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TRANSFORMERS: DESHUESADERO FÍLMICO

4 Julio 2009

Primero fueron los juguetes y después la serie televisiva, a la que se le intentó dotar de un contexto complejo que en la película acaba siendo más bien confuso. Apareció también la historieta correspondiente y los videojuegos, para abarcar diversos medios e industrias del entretenimiento. Faltaba, desde luego, el cine: ¿resultaría rentable, ya no digamos artísticamente retador, entrarle a producir una película al respecto? Spielberg pensó que sí y Dream Works se puso a trabajar en darle forma a este sueño que para algunos podría parecer más bien una pesadilla metálica.
Como si no hubiera sido suficiente con la primera entrega de estos camaleónicos seres de hojalata presentada en el 2007 (sin considerar la producción de 1986), ahora nos llega Transformers: la venganza de los caídos (Michael Bay, EU, 09), una secuela con el sello de la casa: saturación visual; duración inútilmente excesiva; acción hueca que por reiterativa se vuelve anestésica; personajes sin un milímetro de atractivo más allá del físico y argumento enredado no por inteligente sino por rebuscado.máscara transformers
Como sucedía con la soporífera Pearl Harbor (Bay, 01), nos enfrentamos a un prolongado desfile de clichés que entre que sí y entre que no, deja ver intensos despliegues militares en zonas cubiertas de arena y hasta en el espacio exterior, como una manifestación de poder. Así es como los Autobots, Decepticons, Constructicons e Insecticons se trenzan en una serie de trifulcas que cautivan a la primera pero que se van convirtiendo en pesada rutina, ante la ausencia de un argumento más interesante.
Uno agradece, aunque tarde, la incorporación de John Turturro a la historia, único personaje de carne y hueso –la güerita felina de cascos pesados no cuenta- medianamente interesante. La presencia de los padres con todo y sus nada graciosos desfiguros, así como de los militares dando órdenes de caricatura y lidiando con el insufrible burócrata, no terminan por tener mayor relevancia. La pareja protagónica (Shia LaBeouf y Megan Fox, cual parte del decorado) acaba perdiéndose en el deshuesadero en el que acaba convirtiéndose el film, al igual que el joven recién integrado al reparto.
transformersMis pequeños acompañantes cinéfilos no dudaron en, a pesar de haberse mantenido razonablemente interesados a lo largo de las dos horas y media de duración, asignarle dos estrellas y media al film sobre un posible de cinco, calificación muy baja para sus estándares: no dudo que pudo haber influido la cara de hartazgo de su padre frente a las peleas como la guerra de los cien años y que no invitaban a estar en favor de nadie.
Más bien se agradecía el momento en el que aparecía la típica foto de postal retocada que anunciaba la victoria de los buenos, por decirlo de alguna manera, después de una batalla en Egipto ante la cual uno pedía esquina no por intensa, sino por larga, confusa y carente de vísceras. La venganza de los caídos más bien parecía estar dirigida al incauto espectador que buscaba entretenimiento y terminaba encontrando, cuando menos, una jaqueca del tamaño de Optimus. Lo único que se acaba obteniendo tras ver la cinta es mirar con cierta desconfianza al horno de microondas.
No se niega, sin embargo, que a los fans del mundo transformer les pueda satisfacer semejante artefacto fílmico que, eso sí, nunca niega su intención ni pretende hacerse pasar por lo que no es, como luego sucede con algunos filmes veraniegos que se hunden sin remedio por querer navegar por aguas desconocidas. Toda la apuesta en la acción y los efectos especiales no es suficiente para convertir a esta secuela en una parada interesante del desfile veraniego. El cine-espectáculo no tiene por qué ser hueco. O no tan hueco.

WOLVERINE: LIDIANDO CON LA DESMEMORIA Y EL ANIMAL INTERIOR

13 Junio 2009

Inicia oficialmente la temporada de las grandes producciones fílmicas, desde el punto de vista económico: cintas orientadas al espectáculo, predominantemente, y a buscar encontrarse con los públicos masivos. A diferencia del año anterior, la propuesta del 2009 parece sustentarse sólo en destellos –Up, por ejemplo- y en secuelas o precuelas cuyas películas antecedentes no fueron la gran cosa como para esperarlas con cierta emoción. Ojalá me equivoque. Por lo pronto, iniciemos el recorrido.
Con mis tres acompañantes habituales en el verano, su madre y hasta un amigo incluido (de los niños, cabe aclarar), asistimos al estreno largamente esperado –más por la influenza- de la nueva veta fílmica proporcionada por el mundo de los X-Men, bautizada como Orígenes. Obviando las chamarras por el cruel calor que estamos padeciendo, los imprevistos wolverines versión infantil del Bajío se presentaron con su playera blanca sin mangas, pantalón de mezclilla y peinado que pretendía ser agresivo: ya imaginarán los resultados. Eso sí, la ceja arqueada no podía faltar, a diferencia del puro que bien pudo haber sido de chocolate.
Dirigida con librito en mano por el sudafricano ya en plano mainstream Gavin Hood (Tsotsi, 05; El sospechoso, 07) para quien el tema del outsider no es ajeno, X-Men orígenes: Wolverine (EU, 09) centra su atención en el personaje del título, interpretado con alma por Hugh Jackman -a quien además habría que agradecerle su actitud hacia México- para entroncar con la situación de extravío del propio Logan que se presenta en X-Men (Singer, 00), corazón también de X2 (Singer, 03), acerca de este grupo de mutantes en perpetuo conflicto con humanos, congéneres y consigo mismos.
Los orígenes se remontan a la infancia del lobezno en Canadá hacia finales del siglo XIX, con todo y parricidio involuntario y huída junto a Victor Creed, su medio hermano vuelto después enemigo acérrimo, con quien participaría en diversas guerras bajo el falso discurso del servicio a la patria como bandera. Con fugaz edición, se suceden las secuencias deslavadas de toda esta trayectoria bélica que de alguna manera parecía darle sentido a la vida del soldado capaz de sanar rápidamente de las heridas físicas e imposibilitado para curarse las emocionales.Wolverine garras
Tras formar parte del consabido grupo de élite, integrado por mutantes un cuanto tanto desperdiciados en el film, decide abandonarlo todo al ver los métodos empleados, incluyendo a su familiar némesis Sabretooth (Liev Schreiber), quien cobra aquí una dimensión distinta a la de la primera película de la saga, en la que sólo era un gruñón de fuerza más bien bruta: no es que ahora sea un genio pero por lo menos articula algunas ideas. Iniciaría así una larga historia fratricida manipulada por el siniestro militar William Stryker (Danny Huston, llevándose la película).
El nacimiento propiamente del personaje, se retrata en la lograda secuencia en la que parece morir como Logan y resucitar como Wolverine, nombre prestado de la leyenda platicada por su novia (Lynn Collins), una maestra escolar vuelta pieza clave del desarrollo posterior de los acontecimientos. El del trío de garras retráctiles, quien primero apareció en el cómic de Hulk, es un forajido saturado de dolor interno y, lo peor, sin saber porqué lo invade: sólo lo siente pero es incapaz de procesarlo al no saber de dónde proviene, un poco como le sucedía a Jason Bourne, el hiperactivo espía abandonado a su (mala) suerte.
Al concentrarse en el protagonista, el guión pierde contexto y deja en la superficie tanto causas como personajes: no es que se pida profundidad pero sí un poco más de información que ayude a la narración. Sin embargo, conforme avanza la historia, se van superando los clichés del solitario vengador para aterrizar en un digno desenlace en la isla, ese espacio imaginario de experimentaciones siempre lejos de la luz pública. Sucede al revés que en la mayoría de las películas de este tipo: mejora al final.
JackmanClaro, hay elementos retomados de las grandes narraciones: la obvia del hombre lobo; la decapitación del mito vampírico y la recreación de Deadpool (Ryan Reynolds) de Frankenstein: un X-Men síntesis de varios pero al fin sometido a los caprichos de su creador y silenciado cruelmente. Como le sucediera a Superman, el de garras de hueso primero y adamantium después, es rescatado por un par de ancianos granjeros en cuya casa continúa la cacería por parte del perro faldero e infalible pistolero Agente Cero (Daniel Henney).
Mientras que las secuencias de acción no tienen mancha, se extraña un poco de más humor, más emotividad y menos dramatismo, y acaso mayor intensidad: se opta por renunciar a las pretensiones buscadas por El caballero de la noche (Nolan, 08) para volver a producir una típica película de cómic: maniquea, entretenida y esquemática. Hay desperdicios: los personajes que desfilan por el film como Gambito (Taylor Kitsch), Blackwing (Dominic Monaghan), Kestrel (Will.i.am) y The Blob (Kevin Durand) se quedan como meras viñetas sin alcanzar a generar algún tipo de interés.
“¿Wolverine perdió la memoria o tal vez no?” preguntó Gonzalo ya con el peinado muy venido a menos entre tanta palomita, mientras que José Pablo, el minicrítico y el pequeño Max coincidían en los comentarios de alabanza por lo que acababan de ver, colocando esta cinta por encima de cualquiera de las tres anteriores.
Por lo menos ya querrán usar esas camisetitas sin mangas moda músculo que tanto despreciaban y que ahora se volverán parte esencial de su guardarropa. Espero que no me pidan usar una de ésas ni peinarme con las alitas características: no vaya ser que ahora sí me confundan con Wolverine.