Paul Simon volvió demostrar, por si había duda, que es uno de los grandes escritores de canciones de la música popular, tal como se deja escuchar en el brillante So Beautiful Or So What, al tiempo que Nick Lowe presentó The Old Magic, cual muestra del talento para confeccionar canciones a partir del dominio de los géneros. Ry Cooder levantó la mano como indignado con Pull Up Some Dust And Sit Down, Gregg Allman le puso vitamina en Low Country Blues y Glen Campbell, en clave country-pop, presentó Ghost On the Canvas, manifiesto de que continua en su lucha contra el Alzheimer.
Tom Waits, cual peligroso hechicero pelirrojo y rostro de mil vidas, nos invita al riesgo con Bad As Me, como para probarnos un poco, en contraste con Charles Bradley quien nos recuerda que la vida sigue a través de No Time for Dreaming y con Booker T. Jones, quien presentó The Road From Memphis con invitados de prestigio. Gil Scott-Heron, fallecido recientemente, presentó We´re New Here junto a Jamie XX, a manera de epitafio inolvidable y cual spoken word para la perpetuidad. Lindsey Buckingham confeccionó Seeds We Sow a través de un pop barroco exquisito y Duane Eddy le puso experiencia y talento a Road Trip.
Jay-Z y Kanye West se voltearon a ver, en explosiva batalla de egos y talentos, a través de Watch the Throne, cuyo título no permite dudas. Wild Flag con álbum homónimo reunió a personal de Sleater-Kinney y Helium y la banda conocida como SuperHeavy reunió en disco ídem a Mick Jagger, Damian Marley, Joss Stone y A.R. Rahman. Lou Reed y Metallica hicieron impensable equipo para grabar el teatral Lulu.
Para nostálgicos ochenteros, ahí quedó el dinámico regreso The Cars con Move Like This, y para los noventeros, Jane´s Addiction con The Great Escape Artist y Primus con Green Naugahyde, hicieron lo propio. Wire volvió con envidiable precisión y agallas vía Red-Barked Tree, los Beastie Boys rapearon con intensidad en Hot Sauce Committee Part Two y los Red Hot Chili Peppers aventaban su funk al oído en I’m With You. Volvió el consistente rock de VHS or Beta con Diamonds and Death y el de Gomez con Whatever’s On Your Mind.
Radiohead se autoproclamó The King of Limbs, obra de consolidaciones por si hiciera falta y R.E.M. se despidió con Collapse into Now: tristeza y agradecimiento a uno de los grandes. The Waterboys continuaron sus lances poéticos con Appointment With Mr. Yeats. Coldplay pasó lista sin demasiado ruido con Mylo Xyloto, en contraste con Mogwai y su envolvente Hardcore Will Never Die, But You Will y con Elbow y el luminoso Build A Rocket Boys!
Josh T Pearson se aventuró en solitario con Last of the Country Gentlemen, al igual que Bill Callahan
con el narrativo Apocalypse; Thurston Moore con Demolished Thoughts, urdida como una pequeña e íntima obra folk, cuyo par podría ser Ashes and Fire de Ryan Adams, y Kurt Vile con el espléndido Smoke Ring for My Halo. Bon Iver con disco homónimo volvió a poner al folk en los terrenos del arte grande, Cass McCombs le puso humor y placidez por partida doble en Wit´s End y Humor Risk y Glenn Jones colocó su alma de frente en The Wanting. King Creosote & Jon Hopkins firmaron Diamond Mine en una lógica conceptual, casi etnográfica.
Iron and Wine, cual profeta barbado, siguió en plan grande con Kiss Each Other Clean y Low reforzó su prédica con C´Mon; The Jayhawks volaron alto con Mockingbird Time, como The Low Anthem con Smart Flesh, mientras que Hiss Golden Messenger le colocó un poco de atmósfera a su propuesta en From Country Hai East Cotton. Destroyer tejió un pop de altura escapista con Kaputt.
Demostrando que su debut no fue flor de un día, Fleet Foxes mantuvieron un nivel de ensueño en Helplessness y Stephen Malkmus and The Jicks dieron cátedra de rock y anexas con Mirror Traffic. The Decemberists anunciaron cambios en el reinado de la música con el espléndido The King Is Dead; My Morning Jacket volvió a casa con Circuital y Wilco confirmó que es una de las bandas fundamentales de la actualidad gracias al brillante The Whole Love.
Rockblues, psicodelia y, en algunos casos, tintes de punk: combinaciones que dieron jugosos frutos durante este año como The Black Keys, quienes rubricaron uno de los mejores álbumes con El Camino, por el que también transitaron The Kills y su Blood Pressures, mientras que la banda texana conocida como White Denim hizo lo propio con D, su mejor obra a la fecha y Drive-By Truckers siguió contándonos cercanas historias de carretera en Go-Go Boots.
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