Archivo de Mayo 2009

FANTASMAS LATOSOS

30 Mayo 2009

Un par de cintas en las que aparecen fantasmas ya sea para corregirle la plana al mujeriego higadito o para solicitar algún favor al dentista misógino. Se trata de la convencional Los fantasmas de mi ex (Waters, 08), retomando Un cuento de navidad de Dickens, y de Un fantasma fastidioso (Ghost Town, EU, 08) entretenida comedia romántica cortesía de David Koepp (Ventana secreta, 04; Ecos mortales, 99) mejor conocido como cotizado guionista.
En la primera se cae en un esquema demasiado predecible de la conversión poco creíble que vive un fotógrafo que no cree en el amor. A pesar del evidente acoplamiento actoral de sus protagonistas, Matthew McConaughey y Jennifer Garner, de la presencia fantasmal de Michael Douglas junto a ciertos personajes bien caricaturizados y de ciertos diálogos y frases chispeantes (“tiene más poder el que quiere menos”), el film sucumbe frente a su propia intención: como suele suceder, en lugar de seguir el camino desfachatado propuesto al inicio, nos desviamos hacia una ruta salpicada de lecciones sobadas sobre la fuerza del amor que no sostienen, al igual que los discursos antienamoramiento del insufrible galán.
Fantasma fastidiosoEn la segunda, si bien la tentación de transformación del protagónico está presente, se opta por mantenerse en una lógica más probable de desarrollo de los personajes. Ricky Gervais interpreta con su habitual sentido del humor británico a un antisocial dentista, mientras que Greg Kinnear, como el espíritu latoso y Tea Leoni como la viuda de éste, funcionan como un buen soporte actoral.
Lo curioso es que Los fantasmas de mi ex se encuentra actualmente en cartelera y Un fantasma fastidioso se fue directo al circuito de video. Así las cosas.

Publicado en el periódico a.m. el 29 de mayo del 2009

DUPLICIDAD: JUEGO DE ESPEJOS

30 Mayo 2009

Una vez más las empresas y sus tácticas sospechosas para competir en el mercado, se colocan al centro de un film, como sucediera recientemente con Agente internacional (Tykwer,09); nada más que ahora el tono es de estilizada comedia criminal de vuelta de tuerca constante, al más puro estilo de David Mamet, en el que igual cabe la sofisticación que los cerebrales golpes bajos, en lugar de la bien representada lucha cuerpo a cuerpo entre los mandamases de los emporios rivales, interpretados con placer por dos grandes: Paul Giamatti y Tom Wilkinson.
Dirigida por Tony Gilroy, responsable de la espléndida Michael Clayton (07), en la que ya se inmiscuía en las cloacas de las corporaciones, Duplicidad (EU-Alemania, 09) es un juego en el que seguimos los encuentros/desencuentros de dos espías (Julia Roberts y Clive Owen, aligerando la química ya evidente en Closer) en apariencia rivales con larga historia que contar, desmenuzada a partir de flashbacks explicativos que permiten ir armando el rompecabezas del presente, donde trabajan en las dichas empresas antagónicas, uno de cada lado aunque respondiendo al bando contrario, un poco como en Héroes infernales (Law y Mak, 02) e Infiltrados (Scorsese, 06).Duplicidad
Con la ligereza que la intención del film requería, el guión se va retorciendo entre locaciones múltiples, lucidores recursos visuales y hasta cierta tensión enfatizada en la secuencia de la fotocopia clandestina. La segmentación de la narrativa funciona para darle un toque de suspenso y de necesaria confusión a los diversos sucesos, poco a poco esclareciéndose justo a tiempo para algunos y demasiado tarde para otros. Un entretenimiento en serio.

Publicado en el periódico a.m. el viernes 29 de mayo del 2009

LA ELEGIDA: ESTÉTICA DEL DESEO MORIBUNDO

17 Mayo 2009

Cuando todo parece estar previsto y dominado en los terrenos de las relaciones humanas, justo empieza el descontrol: el deseo deviene animal incontrolable, sobre todo al momento de que empieza a evolucionar: se convierte en una fiera de reacciones imprevistas, para la que no hay clases magisteriales ni experiencia previa que valga. Ahora sí estamos frente a puro amor al arte.
RothEscrita por Nicholas Meyer, responsable del discutido guión de La piel del deseo (Benton, 03), y dirigida por la sensible catalana Isabel Coixet, con todo el riesgo que implica adaptar al gran Philip Roth, La elegida (Elegy, EU, 08) retoma la novela El animal moribundo para darle vida fílmica al veterano maestro David Kepesh (Ben Kingsley), a quien conocimos en El profesor del deseo, ya en una etapa de la vida más de cierres que de aperturas, aparentemente. Pero como el amor suele ser un pozo sin fondo ni avisos previos, incluso este experto en seducción puede caer no tan redondo, pero caer al fin.
El nuevo objeto del deseo, que se convierte en algo más que objeto y que deseo, es una alumna de origen cubano (Penélope Cruz de discreto flequillo escolar a desinhibido pelo suelto) que entra sin problemas y resistencias a un juego cuyas reglas se van modificando sin permiso de los jugadores. Los espejos de la atracción conducen a reflejos diversos: la racionalidad artística, el interés manifiesto en el otro, la animalidad que se extingue y la posibilidad, deseada en el fondo aunque rechazada en los hechos, de volverse a encontrar con esa bestia de aspecto tentador pero siempre exigente: el amor romántico.La elegida
Mientras tanto, el culto sesentón interesado en el hedonismo, mantiene tres relaciones contrastantes: una esporádica y desprejuiciada con una antigua amante (Patricia Clarkson); otra caracterizada por la complicidad con su viejo amigo poeta (Dennis Hopper), y una más con su hijo (Peter Sarsgaard), sustentada en el rencor y en una eterna rivalidad (“hasta tu adulterio tiene más estatura moral”). Y dados los acontecimientos recientes, pareciera que entra también a un proceso de reflexión sobre sí mismo, más allá del manejado dominio de su cátedra seductora.
Aprovechando la posición de autoridad intelectual que da el magisterio, Kepesh ubica desde el primer día de clases a su nueva conquista: habituado al halago y a que sus intenciones se verifiquen pronto en la práctica, empieza a lanzar los dardos a las primeras de cambio. Justo en esa posición de seguridad es cuando los sentimientos hacen de las suyas: el exceso de confianza siempre ha sido un gran aliado de los amores imprevistos, si es que existieran de otro tipo.
Sin llegar a la profundidad y capacidad envolvente de La vida secreta de las palabras (05), la también directora de Mi vida sin mí (03), consigue salir avante del reto planteado gracias a las convincentes interpretaciones, el oportuno armado de los diálogos, el diseño de arte en interiores y el flujo narrativo, que evita decaimientos emocionales. Las notas lánguidas del piano y la presencia de la Maja vestida se entrometen en la incapacidad de comprometerse y por consecuencia, en la imposibilidad de olvidar, aún más allá de la muerte acechante como los fantasmas de Goya, el espíritu de Satie o la correspondencia kafkiana.

HARVEY MILK: ANIMAL POLÍTICO

17 Mayo 2009

Para la mayoría de las personas, llegar a los cuarenta y darse cuenta de que no han hecho nada de lo cual sentirse orgullosas en sus vidas, puede ser más bien deprimente. Pero para algunos otros, los menos, esa toma de conciencia funciona como un impulso dinamizador: asumirse tal cual uno es, encontrar una causa más allá de sí mismo y luchar por ella, aunque en ello se ponga en riesgo la existencia, pareciera un camino al fin liberador.
Harvey Milk 2Dirigida con pulcritud y corrección política por Gus Van Sant, moviéndose entre el cine independiente –Elefante (03), Last Days (05), Paranoid Park (07)- y el mainstream -Mente indomable (97), Descubriendo a Forrester (00)- con soltura inigualable, e interpretada con la convicción acostumbrada por Sean Penn, Harvey Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza (EU, 08) es una cuidada biopic capaz de presentarnos al personaje y sus circunstancias de manera cercana y directa, empleando tanto el flashback como el flashforward (el empleo de la prolepsis anunciando su muerte al inicio y cuando está grabando en solitario) para construir estados de ánimo y permitir la sensibilización acerca de la importancia de este hombre, animal político al fin, en cuanto a la lucha por los derechos humanos, particularmente de los homosexuales.
Algunas líneas de discusión como el papel de la familia como sustento social, la discriminación laboral por la orientación sexual –particularmente en el campo de la docencia- y la débil frontera entre la privacidad y los asuntos públicos (por aquello de la invitación a salir del clóset), se van soltando a manera de trasfondo y como banderas tomadas por Milk, ya en absoluta transformación tras asumirse plenamente como luchador social y homosexual, moviéndose hábilmente en los fangosos terrenos de la política. La clave radicaba, según él, en que los homosexuales se mostraran, levantaran la mano y demostraran poder de convocatoria.
Con envolvente recreación de la época, tanto desde el punto de vista social como de diseño de arte, y resolviendo con acertados recursos visuales y narrativos las diversas secuencias –ralentización, posición y distancia de la cámara, división de pantalla, montaje paralelo- Van Sant reconstruye, quizá en forma un cuanto tanto aséptica, la vida de este hombre que en el San Francisco de los setenta, ya con el sueño hippie moribundo y antes de la aparición del fantasma del SIDA, devolvió parte de la confianza perdida en la democracia, la igualdad y las libertades individuales, más allá de posturas insostenibles por ignorantes, aún con ecos treinta y cinco años después.
Tanto el guión, estructurando situaciones y diálogos que contribuyen a configurar al persHarvey Milkonaje en lo íntimo y en su accionar público, como las interpretaciones de soporte tras acertado casting, refuerzan la premisa base del film. Este retrato de Harvey Milk, hombre que gustaba de la ópera al igual que el personaje de Tom Hanks, se suma a cintas como Filadelfia (Demme, 94) y Secreto en la montaña (Lee, 06), que desde los grandes estudios abordan temáticas homosexuales, no exentas de miradas románticas sublimadas.

REFLEXIÓN SOBRE LA LEALTAD

17 Mayo 2009

El pequeño traidorEl pequeño gran escritor Amos Oz, participante de la guerra de los Seis Días y siempre atento al conflicto de Medio Oriente desde una perspectiva pacifista, planteó en Una pantera en el sótano (FCE, 1995), la predominancia de las relaciones personales sobre las guerras. O cómo una amistad entre aparentes antagónicos puede trastocar la lógica social imperante, en la que se debe odiar por sistema a quien se tiene enfrente.
Enemigos por decreto pero hermanados por afinidad, un niño judío en plena transición puberal (Ido Port) y un culto sargento británico interesado en la cultura judía (Alfred Molina), inician una sólida amistad entre la camaradería y relación paterno-filial, compartiendo inquietudes acerca de la situación en la que se encuentran, la diferencia de los idiomas y, por supuesto, las vicisitudes con las mujeres: la novia en la lejanía y la vecina puntualmente espiada por la ventana.
Ahora, la novela de espíritu juvenil recibe un pertinente traslado a la pantalla, no obstante que busca apretar botones sensibles ausentes en el texto escrito, modificando ciertos pasajes y el desenlace original. Una pantera que acecha y busca lanzarse primero a la caza del enemigo y después al encuentro afectivo una vez superados los prejuicios; una pantera que mira a la distancia tras la ventana para acercarse paulatinamente, escabulléndose de los toques de queda y del duro juicio paterno.
Dirigida por Lynn Roth (Cambio de hábitos, 1997), El pequeño traidor (Israel-EU, 08) es un alegato antibelicista sustentado en la fuerza de la amistad como destructora de prejuicios; el retrato de un crucial y polémico momento histórico -la fundación del Estado de Israel en 1947 con la consecuente explosión del conflicto con los palestinos- no sólo desde la mirada infantil, sino a partir de la percepción de un miembro del bando invasor, cuidadosamente humanizado a contracorriente de las habituales generalizaciones que suelen prevalecer en este tipo de conflictos.
La película es también un sentido retrato del fin de la niñez, evitando manipulaciones tipo El niño con el pijama a rayas (Herman, 08) y más cerca de lo que sucedía en La lengua de las mariposas (Cuerda, 99): desde el crecimiento sexual hasta aprender la dura enseñanza de que incluso una relación tan noble como la amistad, puede verse limitada por factores políticos, raciales y sociales. Padecer el rechazo de los compañeros y la severidad del padre apenas paliada por la comprensión materna.
El pequeño Profi está en su propia guerra: organiza emboscadas con sus amigos y recrea las batallas con sus soldados de juguete. Tiene bien ubicado al enemigo hasta que lo conoce. Sortea regaños paternos, consigue postres en el mercado… hasta que el prejuicio cae sobre él y el rechazo generalizado lo enfrenta con sus propios sentimientos en choque con el contexto bélico.
Todo a partir de un esquema narrativo que deja al fondo sobre la forma: desarrollo de personajes y situaciones que permiten el involucramiento de un espectador en apariencia lejano en tiempo y geografía. Difícil considerar traición a una amistad tan trascendente.