atención tal como lo hizo su referente literario. Harry Potter y el misterio del príncipe (GB-EU, 09) consigue combinar con equilibrio drama, aventura, romance, comedia y hasta cierta épica. La espera valió la pena, sobre todo porque parecía que las adaptaciones fílmicas daban muestras prematuras de agotamiento.
Aunque de manera menos enfática, también se retoma la etapa de la vejez como estado natural de sabiduría, a través del personaje de Dumbledore (Michael Gambon impecable como siempre) y de la importancia del pasado como base para la toma de decisiones, en el que el profe Horace Slughorn tiene un papel central (Jim Broadbent). La presencia del trío protagónico (Radcliffe, Grint y Watson) se encuentra más nivelada, así como los vínculos que establecen entre sí y con otros estudiantes: si bien los conflictos pueden parecer pueriles, queda claro a qué público van dirigidos.
Tanto la edición, que consigue plantear un discurso menos episódico que las anteriores entregas, como el enfoque puntual del guión, facilitan el tránsito del argumento durante las dos horas y media de duración. La apuesta visual con predominancia de tonos oscuros aunque marcando ciertos contrastes, se soporta por efectos visuales oportunos y una puesta en escena que busca colocar a los personajes por encima de posibles distractores decorativos.
Un cuidadoso manejo de la iluminación, sobre todo en ciertos encuadres, lanza el claro mensaje de esta dualidad necesaria y siempre conflictiva entre las tinieblas inquietantes y los haces de luz, apenas atreviéndose a romper la hegemonía que pareciera ir imponiendo el mal, en pos de la resurrección definitiva.
Se mantiene una gran deuda con El señor de los anillos, tanto en la idea temática como ahora en la película: la secuencia de la batalla entre el fuego y el lago recuerda mucho a Gandalf y Potter se acerca al personaje de Frodo luchando con el Gollum. Lo que sí se redujo al mínimo fueron las referencias mitológicas de todas partes: si bien le puede restar espectacularidad al film, refuerza la intención de concentrarse más en los personajes y sus conflictos adolescentes.
Además de las decisiones amorosas, manipuladas por pociones cual drogas más o menos permitidas, está presente el duro trance de tomar caminos en apariencia definitivos: de ahí que Draco (Tom Felton) se constituya como un personaje simbólicamente importante, al igual que el eterno Snape, interpretado con severidad imperturbable por Alan Rickman. Breves pero concisas las apariciones de Maggie Smith y Helena Bonham-Carter, en los extremos del espectro moral.
El amor y el sacrificio tienen su lado oscuro, muy cerca de la luz que pudieran irradiar. Son las nuevas lecciones que van ir aprendiendo los estudiantes cada vez más lejos de la escuela y más cerca del mundo real.

TIPOS COMUNES Y CORRIENTES

22 Agosto 2009

Una de las nuevas tendencias de la comedia norteamericana se centra en una mirada masculina a medio camino entre los nerds ochenteros, los freaks de los noventa y los baquetones del nuevo milenio. Rondando los cuarenta, más menos cinco, son dignos representantes de la adolescencia tardía: no necesariamente guapos, inteligentes, ricos o carismáticos, atributos hoy sobrevalorados; pero eso sí, cómo se divierten, no obstante puedan catalogarse, según los estrechos parámetros que rifan en estos tiempos de homogenización, como fracasados o perdedores.

CUARTETO DESMEMORIADO
Cuando un tipo abre el ojo por la mañana y pregunta “¿qué tal me la pasé?” y nadie a su alrededor puede responder a la pregunta, sino más bien todos se formulan el mismo cuestionamiento, entonces el tiroteo estuvo intenso. Más divertido que haberlo vivido, puede ser la idea de reconstruir lo sucedido, con todo y los riesgos inherentes a que la memoria haga de la suyas: el fantasma de la cruda moral puede sobreponerse a la física o bien, soltar la carcajada una vez que los sucesos regresan a la conciencia.
Dirigida por Todd Phillips, persistente realizador de comedias masculinas más o menos eficaces según el caso (Viaje censurado, 00; Aquellos viejos tiempos, 03; Starsky & Hutch, 04; Escuela para idiotas, 06), ¿Qué pasó ayer? (The Hangover, EU, 09) es un armado de rompecabezas en plena cruda que deben llevar a cabo cuatro tipos en Las Vegas: el festejado próximo a casarse ausente del periplo; su extraño pero al fin afectuoso cuñado y sus dos mejores amigos, un dentista sumiso y frustrado profesionalmente y un improbable galán maestro de escuela.Hangover
Si la comedia en lo global funciona a medias, con un exceso de huecos narrativos y hechos tan inverosímiles como forzados aún dentro de su propio contexto, son los hilarantes segmentos los que consiguen arrancarnos sabrosas y sonoras carcajadas. El tono de comedia se plantea como una reconstrucción de daños, en función de lo que aparece al día siguiente en la suite de los cuatro borrachines, bien personificados y aprovechados los tres que más están en pantalla, a diferencia de los otros personajes que acaban siendo un cuanto tanto desperdiciados, en particular Heather Graham, quien salva el honor femenino.
Phillips, también director de Frat House (94), una crítica mirada a los usos y costumbres de las fraternidades universitarias, y del documental Hated (94), sobre el punk GG Allin y sus tendencias autodestructivas, destila comicidad en la frontera de la corrección política junto a sus guionistas Moore y Lucas, lindando con pizcas de surrealismo (esa gallina que nunca se explica) y cuidando en todo momento a sus criaturas, con las que a pesar de todo sentimos empatía y hasta ganas de brindar con ellos.

PAR MODELO
He aquí a dos vendedores que recorren escuelas, uno como botarga y otro como orador, para promover una vomitiva bebida engañabobos. Uno es desenfadado (Seann William Scott) y el otro empieza a padecer la adultez (Paul Rudd), sobre todo ahora que su novia lo cortó (Elizabeth Banks) y que empieza a darse cuenta que su vida más bien no ha sido lo que esperaba.
un par nada ejemplarUn desaguisado automovilístico los lleva a la necesidad de cubrir 150 horas como tutores de niños y jóvenes: aquí empieza la diversión y mala leche, hasta que la comedia sucumbe ante la necesidad de darnos un mensaje no pedido que por fortuna se lo guardan durante la mayor parte del metraje. Así, la comedia funciona en un nivel simple pero dinámico, expresando más de lo que una primera mirada podría captar.
Dirigida por David Wain, Un par nada ejemplar (Role Models, EU, 08) le da una divertida repasada a los huecos rollos de autoayuda, a los juegos de rol en su vertiente enajenante pero también socializadora; a las relaciones entre adultos y adolescentes y a las organizaciones de beneficencia, aquí dirigida por una estupenda Jane Lynch, interpretando a una dura exadicta en etapa de jefaza.