Un trío de mujeres buscando justicia, indagando tiempos pasados y tratando de ponerse en paz con su presente. Filmes que se sumergen en los sótanos de los sistemas de seguridad y justicia: policías secretas, experimentos genéticos, complicidades aterradoras y procesos de deshumanización explotando en los pasillos subterráneos del abuso tolerado. En clave de thriller y en alguna de ellas retomando un caso real, las cintas presentan impecable producción quizá en ligero detrimento del desarrollo de personajes. Veamos.
AL FILO DE LA MENTIRA
Escrita por Matthew Vaughn
(Kick-ass, 10; X-Men: Primera generación, 11) y dirigida con energía por John Madden (Mrs.Brown, 97; Shakespeare enamorado, 98; La prueba, 05; Tiro mortal, 08), con base en el filme israelí Ha-hov (Bernstein, 07), Al filo de la mentira (The Debt, 10) sigue a tres agentes del Mossad en dos tiempos: cuando tenían que capturar a un siniestro médico nazi en los sesenta y treinta años después, en los momentos en que aquellos sucesos regresaron cual resistentes fantasmas dispuestos a pelear contra el olvido o, en su caso, ante la tergiversación de los hechos. Notables resultan las atmósferas construidas al interior del departamento en el Berlín comunista y en los encuentros dentro del consultorio del ahora ginecólogo.
Armada a manera de rompecabezas a partir de una afilada edición, recreación de época funcional y con logradas interpretaciones entre las que destacan las de Helen Mirren, Jessica Chastain y, sobre todo, Jesper Christensen, el thriller de espionaje combina momentos de tensión creciente con ciertos apuntes de profundización en los personajes, no obstante que se advierten ciertos problemas de congruencia en los personajes jóvenes y viejos, no sólo en términos de parecido físico, sino incluso de personalidad: no es que no cambiemos en el tiempo, pero sin duda hay rasgos conductuales presentados en los agentes jóvenes, que uno supondría con carácter más o menos permanente y que nos se identifican con claridad al paso del tiempo.
SECRETOS PELIGROSOS
El primer largometraje de Larysa Kondracki, originaria de Toronto, se basa en el caso de una mujer policía de Nebraska que acepta un trabajo en Bosnia, con miras a poder recuperar la custodia de su hija, como observadora de la ONU para ayudar a mantener la paz en la región de los Balcanes, tras el terrible proceso de limpieza étnica y la consecuente descomposición social que se reflejaba, entre otros problemas, en la trata de personas orientada al comercio sexual, como se veía en Las alas de la vida (Moodysson, 02), La vida secreta de las palabras (Coixet, 05) y Promesas peligrosas (Cronenberg, 07).
Enfocada al curso de los acontecimientos más que a las emociones de los personajes, si bien expresadas no profundizadas, Secretos peligrosos (The Whistleblower, Alemania-Canadá, 10) dirige sus dardos a señalar las complicidades y participaciones directas de alguna multinacional, la policía local e incluso algunos miembros del cuerpo de paz de la ONU, quienes se suponía tendrían que procurar, justamente, lo contrario, en este execrable tipo de abuso.
Rachel
Weisz, cobijada por un sólido reparto, interpreta con gran convicción a Kathryn Bolkovac –como anteriormente lo hizo con Hypatia-, mujer cuya historia es la fuente del guión de este filme que busca, como premisa central, mostrar el vergonzoso papel de los representantes de la ONU, quienes se bifurcaban entre considerar que es más difícil ganar la paz que la guerra y, ante los abusos hacia jóvenes indefensas, concebirlas como rameras de guerra.
HANNA (SIN SUS HERMANAS)
En franco cambio de registro tras Orgullo y prejuicio (05), la estupenda Expiación, deseo y pecado (07) y El solista (09), el londinense Joe Wright acomete una historia que parece combinar a Nikita (Besson, 90) con los cuentos clásicos de hadas con todo y el enfrentamiento entre la princesa y la bruja (Cate Blanchet), con simbólicos ciervos, algún ayudante de la malvada (Tom Hollander) y padre protector en medio (Eric Bana), y por fortuna, sin romántico príncipe salvador: aquí la protagonista de la historia sabe defenderse sola, a pesar de su inocencia y del desconocimiento de la “civilización”. Una joven en pleno momento de emancipación preparada para la dura sobrevivencia, pero con muchos aprendizajes por construir, particularmente los relacionados al autoconocimiento.
Al ritmo de los Chemical Brothers, con vistosas composiciones en los encuadres (en la feria desolada, en el búnker de la CIA, en las montañas nevadas), enfático contraste en los colores y una pertinentemente gélida
interpretación de Saoirse Ronan, Hanna (EU-GB-Alemania, 11) funciona como un thriller más de acción que de suspenso, en el que no hay demasiado tiempo para detenerse en las motivaciones y decisiones de los personajes: se opta por establecer una estructura narrativa de persecución continua, en la que finalmente la joven que da título al film está buscando lo que cualquier otro adolescente: su identidad y su lugar en un mundo que parece escindido, aún con posibilidades para la amistad.















